Gladys González

Gladys González (Santiago de Chile, 1981).

Doctora en Letras y Filosofía con mención en Filología Hispánica por la Universidad de Valladolid, Licenciada en Educación con mención en Castellano y Pedagogía en Castellano por la UMCE, diplomada en Fomento Lector y Literatura Infantil y Juvenil por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha publicado: Bitácora (Libros La Calabaza del Diablo, 2018), Calamina (Libros La Calabaza del Diablo, 2014); Última noche  (Ediciones Liliputienses, 2012 / reedición ampliada), Vidrio molido (Libros La Calabaza del Diablo, 2011); Hospicio (Pez Espiral, 2018 / Ediciones Inubicalistas, 2011); Ninguna palabra, antología (Pajarosló editorial, 2011); Aire quemado (La Propia Cartonera, 2010; Yerbamala Cartonera, 2010 / Libros La Calabaza del Diablo, 2009); Gran Avenida (Ediciones La Calabaza del Diablo, 2005; Yerbamala Cartonera, 2010) y Papelitos (Eloísa Cartonera Ediciones, 2002). Directora de la Feria del libro independiente de Valparaíso y de la Feria internacional del libro de Valparaíso.

Blindado

aprendí

a robar

a mentir

a esperar

el momento adecuado

a observar

los gestos de desencanto

para reconocerse y extraviarse

conseguir

algunas horas de calma

dejar que los extraños

me protejan

como si fuera una pieza de museo

como si fuera

parte del equipaje

sin dinero

sin grandes promesas

solo la imagen

de un escombro

apoyado en otro.

 ****************

vidrio molido

el aire de esta casa

se vuelve repulsivo

soy un trozo de carbón

ovillado y ardiendo

solo logro

perder el equilibrio

y caer hecha cenizas

tiznando esta cama

esperando más dolor

envuelta en analgésicos

y botellas

de agua mineral

solo puedo

levantar la cabeza

para ver esta escalera

angosta y pequeña

en la que todas las tardes

la luz se extingue

oscureciéndolo

aún más

todo

quisiera desaparecer

en lo negro

adherirme a la pared

perder los sentidos

sentir la noche

en sábanas limpias

meter la mano

dentro de mi cabeza

y cubrir

con los ruidos de la calle

los túneles de esta memoria

quiero que el tiempo pase

que la sangre de mi brazo

ya no sea

un hervidero mutilado

quiero abandonar

este colchón

en el suelo

esta habitación

esta miseria

cuando cruce

la puerta de escape

nadie

volverá a comprarme

por un baño caliente

papelinas

y alcohol

nadie

volverá a levantarme la voz

ni tocarme

como si fuera un cadáver

nadie

puede enseñarme

lo que es caminar

sobre vidrio molido

lijando

las aceras

con la palabra

sobrevivencia

lentamente

desapareciendo.

despedida

 

me recuesto en la cama

mirando el techo

estas murallas

llenas de papeles adhesivos

escritos

tachados

abro

y cierro los ojos

encegueciéndome

con la luz de la ampolleta

salgo y entro al pasado

sin deseos de hacerlo

como un efecto

de esta despedida

que no tengo deseos

de perseguir

estiro un brazo

y observo mi mano

su aspecto

no es el que recordaba

una mano huesuda

venosa

los dedos engarfados

las uñas amarillas

tres nudillos rotos

el temblor intermitente

del alcohol

y la abstinencia

no tengo deseos

de jugar en la oscuridad

solo quiero estar aquí

observando

mi mano

las citas y fechas perdidas

que alguna vez

me comprometí a cumplir

y que dejé abandonadas

quiero dormir

hasta el día siguiente

sin despertar con resaca

con los ojos pegados

por la pintura negra

y los labios quemados

ya no quiero

estar en batalla

conmigo misma

tan sólo quiero

no levantarme de la cama

descansar

de estos últimos años.

 ****************

Última noche

Me hablas a mí

De hombres oscuros

Que llegan

a la barra de los bares

Pretendiendo beber

A costa de quienes

Guiñan el ojo

En la presa equivocada

Y terminan arrastrándose

Hacia la puerta

Tarareando cuchilladas

Entre los dientes

me hablas a mí

de hambre

cuando solo el olor

del aceite

de los mercados

saciaba el apetito

y daban ganas de llorar

por el asco

me hablas a mí

del miedo

de la paranoia

del terror

a entrar

en una cabina telefónica

para esperar un automóvil

con las marcas de la muerte

no me hables

de lo que se siente

cuando te rompen el corazón

después de bajar la guardia

y el sudor

te arrastra bajo tierra

a un pozo encementado

no me hables

como si fuéramos niños

dejando migas de pan

en las calles

para encontrar el camino

a la cordura

sólo encontramos

hoteles sucios

y malos negocios

al guardarlas en los bolsillos

déjalas ahí

para que sean alimento

de las cucarachas

que se esconden

entre las fisuras

del concreto

no me hables

mientras bebo

no me interesa

escuchar a alguien

decir lo mismo que yo

-mirémonos

en el espejo de los licores

una conversación silenciosa-

observa a los demás

todos sienten lo mismo

un perro rabioso

les arrancó el amor

de las manos

ninguno

tuvo el valor

para mirar de frente

a la eternidad

ahora

se quejan

como tú lo haces

de que nada tiene sentido

de la desilusión

del desencanto

de las formas en las cuales

se suicidarán

para vengarse

no me hables

de segundas oportunidades

porque son

las que siempre

duelen más

si quieres

improvisamos una canción

para que todos puedan llorar

mientras reímos

sarcásticamente

si quieres

golpeamos las mesas

de esta cantina

o subimos al centro

a buscar balas perdidas

en las esquinas

porque da lo mismo

ya no queda nadie

a quien le importemos

no me hables

de hijos

de llevarme lejos

y protegerme

de mí misma

no me hables

de la civilidad

de los trenes amarillos

de la seguridad social

del frío

que hace explotar

las tuberías

yo soy un mounstruo

y esta selva

de boxeadores viejos

es mi jardín secreto

y mi familia

no me hables

de corazas

de rencores

de odios

yo

sólo tengo

mi reputación

que es la llave

para que las navajas

silben en el silencio

que dejo

tras de mí

no me hables

de amor

de seguirte

a otras ciudades

de conseguirme empleo

y matrimonio

yo solo

voy detrás

de quien me siguió primero

de quien me cuidó

y me dio un lugar

en su pobreza

de quien trinchó

con sus dedos

los trozos de vidrio

de mi destilado

para que siguiera bebiendo

no me hables

por favor

que duele

tanta falsa rudeza

y los amigos van cayendo

uno a uno

enredados con la saliva

esto

es lo que dejaste

para cultivar

esto

que te asusta

demoró años

en volverse

tan severo

tan crudo

tan inclemente

no te acerques

muchacho

que las luces rojas

de este barrio de negros

comienzan

a caerte encima

ya no eres invisible

cuando caminas

junto a la grasa

estas arenas movedizas

solo son

para los que tienen

un cajón desvencijado

lleno de promesas

de la peor clase

para no naufragar

para los que arden

en el reflejo de los cristales

de un hotel

durante una tormenta eléctrica

sin saber nada

el uno del otro.

del libro Hospicio ( 1ª edición 2011/ 2ª reedición 2018)

 

 

Escrito por Gladys Gonzalez

He publicado los libros de poesía: Gran avenida, Aire quemado, Hospicio, Calamina y Bitácora. Organizo la Feria del libro independiente de Valparaíso y la Feria internacional del libro de Valparaíso.

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