Hambre

La duda es un antojo peligroso:
si pide mesa y sillas
– no institución, jamás institución –
la respuesta es desamparo:
     come, en silencio,
     el aullido encerrado por cuotas
     sin cuchillos ni cartas de presentación.

Si pide manteles
están los tejidos de la ceguera
hechos a mano con los hilos de la distancia
a la heladera
   la incubadora
   la especie
   al desahucio.

Si te pide aceite y sal
muéstrale el desierto de los vientres,
la grasa oculta de las palabras
que rebotan entre paladar y pantalla.

Si te pide carne, que sea sumisa,
consoladora, caliente;
que esté fresca, tierna
y que nunca
sangre al ser mordida.

—   —   —   —   —   —   —   —   —   —   —

Tu sillón

Te moveré del lugar de la espera
ese donde las memorias te hacen la merienda,
la rabia te lleva a bailes de sangre
y las voces multiplican nuestras raíces.

Abres la puerta antes de que suene:
conoces la temporada de incendios
que vienen y arrasan la vegetación
con promesas que aguantarán hasta la próxima sequía.

Tu sillón para dos ahora es fuego
es el refugio cuando los temblores
-siempre a tiempo-
me llevan y me traen
y te guardas las explicaciones del combustible
(d)escritas con la tinta del futuro mentiroso.

Sé que colgarás, a mi partida, el calendario que (pr)escribiste
y esperarás hasta que el silencio
cambie el lugar de tus muebles de nuevo.

Escrito por Andrea Puente Mancilla

La Paz, 1993. Wannabe escritora.

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