Interpretación del poema America, de Allen Ginsberg (1956) 

América, nos sigues restando y no tenemos opción.
América, no tengo ganas de calcular los pesos.
Ayer, 5 de mayo de 2016. Hoy, y hasta cuándo, 1898.
La peste a colonia me pudre los sesos.

América, ¿otra paja antropocéntrica?
Métete tu nombre por donde más te duela.
No me jodas con tu prédica de salvación.
No terminaré este poema desde 1492.

América, ¿cuándo serás ave soberana?
¿Cuándo te despojarás de las fronteras?
¿Cuándo ajusticiarás a tus muertos?
¿Cuándo soltarás la hipocresía de los ismos?

América, ¿por qué desterraste a los libros?
América, ¿por qué no acabas de cortarte los huevos?
Estoy harta de tus réplicas de moda.
¿Cuándo podré comer poesía?

América, encontremos la perfección en la belleza del errar.
Tus máquinas de odio me asquean.
Me haces querer reventarte a fuego,
tiene que haber otra forma de matarnos.

No puedo ser tuya ni de nadie, no estoy preparada para el suicidio.
¿Me estás manipulando para que me corte las venas? No es gracioso.
Pretendo que nos entendamos.
No te voy a dar el gusto de callarme.
América, dale, sigue empujándome hasta el límite, justo ahí quiero llegar.
América, que se me vean las costuras es lo menos que me importa.

Los periódicos solo sirven para hacer fogatas.
América, las hogueras me llaman bruja.
América, solía ser yo misma, ahora quiero ser nadie.
Fumo yerba para tirarte el humo en la cara, tienes que laxarte un poco.

Mi casa tiene dos portones y cuatro cerraduras.
Pronto tendré que ponerle pestillo a mis pantis.
He decidido que es justo mantener mi cuchilla al alcance.
Yo también puedo ser maliciosa.
Pregúntale a mis cuadernos.

Me cago en dios y en sus discípulos.
Prefiero meterme hongos y visitar la tierra del nunca jamás.
América, todavía no empiezo a contarte mis fantasías de tortura.

Estoy hablando contigo, ¡mírame carajo!
¿Continuarás permitiendo que el orgullo te dicte?
Estás obsesionada con Wall Street y Hollywood.
No comparto tu utopía anestesiada.
Los billboards, las revistas y la tele me intoxican.
Me ultrajan el ocio hasta en los sueños más secos.
Quieren venderme la felicidad parasiempre.
Seriedad burguesa. Seriedad de mercado. Seriedad autómata.
La seriedad es un fuckin’ chiste que no voy a comprar.
Soy yo alucinándote, América.
Estoy hablando con las paredes.

El patriarcado me acosa.
No me interesa adaptarme para adquirir privilegios.
Mejor considero mis recursos corporales:
mis recursos corporales consisten de dos tazas de café puya,
tres pinchazos bajo el sol, fugas multiorgásmicas, dedos que gritan fuck you
y una pandilla de arpías indomables.
Prefiero no nombrar mis nostalgias ni las ausencias que comparto en el insomnio
bajo el frío de cincomilnovecientosnoventaynueve kilómetros lejos de casa.

He abolido la democracia en las urnas, próximamente al FBI y la CIA.
Mi ambición está en crecerme branquias y construir un templo bajo el mar,
a pesar del hecho de ser atea.

América, ¿cómo puedo borrar al ELA de los libros de historia?
Continuaré siendo políticamente incorrecta, mis palabras son tan sádicas
como el cáncer que nos dejó la Marina, las bombas siguen reventando.
América, te pagaré con la misma moneda.
América, liberamos a Oscar López Rivera y nos llevaste a Nina Droz.
América, salva a las tortugas de las bolsas plásticas.
América, queremos a Carlos Romero Barceló ejecutado un 25 de julio.
América, soy Lolita Lebrón y estoy dispuesta a acribillarte.

América, cuando chiquita mi vieja me llevó a reuniones espiritistas,
la vecina solo podía predecir las desgracias,
como cuando se tiraron los federicos
y los muchachos brincaban de techo en techo, volaban las balas.
Hoy la vecina delira las pepas que le receta el psiquiatra,
los muchachos se matan porque sí, siempre al son de un perrero intenso.

América, el oxígeno es guerra.
América, la crisis tiene culpables.
Los culpables de la culpa y los exculpados culpables. Todos invictos.
La culpa nos devora. La culpa está exenta. Quiere culparnos,
quitarnos las casas, quitarnos, quitarnos, quitarnos.
Es la psicología de Trump. Es el American Dream en nuestra burbuja de petróleo.
Es siempre más por menos, siempre menos por nada,
nada para todos y todos para nada.
No es sano. Fo. Me repugna la indiferencia colectiva.
Pero todo está bien, nos queda el chiste y la moral.
Sálvese quien pueda.

América, esto está más claro que la caña.
América, estas son las consecuencias del imperialismo.
América, ¿me estoy inventando este destino?
Más vale que le enseñe a mi hija cómo hacer cócteles molotov.

Es cierto, no quiero militar en el consumismo.
Todavía puedo distinguir entre “quiero” y “necesito”,
aún así me preocupo demasiado y puedo terminar en psicosis permanente.

América, te inventaré prehistórica antes de que sea demasiado tarde.

Escrito por Karla Ferrer Arévalo

Puertorriqueña en fuga. Realenga en formación. Migrante incipiente. Completó una licenciatura en Trabajo Social de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Tras años de quemazón, producto del mandato social autómata-jornal-asalariado, optó por permitirse una nueva y básica experiencia instructiva, ahora en el Instituto de Formación Sexológica Integral de Uruguay (SEXUR), como Educadora Sexual. Poeta por convicción, defensora de la contra-hegemonía, opuesta desde la solidaridad. Su primer poemario, Amalgamas (2015), es una autopublicación despojada y tropical. Próximamente publicará su segundo poemario, Ausencia aleatoriA, con la editorial artesanal Nítido (Montevideo).