Tras estas líneas que a simple vista le parecerán interminables y qué seguro juzgará de inoficiosas, yacen aún palpitantes los restos de eso que llaman corazón, el mismo que usted se llevó atado a los zapatos cuando se marchó, el mismo que hoy reclamo.
No las leerá (es cierto) pero, aun así me arriesgo y es que en cada testamento está presente una promesa, a la cual llegará si eventualmente logra superar el tedio y el innumerable protocolo que este contiene, y no diferente a los demás, el presente texto le promete a usted tal descubrimiento.
De seguro hasta este punto se habrá ya cansado o habrá perdido el interés, dejando así a las letras hacer una apología de mi ser ahora (yacerán muertas), aun así me arriesgo, y es que nada es tan sencillo compañero, pues cuando a uno le parece acercarse al fin, de repente se descubre con miles de millas de camino por delante.
Si usted ha llegado hasta este punto, déjeme decirle que a pocas letras y palabras le espera uno de mis bienes más preciados, que hasta hoy he guardado con celo santo y en un acto de total locura decidí dejarle a usted, desde el momento en que la muerte sentimental me llevó a perderle por tercera y definitiva vez (aunque continúe a su lado).
Pero, para hacer efectiva su herencia le pido a cambio algo, solicito con vehemencia se sirva usted revisar las cláusulas en adelante descritas:
Cláusula número uno: devuélvame las palabras hirientes que aún hoy hacen eco en su cabeza; las que le entregue aquel jueves después de haber agotado con usted mis poemas, mis mejores palabras, mis duendes y mis musas.
Cláusula numero dos: devuélvame mi tacto que se adhirió a su palma, desde aquel día que mi mano se acostumbró a cubrir los vacíos entre sus dedos.
Cláusula número tres: retorne a mí la música de los conciertos callejeros.
Cláusula número cuatro: devuélvame las risas y las caminatas sin rumbo.
Cláusula número cinco: devuélvame las noches de confidencia, devuélvame su voz para volver a hablar, (Eco no nos escuchará, lo prometo).
Cláusula número seis: devuélvame su tiempo, le dejaré a cambio mi reloj de arena para que lo recupere cuando lo desee, lo extraño…
Tras haber cumplido con las anteriores cláusulas solo le restará cumplir un último requisito:
La mayoría de los testamentos le demandarán mayoría de edad para hacer efectiva la herencia, pero este… Este solo pide cinco segundos de pasado, este de usted solo pide el retorno, el regreso.
¿Cinco segundos? -estará preguntándose- parece efímero es cierto; pero, con ellos es suficiente para darme vida, disponga usted como guste del tiempo sobrante: guárdelo, mal gástelo o dedíquese con él a buscar tiempo extra para continuar ignorándome.
Cumpla usted cinco segundos y será efectiva su herencia.
Si aún en este punto me sigue, sepa usted que trato de confiarle lo que guardo, pero ante la imposibilidad de mi mano para encontrar y escribir las palabras, divago en pretextos rogando al cielo, no lo cansen y así usted sepa lo que de mí tiene, lo que decidí dejarle, y es que mi promesa última tiene su nombre.
Habrá de perdonarme tanta tautología innecesaria, pero este texto escatológico pretende solo ser sincero ¡sabrá Dios lo difícil que eso es! Y darle así, lo que por ley desde ahora le pertenece.
Le extraño, sabe; necesito una nueva oportunidad para entrar en su vida, necesito acercarme. En este punto noto como he agotado mis posibilidades, y es que tengo un gran problema: me entrego sin remedio y usted quizás no lo note, pero aún no me ha devuelto el alma y pisoteado corazón que solía seguirlo incansable en su camino.
Cumpla usted con las cláusulas, deme cinco segundos de su tiempo y de mí tendrá una amiga abnegada, insistente y persistente.
Llegó la hora… No podré por más tiempo perpetuar su espera, no sé cómo lo tome, usted decidirá si hace efectivo su derecho legal: ¡Usted me gusta! (Lo escribo desde su cuarto con tinta roja). Y es que le quiero y no solo para verle de lejos, sino para ser sus ojos cuando los suyos por cansancio se cierren, le quiero y no sé cuándo, ni cómo empezó, pero sucedió.
¿Qué hará usted con este nuevo encarte? Sé que lo pongo en una encrucijada al decidir descaradamente dejarle mi amor; pero, guardar más no podía lo que por ley natural hace tiempo le pertenecía, sé que como cualquier herencia usted no la buscaba, no se culpe por mi decisión por favor, usted no la propició, pero le cayó en suerte, con ello quizá sea feliz o se sienta el más desdichado, la tome o la deje, reclámela o ignórela, aguárdela o solo deje que algún hijo bastardo aparezca y la cobre por usted.
Aun sin importar su respuesta o decisión, recuerde que mi promesa de estar a su lado se mantendrá vigente, le seguiré incansable como antes, y estaré aguardando por usted, atenta a sus llamados (ahora me será aún más sencillo, no se espante si siente un aliento en su hombro cuando cree estar solo, quizá sea yo). Hasta ahora he guardado está herencia como secreto esperando por el momento y la persona que lo merezca, y usted irrumpió sin proponérselo siquiera, e invadió mi mente, rompió mis esquemas y creó en mí la necesidad de morir con el único objetivo de dejarle mi confesión, ¡es usted un digno merecedor de mi cariño!
Le agradezco por haber llegado hasta este punto, conozco lo poco que le gusta leer testamentos y quizá por eso elegí esta manera de liberarme del secreto, enviándoselo sin tener la certeza de que lo reciba, quizá después de esto todo cambie y tiene que ser así, no se puede recibir tal herencia y aparentar normalidad, me despido recordándole que no espero su respuesta, recuerde que después de todo ya estoy muerta…
Firmado y notariado por quien yace muerta en sus recuerdos, la misma que vehementemente le deja también su corazón (de todas maneras ya no lo necesita). En plena pérdida de las facultades mentales que le conciernen a alguien completamente enamorado, en presencia de testigos civil y legalmente incapaces (un arma de fuego y mi pluma); a los 19 días del mes de junio del 2017, vigente hoy, mañana y con total seguridad: por siempre.

Escrito por Ángela Ruales

San Juan de Pasto, Colombia, 1992. Licenciada en lengua castellana y literatura, estudiante de maestría en Didáctica de la lengua y la literatura españolas, de la Universidad de Nariño, docente y escritora.