Tres días justos entre la añoranza y el arrepentimiento.

Tres días con un disfraz de hija de familia,

                              de mujer típica.

Treinta y seis horas con un nudo en la garganta, con amnesia.

Tres días con miedo.

Tres.

 

Día 1

Una mujer hija toma su maleta,

sube al autobús que se dirige a su origen, a la tierra del estigma.

Desciende en su árido pasado, en el recuerdo de la infancia amordazada.

Veintitrés años no bastan para mover las costumbres de su sitio:

una escuela insuficiente,

el camino seco,

la señora de la tienda,

un anciano que pasea a su perro,

la mierda del perro,

el olor remoto a establo mezclado con el olor a mierda de perro,

la unidad habitacional:

sesenta casas unidas por un crédito de por vida,

sesenta familias,

sesenta hombres de familia,

sesenta mesas

sesenta kilos de tortillas para completar el guisado insípido.

Sesenta mesas

La mujer comía en la número 25.

Condominio 10, casa 25

Una mesa

Una mesa rectangular con un mantel tradicional

Una mesa rectangular en la casa de una madre tradicional

Una anciana que se ha doblado para soportar el tiempo.

Mi madre

 

Intermedio: una postal

La mujer madre de pie en la puerta mirando al infinito como si a su alrededor el espacio estuviera vacío. La rodean muros. La mujer añoraba una casa y ahora barre la entrada de sus muros. (nota: no toda casa necesita puerta y no toda puerta custodia un hogar). Adorno uno: una sábila. Adorno dos: una bugambilia. Adorno tres: un pino. Un mandil raído. Un rostro raído. En el casi jardín del casi hogar espera mi madre. El presentimiento del hambre aroma el pasillo. A flama lenta cocinó una sopa, sus delirios: desea que me quede.

Pero yo sé de rapiña: en mi corazón aletea un cuervo.

Comeré y volveré a huir de su seno.

 

 

Día 2

La felicidad es una farsa en la familia de cuatro menos una. (La una, la única, La Hija se fue una mañana. Desenterró sus pies del jardín de la madre y corrió al espejo: ya no era niña y sí una herida impulsiva).

La calma es un mito para la anciana que replicó sus defectos con ADN.

Mi madre se ha vuelto sorda.

 

Día 3

He dormido tres noches en el sillón grande de la sala como naúfrago en un cacho de madera que sobrevivió de las astillas. O como el hombre debajo del puente: sobre un trozo de unicel y un periódico que sirve de sábana. Así duermo yo, en la orilla de la casa paterna, en la angostura del olvido que oculta bien el repudio

porque no me casaré virgen,

porque me quedaré a vestir santos,

porque odio el blanco (me hace ver gorda),

porque no quiero armar regazos,

porque no me endeudaré el resto de mi vida intentando construir un hogar en una casa de interés social.

Día 4

La mujer bastarda toma su maleta y elige la madrugada para escapar.

Escrito por Alejandra Estrada Velazquez

Nació en México , D. F. (ahora CDMX), el 13 de noviembre de 1986: era jueves. Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la FES Acatlán. Ha trabajado como correctora de estilo, profesora de literatura y publicista. En realidad es poeta. Ha participado en diferentes talleres de creación literaria, por ejemplo, con Raúl Renán, María Baranda, Ernesto Lumbreras, Brenda Ríos, Rocío García Rey, etcétera, etcétera, etcétera. Ha publicado en la gaceta bimestral Río Arriba (Gaceta Noviembre – Diciembre 2010 Tema: Muerte) y en revistas electrónicas como Dos Disparos y Contraescritura. Fue becaria de Los signos en Rotación Festival Interfaz Issste, organizado por Mario Bojórquez. Además de escribir, intenta ser actriz: formó parte de la compañía de teatro TUA (Teatro Universitario de Acatlán) en la que participó como actriz y asistente de dirección. Pertenece a la compañía Berrinche teatro y participa en los montajes de Sopa Azteca, Solos, Hombres y algo más… y la Carpa de los muertos. Actualmente, es becaria del programa PECDA - FOCAEM 2017 en la disciplina de poesía.