El miedo es una de las emociones más fuertes que es capaz de sentir el ser humano. En su obra Leviatán, Thomas Hobbes lo define como una aversión, la visión de todo el daño que puede hacer una reacción, porque, de una u otra forma, es la consecuencia la que genera el miedo. El miedo puede ser además una barrera, el reflejo, lo desconocido.

Desde una perspectiva psicoanalítica, el miedo es la visión de un posible peligro; es la conciencia que actúa de la mano del instinto. Y el miedo está presente en buena parte de la literatura que se ha producido. Pero es importante también tomar en cuenta que existe más de un tipo. Varía según el discurso, el espacio, y el narrador.

El miedo sobrenatural es uno referido con normalidad. Comienza a cobrar vigor hacia finales del siglo XVIII, durante el Renacimiento, en Inglaterra. A este género, llamado terror gótico, se le distingue por la utilización de espacios sombríos, las historias ocurren principalmente en páramos, cementerios y castillos acechados por alguna maldición. Es ya durante el Romanticismo que estos temas son explorados a mayor profundidad: autores como Mary Shelley, con su monstruo Frankenstein o Edgar Allan Poe y sus relatos metafísicos, dan vida a esa ansiedad producida por lo desconocido.

Poe consideraba que un relato largo estaba elaborado a partir de varias unidades. De esa cuenta, el plot (o trama) son unidades que, al irse vinculando, permiten la elaboración de una historia. En el ensayo El terror en la literatura: el diseño de la tale de Poe, se refiere: «Por medio del misterio y en ausencia de lo sobrenatural, el escritor transfiere el misterio desde el campo del suceso al de la palabra creadora y crea de este modo la indecisión necesaria en el lector Al final de la construcción del relato, forma y significado emergerán de la unidad y de los motivos de la historia, aunque no por ello la intención del autor sea totalmente apriorística».

El sabueso de los Baskerville es una novela corta publicada entre 1901 y 1902 en la Strand Magazine. La obra es además la reaparición del detective que dio vida al arquetipo de ese investigador íntegro y principalmente ajeno a la institución policial, que poseía grandes habilidades deductivas. Sherlock Holmes, sin embargo, es una pieza casi irrelevante en una obra que ha sido considerada en múltiples ocasiones como la más importante de Sir Arthur Connan Doyle. La historia, trazada por múltiples unidades, corresponde a otro más de los relatos del doctor Watson, a nivel homodiegético de los casos que llegaban a presentarse a la al 212 de la calle Baker.

Sherlock Holmes se convirtió en el punto de partida para la novela de detectives. Planteada originalmente por Poe y su investigador Auguste C. Dupin, se perfeccionó con la habilidad deductiva y la admiración a sus dotes del doctor Watson. No obstante, El sabueso de los Baskerville centra la información del texto no en los detalles de la investigación en proceso y la relación de Watson respecto al caso, sino que consiste en una descripción detallada de los hechos que este último tiene conforme habita el palacio maldito, ese territorio oscuro de una familia, los Baskerville, venida abajo y que es incapaz de reconstruirse por un supuesto fantasma que les acosa.

Así, como testigo principal pero sin acceso a la información que pueda dar resolución al caso brindada por Holmes, Connan Doyle traza un relato en que los ambientes oscuros y la tensión brindada por no verse una resolución o entenderse si se trata de un aspecto sobrenatural o un crimen cometido, dan espacio a que el miedo sea la unidad central construida principalmente a partir de elementos del terror más que del género detectivesco.

El rompimiento de la “tradición” holmesiana

El sabueso de los Baskerville ha sido considerada como la obra maestra de Sir Arthur Connan Doyle. El relato inicia con un diálogo entre Holmes y Watson, el narrador, quienes intentan deducir la profesión y otros detalles de la cotidianidad de un cliente que los esperó durante más de una hora y a su salida, olvidó un bastón. Inicia con indicios de convertirse en otra obra como el resto de las aventuras del famoso detective de la calle Baker. Desde la primera publicación de Estudio en escarlata hasta El problema final, donde Holmes cae desde las cataratas de Reichenbach abrazado a su némesis, el profesor Moriarty, las narraciones, escritas desde los ojos del doctor Watson se centran en la misma admiración que éste tenía de las habilidades de su compañero.

Iván Martín Cerezo, en una publicación de la Universidad Autónoma de Madrid titulada La evolución del detective en el género policíaco hace la siguiente reflexión: «Auguste Dupin, el detective del autor de La carta robada, se acompaña en sus correrías de un personaje cuyo nombre nunca nos será dado. Sherlock Holmes siempre tendrá a su lado al fiel Dr. Watson; Hercules Poirot contará con la presencia del capitán Hastings; Philo Vancecon Van Dine; Nero Wolfe con Archie Goodwin. El arquetipo de detective conlleva la figura de un compañero. La constancia de este acompañante tiene una explicación técnica literaria, largamente estudiada, estrechamente relacionada con la eficacia literaria. Cuatro ojos ven más que dos. Por tanto, y en un principio, la presencia de una pareja amplía la información». En las publicaciones previas de Sherlock Holmes, Watson cumple además con la función de cronista, y es él quien, por medio de las conversaciones que mantiene con Holmes, analiza los escenarios y brinda pistas conforme avanza la historia de cómo se llevará a cabo la resolución de un crimen.

El género de detectives ha sido uno muy específico. Se centra en la resolución de un crimen, en las pistas, en los obstáculos de la trama que surgen para complicar el trabajo de quien investiga. Es éste, el investigador, la figura principal de la historia; es por eso que muchos de los estudios que se han hecho se centran ya sea en la habilidad casi idealizada de ese detective utópico, o en los escenarios violentos y en los que el hard-boiled debe atrapar criminales mientras lucha contra un sistema corrupto, del cual además es parte.

Es el detective la figura, el punto focal de la historia, es quien permite que exista la construcción de una historia. Watson, narrador, describe incluso con cierta ingenua admiración su capacidad deductiva, y es el vínculo que existe para dar a conocer cómo se desarrollan los casos. Como su visión es homodiegética, tiene acceso únicamente a la información que Holmes le brinda, a sus análisis y a la descripción de los espacios o pensamientos del doctor Watson.

Por otro lado, una novela de detectives está construida por medio de fragmentos, de retazos, de indicios sobre la resolución de un crimen. Al menos, así ocurre cuando se escribe desde la imagen del detective utópico. Pero en El sabueso de los Baskerville existe un rompimiento a partir del sexto capítulo. Luego de escuchar la historia del doctor Mortimer y en las siguientes páginas, tras los encuentros con Sir Enrique Baskerville y un breve ejercicio de análisis para determinar las primeras pistas, Holmes relega el caso a su compañero. Parte y es en ese momento cuando la narración se torna completamente desde la visión de Watson, que no es más un compañero sino el actor principal de la historia que cuenta.

Además, se tiene el indicio de un crimen, pero no existe un crimen como tal. A la llegada de Watson al palacio de los Baskerville, la historia toma una trama completamente distinta. El narrador convive con las personas de los alrededores, narra sobre sus días en el palacio, ese lugar que a su llegada se observa como un sitio tétrico, frío, solitario.

Así inicia una narración que no cumple con los detalles característicos de una obra holmesiana, en la que se exalta la habilidad detectivesca y la capacidad deductiva y de encontrar detalles que llevarán a una resolución. En esta narración destaca la ausencia de información, la constante duda, y la falta de pistas, lo que construye una historia.     

El miedo y la ausencia de información

Para Roland Barthes todo lo que ocurre dentro de un relato debe ser funcional. De esta cuenta, considera a los indicios e informantes como elementos que, además de poder mezclarse entre sí, pueden dar forma al esqueleto mismo de la historia. Es la secuencia lógica que la conforma.

Por otro lado, en su obra, Algunos aspectos del cuento, el escritor argentino Julio Cortázar refiere que mientras un relato breve debe ganarse por knock-out, por su parte, una novela garantizará su éxito (que el lector no abandone la obra) por rounds. Es decir, una historia larga puede resultar tediosa, pero es a través del desarrollo de la misma, del ingenio en el lenguaje utilizado por el autor, que logrará mantener vivo el interés: paso a paso.

El sabueso de los Baskerville es un texto que juega con elementos de lo paranormal. El punto de partida, más que la muerte de Sir Charles en uno de los senderos del páramo, es la historia de la leyenda que acecha a su familia, es el perro fantasmagórico que incluso dicen algunos de los habitantes de Dartmoor. Y es entonces cuando la novela toma una forma no precisamente detectivesca, sino más bien de terror; el texto prioriza entonces en detalles como la descripción de los ambientes oscuros, fríos, que dan una sensación. El suspense es un recurso literario y cinematográfico que consiste en utilizar la tensión o el temor para mantener la atención del receptor de la obra. En este caso, la ansiedad generada, logra que el receptor sea quien busque en las secuencias la conclusión de la historia.

Así, como en novelas previas Connan Doyle constantemente brinda información sobre el caso que se investiga, la narración de Watson se centra principalmente en la descripción de algo que es incapaz de comprender: no se investiga un crimen, porque no se tiene certeza siquiera de las causas de la muerte de Sir Charles Baskerville; el objetivo de la secuencia, las unidades que construyen la historia, se centran entonces en descripciones de espacios lúgubres y ausencia de respuestas, así como información, que proporcionan un sentimiento de ansiedad hacia lo que pueda ocurrir al nuevo heredero de la maldición de los Baskerville.

Watson, testigo privilegiado en los casos que investiga Sherlock Holmes, toma un papel protagónico a partir del sexto capítulo. Su asombro, reside entonces en la admiración de los espacios, en la descripción de los habitantes, y en la angustia que le produce el páramo, el palacio, y ese sabueso cuyo lamento escucha por primera vez cuando el naturista Stapleton le muestra cómo los caballos descuidados son atrapados por una ciénaga que representa otro de los peligros del lugar.

«A través del portón penetramos en la avenida, donde las ruedas enmudecieron de nuevo sobre las hojas muertas y donde los árboles centenarios cruzaban sus ramas formando un túnel en sombra sobre nuestras cabezas. Baskerville se estremeció al dirigir la mirada hacia el fondo de la larga y oscura avenida, donde la casa brillaba débilmente como un fantasma”. La primera visión que tiene el doctor Watson de la casa asemeja a relatos como La caída de la casa Usher de Poe, en que el espacio se erige como un lugar tétrico, frío, gris incluso. Y lo mismo ocurre cuando habla sobre el páramo en su primer informe: “Cuanto más tiempo se pasa aquí, más profundamente se mete en el alma el espíritu del páramo, su inmensidad y también su terrible encanto».

El texto avanza. Existe una imagen casi sobrenatural, la del sabueso, ese elemento que añade brinda suspense a la obra: se desconoce si existe, si aparecerá en cualquier momento y, sin embargo, su presencia está constante desde su primera mención. Luego, en el fragmento del diario de Watson, se lee: “Yo mismo me noto un peso en el corazón y el sentimiento de la inminencia de peligro siempre al acecho, precisamente más terrible porque no soy capaz de definirlo”. Y es, en esta afirmación, que pueden comprenderse los recursos principales que dan fuerza y mantienen el interés durante cada capítulo. Existe un sentimiento de desasosiego, de angustia, y éste es conformado únicamente por la ausencia de información. Se sabe sobre la posibilidad de ataques, sobre algo que asemeja a un demonio, pero no se tiene certeza alguna. El miedo recae sobre una persona ante la posibilidad de peligro, pero al no conocerse qué pueda ocasionar el mismo, éste aumenta; allí está la ansiedad.

Por otro lado, el sentimiento que el caso produce al narrador, de miedo y preocupación, es el reflejo de la obra: su intención es que conforme avanzan las secuencias, el esqueleto, se llevará a ese golpe final, por medio del cual se da unidad a los momentos de tensión desarrollados durante todo el texto.

De esta forma, el miedo surge a partir de la descripción del espacio y la ausencia de información. Porque ésta, la leyenda, tiene un momento cúspide cuando el investigador Lestrade de Scotaland Yard, Sherlock Holmes y Watson, se enfrentan por primera vez al sabueso: «Era un sabueso, un sabueso enorme y negro como la noche, distinto a cualquier animal visto por ojos humanos. Su boca abierta despedía fuego, sus ojos brillaban como ascuas rojas y un resplandor vacilante iluminaba el hocico, el pelaje, el lomo y el cuello. Ni en la pesadilla más delirante de un cerebro enfermo podía concebirse una figura más salvaje, más horrenda, más demoníaca que esa forma negra y ese rostro cruel que se lanzó hacia nosotros desde el muro de niebla».

Detalles revelados a medias, la tensión por medio de la descripción de espacios, y la angustia producida por una leyenda que, no es sino hasta el final que permite descubrir si se trata realmente de una novela policíaca o si ésta tendrá un giro paranormal.        

El sabueso de los Baskerville constituye una obra de suma importancia, ya que permite comprender cómo la información o la ausencia de la misma, en detalles importantes respecto a una historia que se desarrolla, generan tensión e interés en el proceso secuencial de la construcción de una novela detectivesca. A su vez, el texto cuenta con elementos paranormales y descripciones de espacios similares a las que se pueden encontrar dentro del Romanticismo y que pueden servir como recurso en el desarrollo de sentimientos como desasosiego o desesperanza para aumentar la ansiedad que construyen el esqueleto de una trama central.  

 

Bibliografía

Barthes, Roland. (1977). Introducción al análisis estructural de los relatos. Buenos Aires: Letrae.

Bührle, C. (2013). Thomas Hobbes: Sobre el miedo. Revista de Filosofía y Teoría política, (35), 25-37. Consultado de  http://www.rfytp.fahce.unlp.edu.ar/article/view/RFyTPn35a06

Connan Doyle, Sir Arthur. (1999). El sabueso de los Baskerville. Madrid. Editorial Óptima.

Llácer Llorca, Eusebio V. El terror en la literatura: el diseño de la tale de Poe. Universidad de Alcalá. Consultado de http://dspace.uah.es/dspace/bitstream/handle/10017/4942/El%20Terror%20en%20Literatura.%20El%20Diseño%20de%20la%20Tale%20de%20Poe.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Escrito por Pep Balcárcel

Escritor. Posee estudios en Lengua y Literatura por la Universidad Francisco Marroquín. Ha publicado los poemarios Obelisco 65 (Letra Negra, 2012), Fragmentos (Chuleta de Cerdo Editorial, 2016) y Olvidé decirte adiós (Sión Editorial, 2017); y los libros de cuento Los ojos de lo insano (Editorial X, 2014) y El asesinato del Cuervo (Magna Terra Editores, 2017). Aparece en las antologías Los 4X4 (Vueltegato Editores, 2012), ¡Meter un gol! (Letra Negra, 2013), Deudas de sangre (Anamá, 2014) y Poesía inmediata: el abismo por madrugadas (Proyecto Editorial Los Zopilotes, 2016).