Laura tiene dos ojos, dos manos, dos pies, respira varias veces por minuto y varias veces también se pregunta para qué lo hace.

Jennifer tiene dos ojos, dos manos y una pierna, y está contenta porque le compraron una silla con la que puede andar sola.

Mariana tiene dos ojos, dos manos, unas tetas enormes recién estrenadas y un pene que a veces preferiría no tener, pero está pensando que quizás pueda con todo.

Rocío tiene dos ojos, dos manos, dos pies, dos tetas, no tiene pene y trabaja doce horas por día por unos mangos que le alcanzan apenas para pagarse una pensión y comer mal.

María Elena tiene dos ojos que no ven y un corazón que sí siente, y aunque antes subía y bajaba de los colectivos sola ahora tiene miedo –por suerte la sobrina la visita una vez por semana.

Paula tiene dos ojos, dos manos, dos pies y un soplo en el corazón, pero cuando se despierta y se acuerda de que le van a poner un by-pass, se alegra tanto que se siente rara.

Esther tiene dos ojos, dos manos, dos pies y cinco hijos, pero uno se le murió de bebé y ella cree que en el fondo fue su culpa, así que va al cementerio cada quince días a llevarle flores.

Leticia tiene dos ojos, dos manos, dos pies y una nariz recién hecha, y está aterrorizada porque cada vez se le cae más el pelo y cree que ya no va a encontrar a otro hombre que la quiera y le regale flores como hacía el marido que se le murió hace más de quince años.

Felisa tiene dos ojos, dos manos, dos pies y nunca hizo el amor con nadie, cree que el aborto es un problema político, no filosófico, y le parece cruel que no sea legal.

Elena tiene dos ojos, dos manos, dos pies, nunca tiene frío, y cuando mira por la ventana del octavo piso de la clínica de Barrio Norte donde la pusieron hace nueve años ya ni se pregunta qué sería capaz de hacer si un día dejara de tomar las pastillas que le trae la enfermera con el desayuno.

Beatriz tiene dos ojos, una mano, dos pies y se acostumbró a creer que si hubiera tenido las dos manos hubiera podido progresar en la vida en lugar de aburrirse a la sombra de la madre.

María José tiene dos ojos, dos manos, dos pies, una sola teta, un hijo que la odia y volvió a tener esperanzas en la vida cuando se enteró de que el papa era argentino.

Estela tiene dos ojos, dos manos, dos pies, un corazón que late y vive en un penal porque la acusaron de asesinar a su marido a golpes después de que el tipo violó a la hija.

Lorena tiene dos ojos, dos manos, dos pies, una parálisis facial en la mitad de su cara desde hace cinco años y se siente permanentemente afuera de todo.

Graciela tiene dos ojos, dos manos, dos pies, un marido, un amante, está enamorada de su vecina, fuma dos atados de cigarrillos por día y las fotos morbosas que ahora ponen en los atados la alegran porque siempre tuvo la esperanza de morirse de tanto fumar.

Ramona tiene dos ojos, dos manos, un pie bien y uno re hinchado y no sabe cómo va a hacer para ir a limpiar a lo de la señora el lunes y ojalá que los hijos hayan conseguido algo andando por ahí porque ella se la aguanta pero los gurices están creciendo.

Liliana tiene dos ojos, dos manos, dos pies, es cristiana, hizo absolutamente todo bien en la vida y se pregunta por qué su único hijo que es homosexual no puede ser normal como todo el mundo.

Pamela tiene un ojo con el que ve y otro de vidrio, no queda embarazada y la ginecóloga le acaba de explicar que perdió la fertilidad por haber tomado durante diez años las pastillas anticonceptivas que le dieron gratis en la obra social, y que ahora están prohibidas.

Ana tiene dos ojos, dos manos, dos pies, dos tetas y dos piernas que no puede mover, y cada vez que se despierta piensa que el día del accidente podría haberse quedado en su casa en lugar de salir a trabajar a esa oficina de mierda donde la negrearon durante años, y llora mientras se viste.

Aldana tiene dos ojos, dos manos, dos pies y un embrión en el útero porque el puntero la violó en los videojuegos y no se lo puede decir a nadie porque la van a cagar a trompadas y tiene miedo de abortar porque la Juana la quedó ahí.

Blanca sabe que se va a morir dentro de tres o cuatro meses aunque tenga dos ojos, dos manos, dos pies y un corazón que late, pero no se lo quiere decir a nadie y piensa todo el día en eso.

Viviana tiene dos ojos que ven y un corazón que no siente, y dos mellizas con síndrome de down a las que atiende con todo el amor del mundo.

Rosa tiene dos ojos, dos manos, dos pies, un corazón que late, y lamenta absolutamente todo lo que le pasó en la vida y todo lo que hizo y se detesta a sí misma.

Silvia tiene dos ojos, dos manos, dos pies, tres hijos hermosos que son la luz de su vida, un marido que es un hombre con todas las letras, y cree que en la escuela sólo deberían estar los chicos normales, porque los que no son normales pobrecitos atrasan a los que sí pueden aprender.

 

El mundo está lleno de gente horrible.

La vida es frágil.

 

El mundo está lleno de gente hermosa.

La vida es frágil.

 

El mundo está lleno de locura.

La vida es frágil.

 

En el mundo estamos nosotres, que también somos frágiles.

Tengámonos las unas a los otros, tengámonos los unos a las otras. Y las unas a las otras.

 

Esta noche vale como toda una vida y más.

 

Gracias por escuchar.

 

*Del libro NORMALIDAD. Buenos Aires: 2017.

Escrito por Sol Fantin

Sol Fantin (Buenos Aires, 1982). Soy escritora y docente. Publiqué los libros Un meteorito puede acabar con el planeta esta misma noche (2011), Decime que soy linda (2012), Desembarazarse. Composiciones sobre el vacío (2017), ÁNIMAL PRINT. Geografía de la metrópolis (2017) y NORMALIDAD (2018). Participé en Slams de Poesía Oral en Buenos Aires, Madrid y Barcelona. También publiqué artículos sobre literatura en revistas y libros. Trabajé como profesora de Literatura Española Contemporánea en la Universidad de Buenos Aires. Elegí dedicarme laboralmente a la alfabetización inicial; actualmente trabajo como maestra de primer grado de la escuela primaria pública en Buenos Aires.