El corazón de la cebolla es de cebolla

That shape shouldn’t distract you — mi querido
dejame decirlo en tu lengua.

Tu lengua
es una cosa material — como la mía
y podemos sentir en la boca
ir y venir todas la capas
de sonido
moldearse y triturarse y amasarse
adentro de la boca
las capas infinitas del sentido
son el empuje del aire que se sopla
y se tuerce
y resuena en la caverna dulce
de la boca, mi querido. La lengua
es una cosa material.
La boca
apenas la transforma
la rehace.
La forma
es una circunstancia pasajera
de la que somos sin embargo
prisioneros —
la forma
es una especie de engaño burocrático
algo así como una estratagema
judicial. La forma nos marca el movimiento
impone su regla
nos arregla
según los criterios de su intrínseca
medida.
No hay nada por afuera
de la forma que nos salve. No hay dios
no hay superhéroes.

Pero la forma es apenas una mueca
provisoria
se sostiene tan sólo en la medida
en que creamos en ella
la forma es el producto transitorio
de nuestra fe —
Lo que importa a la verdad
es la materia.

Pongamos entonces por caso
ejemplar
a la cebolla — está hecha de cebolla, toda entera
de centro a periferia
— pura cebolla crujiente
ácida y
jugosa. La materia
de centro a periferia se repite
capa por capa
sobre capa… ácida y
llorosa, la materia nunca cambia,
¿quién dice que existe un corazón
en el centro contractual
de la cebolla
sino su forma? ¿quién se atreve a señalar
aparte de ella
la existencia blanca y suave
de una superficie? La forma es una suerte de eterna
dictadora
nos dicta una visión
y el movimiento
de la materia en el mundo
que de ella se desprende.

— Pero esto es tan sólo una mirada

Porque la forma no es más
que un contrato rescindible —
apenas yo descubro
que la cebolla es en sí misma un corazón completo
la hago mía y la transformo
en algo que me guste de verdad —
¿o acaso
viste alguna vez a alguien
devorar con pasión irrefrenable
una cebolla en su forma
original?

Para llegar al placer
real de la cebolla, el corazón completo
debe ser desmenuzado
(cortado, picado, fileteado
separado en aritos,
triturado) y una vez expuesto
a un intenso calor que lo trastorne
estará listo
el corazón completo — nuestra cebolla
para volver al lugar de todos los inicios — la boca
y ser mezclado allí
tan sólo por la magia irrefrenable
de la lengua
— allí
el placer real que adentro
se disuelve y vuelve
transubstancia a la vieja cebolla que no sabe
ahora nunca más reconocerse
y se pierde disuelta
en la boca — allí
último reino y primer recinto oscuro
del Amor.

Extraído del libro Australia, Buenos Aires, septiembre de 2017, editora El ojo del Mármol.
Imagen: Ana Cecilia Adjiman Gache – collage

 

Escrito por cecilia perna

Nací en 1979. Soy profesora y poeta. Publiqué los libros: La boca de Mercurio (Siesta, 2003), Libro Chino (Gog y Magog, 2009), el libro-álbum Vísperas (Zorra/poesía, 2009) y su reedición ampliada, Otra Víspera, (Buenos Aires Poetry, 2016), además de Australia (El ojo del Mármol, 2017). Estudié Letras en la UBA. Para contrarrestar la quietud física que acarrea la escritura hago -un poco de coté- danza, teatro o pintura por aquí y allá.