Alma en pena

El alma en pena afecta la articulación de los tobillos. Se caracteriza por una hiperlaxitud de los tendones.

El padeciente camina arrastrando los pies, arrastrando su humanidad que está mínima pero pesa el máximo.

El alma en pena consume toda la enegía que encuentra y la que no. Pero no puede usarla; la gira adentro sin poder hacer nada con ella.

Alma enamorada

El alma enamorada tiene miedo. La firmeza del amor, esa magnificencia que la hace poder con el mundo, se sostiene en algo que ella no conoce.

¿Es macizo, resiste vientos? ¿Es finito, se oxida?

Cada tanto el alma enamorada se olvida del artefacto que da la firmeza, entonces se aliviana. Las glándulas se callan. El sistema endócrino susurra, el exócrino hiberna hasta el desamor. No hay estallidos, hay calma que circula.

El alma enamorada presenta una condición única y pasajera, entiende dos universos. El propio y el de la estructura que ama.

Alma imprescindible

La tuya, amor.

Alma intoxicada

El alma intoxicada puede o no ser consiente de su condición.

Si la intoxicación se produce en la infancia, es probable que se cronifique. Las toxinas se depositan en los cartílagos de crecimiento y en algunos rincones. Entonces esa alma no crece, queda enana. Enana por intoxicación, porque hay otras causas de enanismo de alma (se describen más adelante).

Si la intoxicación se produce en la adultez o es aguda, hay más posibilidades de revertirla, aunque no hay antídoto contra todas las toxinas, y nunca se está a salvo de alguna secuela.

Un alma que se intoxicó tiene, siempre en algún lugar, una cicatriz.

Alma que piensa

El alma que piensa es redonda para siempre. La ausencia de aristas facilita el movimiento de las ideas y evita el estancamiento de conceptos, que de suceder, éstos se transformarían en prejuicios de poca monta.

Alma de membrana hidrofóbica y fotofílica por fuera. No deja entrar la lluvia pero recibe y responde a estímulos lumínicos.

No es un alma estable, algunas veces, cuando piensa bien, en la justa medida, es funcional y parece normal.

Cuando se excede en su actividad reflexiva, pierde adaptación; puede que le hagan falta almas que no tiene o le sobren almas que si tiene. El mundo le parece un exceso o no le alcanza ni para completar la primer hora del día.

Es un alma de difícil convivencia.

No se conoce hasta el momento tratamiento farmacológico para curarla.

Alma que elige

El alma que elige está en constante contacto con el miedo.

Sus niveles de serotonina y oxcitocina fluctúan entre la casi ausencia y el exceso. El sistema nervioso se cansa del miedo, quiere apagarse. Pero no es opción.

El mandato de vida de estas almas es elegir; crónicamente. Elegir algo y, por supuesto, resignar todo el resto. Una batalla tras otra.

Nunca se sabe que supone perder una de las batallas, y es la secreción incertidumbre lo que activa la glándula del miedo, la que tiembla.

No hay registro de casos en los que una mala elección fuera letal; pero el saber académico no amedrenta el no saber del alma.

El tratamiento indicado en casos extremos son las caricias (conviene aclarar que este tratamiento es paliativo y no curativo).

Alma completamente feliz

Para que la felicidad sea holística, un alma debe no retener al pasado y no intuir al futuro.

Esta condición existe, y tiene más de una etiopatogenia, la más frecuente es la vascular. Fallas en la circulación hace que el alma no pueda vivir más que en un perpetuo presente. Sólo el ahora le es propio y accesible.

Puede ser feliz porque puede no entender.

No entender la injusticia.

No entender que el más intenso de los amores un día podría ser anécdota de sobremesa.

No entender que la felicidad no es otra cosas que saberla efímera.

Por eso son las almas más envidiadas. Por no saberse.

Alma al sol

Un alma que se expone al sol debe tener ciertas precauciones.

La más relevante es el horario, nunca, o casi nunca deberá hacerlo entre las 11 y las 16 horas porque es el horario en el que la entropía del alma es mayor y la exposición al calor podría ocasionar desórdenes de color.

Un alma enojada no debe exponerse directamente ni a la tibieza ni a la luz del sol. Éstas podrían prolongar o incluso incrementar el enojo.

Alma con miedo

Los sentimientos profundos provocan miedo.

Éste puede expresarse con diversos síntomas; los más frecuentes son gusto triste en la boca, manos sudorosas y pies duros.

Estas almas se cansan de sentir miedo, pero es necesario para salir de la latencia emocional que precede a todo sentimiento de cualquier estructura viva digna de su condición.

No es raro que sentir odio escandalice de sí mismas a las almas. No están dispuestas a padecer al miedo para que el odio sea el resultado

Como profesionales debemos recordarles que los sentimientos no son opcionales.

Escrito por Adriana Stratta

Adriana Stratta nació en Montevideo, en 1985. En 2015 y 2016 produjo y condujo programas de radio y escribió guiones para sus ficciones. Actualmente estudia Ciencias Políticas en la UdelaR. Tallerista en Máquinas de Escribirnos (a cargo de Apegé).