La biblioteca de la ciudad es antigua. Tras la llegada de los primeros franciscanos al nuevo continente y después la de los eruditos jesuitas, se implementó el proyecto de una pequeña biblioteca que guardara todos los conocimientos de Occidente. Incluso hay documentos, que oscilan entre la leyenda y la realidad, en los cuales está asentado que esta biblioteca tenía un estante de los antiguos papiros de la biblioteca de Alejandría; pero tras la expulsión de los jesuitas, estos se llevaron los antiguos papiros. Lamentablemente se perdieron en el mar. Los amantes de las leyendas históricas hablan de un libro que trata acerca del origen del hombre, el cual fue preservado y estudiado con atención por el padre Clavijero en su estadía en Italia, y que al final de su vida destruyó por las verdades que contenía.

A pesar de las vicisitudes de la historia, de las terribles convulsiones que cambian el destino de los hombres, la biblioteca de la ciudad se conservó intacta y se fue ampliando con nuevos acervos. Incluso, después de muchas implementaciones por conservarla, la biblioteca aún mantiene  su estado enigmático, antiguo y misterioso entre sus estantes de cedro viejo. Hay muchas leyendas alrededor de la vida de esta biblioteca. La más conocida y maravillosa dice que entre los estantes existe un papiro de la extinta biblioteca de Alejandría, el cual contiene verdades acerca del universo, planteamientos, tesis cosmológicas y paradigmas totalmente diferentes a los sistemas ptolemaicos y copernicanos. La otra parte de esta leyenda es más interesante. En 1960 existió un maestro, un gran erudito, que impartía clases en la primaria y en las licenciaturas de filosofía, teología y derecho del seminario; este erudito visitaba todos los días la biblioteca de la ciudad, y no salía de allí hasta muy entrada la noche. Y un día, como de la nada, jamás salió de la biblioteca: simplemente desapareció. Otro caso parecido sucedió hace más de treinta años, en el año de 1985, cuando un joven estudiante de matemáticas y filosofía encontró por accidente el papiro antiguo y despareció sin dejar rastro de su existencia. Por estas razones, la biblioteca de la ciudad es mejor conocida como la biblioteca fantástica.

En estos días hay un joven, aproximadamente de treinta años, que visita todos los días la biblioteca, y pasa horas y horas leyendo los libros antiguos. Este joven creció con la leyenda de la biblioteca fantástica desde niño, pues su tío era el joven estudioso que desapareció en 1985. Un día, en sus búsquedas inacabables de historias, descubrió, en los grandes estantes de la biblioteca, un libro que narra la historia de los monasterios en el siglo diez, y en un pie de página había una leyenda o creencia de este tiempo: que los monjes más eruditos, destinados a copiar la biblia y hacer estudios piadosos, eran enviados por Dios debido a sus conocimientos del futuro; eran ángeles que se entregaban al estudio con un ansia de saber y verdad exorbitantes.

Después de esta lectura, el joven caminó largo tiempo por las calles de la ciudad, en medio de una noche fresca y de niebla, y entonces se le ocurrió una idea, una hipótesis, a saber, que esos monjes enviados por Dios tenían relación con las extrañas desapariciones de la biblioteca de la ciudad, y de otras bibliotecas alrededor del mundo.

Así, guiado por una sed de descubrimiento, el joven se entregó totalmente a la lectura de los libros más antiguos de la biblioteca, y progresivamente abandonó su vida. A los pocos meses su estado físico cambió, deteriorando su salud, pero el ansia de lectura y de hallar ese manuscrito antiguo de cosmología que funcionaba como máquina del tiempo, era tan grande que toda su voluntad y fuerza estaba concentrada en descifrar el misterio. Del mismo modo que su tío, y del erudito de 1960, los libros antiguos atraparon su ser, al punto de que soportaba días enteros sin comer ni dormir por atender a los libros. Entonces, un día encontró algo parecido a un papiro, un objeto antiguo y delicado, entre las páginas de un libro grande acerca de botánica editado en el siglo diecisiete. Al abrir las páginas del objeto, realizando un gran esfuerzo mental por comprender el modelo del universo propuesto en el documento antiguo, sintió un fuerte mareo y desfalleció en la mesa.

Al despertar, el joven se sintió desorientado: el lugar en que se hallaba era muy distinto; sí, era una biblioteca, pero era más antigua que la biblioteca de la ciudad, y las únicas luces provenían de tímidas velas dispuestas en los rincones. Al recobrar totalmente la conciencia, observó un grupo de hombres que oraban frente a él. Eran monjes del siglo diez y él era un ángel enviado de Dios…

Escrito por Jonathan Guzmán

Jonathan Alberto Guzmán Díaz nació en la ciudad de Xalapa el 26 de abril de 1988. Actualmente reside en su ciudad natal y estudia la licenciatura en lengua y literatura hispánicas (2015 a la fecha) en la Universidad Veracruzana. Es licenciado en filosofía (2012) y maestro en filosofía (2017) por la Universidad Veracruzana. Ha asistido a cursos y congresos de literatura, también ha participado como ponente en diversos eventos académicos. En el ámbito de la filosofía se ha especializado en el pensamiento de Henri Bergson, y en la creación literaria se especializa en el cuento y la narrativa breve. Es autor del libro de cuentos Relatos de ciudad. Marginación y fantasías (2018) divulgado gratuitamente en una plataforma digital (issuu) y es columnista en una revista digital dirigida por egresados de la facultad de filosofía de la UV.