Porque vengo de la tierra de lxs impiadosxs, que cuando descosen sus sentidos se estampan como manchon cruento,
porque devengo una de esas que al decir tierra tose polvo,
es que a la creación cosmopolita y a sus hacedorxs  modernxs
lxs desdeño.

Será  porque mi persona se restringe a las querencias como lombrices y porque ellxs divagan en el cielo con su nocturna y farandulesca luminaria cosmética,
que engendro junto al río lágrimas de bostezo
el río con su agua,
yo con el bostezo -pariente del hartazgo hacia las calles colmadas de figuras que las fagocitan –
mientras algo vivo simula no latir bajo el fascismo del cemento.

Las lágrimas de bostezo son  toda  poesía en lagañosos tiempos
donde cada cosa se parece a otra,
los frutos plásticos y artríticos esqueletos.
Las lágrimas de bostezo se apellidan con el sueño advenido de la procesión del recuerdo,
de la descompresión de los miedos ante la canción de las bisagras de ataúd haciendo eco.

Y el río me fecunda también para hacer el llanto,
cuando bajo la manga asomen las fatigas,
será llanto
ante la explotación de amores, la precariedad del trabajo y los tratos
será llanto
el llanto de no poder llevarnos a nadie
el llanto de que a quien nombras no tiene memoria
el llanto que lloraron lxs que dentro de las venas van reptando.

Todo el carnaval agónico ocurre en alguna geografía
no hay verdad de vidrio sino de estiércol, sino de barro, sino de carne , sino de campo, sino villa, sino de hospicio, sino de Wallmapu, sino de océano, sino de borde, sino de
hígado sino de planeta, sino de ombligo…
¡donde anclar los pies y recostar la cabeza , y el peso de la sombra y el disfraz!

No se vive ni se muere en abstracto
ni en neutro
hay un cuerpo reventando al cargar lo que queda de lxs compañerxs que no lograron seguir a la luna ni corroboraron si los cascabeles fueron ciertos.

Porque no sé del respirar sin abruptas detenciones, es que no me complace tanto desfiladero de títeres creyéndose titiriteros,
porque las cuerdas hacen nudos en todo cuello,
porque es mentira la vida de las muñecas y es mentira el amor de los carceleros,
porque quizás no haya alba ni claridad al lado de mi cama,
es que maldigo a lxs gustosxs por el destilamiento,
a lxs poetas de sillón,
y a lxs maestrxs con miedo,
y a los milicos de todos los tiempos,
y a mí por no poseer la gracia de darle al mundo mi bondad,
mi tibieza en los gestos,
por no escurrirse entre mis dedos la savia,
por no ser sirena,
por mi risa anticipándose a alguna verdad
por las convulsiones y las visiones que me dejan exhausta,
en la clandestinidad de lo imposible,
en la negrura de lo vívido y la lucha contra el destierro.

 

Escrito por Nazarena Luz

Artífice en el devenir de la poética de las orillas, esa que blasfema y que crea con la materia prima de lo que sobra. Artesana de subversivos latidos silvestres y de la poética de las malas hierbas.