Un pelo negro se pega a mi garganta; carraspeo, quiero escupirlo, pero sigue ahí, finito y largo, adherido como una sanguijuela. Introduzco mis dedos en un intento de agarrarlo, estoy por conseguirlo cuando escucho la voz de ella que me distrae. La busco y el filo de su espalda se me clava en las entrañas; escucho el eco de sus pasos en la estación vacía, resuenan en la escalera, en el piso de arriba, en mi cabeza…

Me mojo la cara e intento calmarme, pero al levantar la vista me estrello con sus ojeras en el espejo renegrido del baño. Doy un paso atrás, me alejo y tropiezo con sus pies descalzos sobre la alfombra azul. La veo cambiarse el vestido y teñirse el pelo, y me lleno de rabia y la llamo a gritos. Alicia no me escucha o está sorda.  Ya no puedo evitar que una mano le pinte la boca con un labial barato. Entonces, como otras noches, como tantas noches, comienzo a armarla. La armo de retazos, de sus olvidos en mis cajones, de memoria terca y esquiva. La recorto de folletos de supermercado, de fotos viejas; la huelo en el pote de crema Pond´s de pepinos; la lamo en mi transpiración. Alicia comienza a surgir, fragmentada, imperfecta como en mis recuerdos. Es en esas fallas, en mis errores de ensamblado, que comienzo a quererla: los ojos que miran fijos a la cámara, la sonrisa de una perfección monstruosa, el saco de piel que ella jamás usaría. La oscuridad que la envuelve, eso que no logro imaginar —lo que no me animo a imaginar— es lo que me cautiva, me deja prendado y no puedo hacer otra cosa que seguir su rastro. Quedo como un niño perdido, buscando la mano de su madre entre piernas que se mueven demasiado aprisa. La mano que me llevaba, esa sin la cual ya no logro avanzar.

Los dedos no me bastan para desnudar a Alicia. La desnudo con la boca, con mis piernas, con palabras, con mis miedos, la desnudo dormida. Ella no se resiste, pero huye en el instante exacto en que le quito la última prenda. Aunque la desnudara mil veces, ella invariablemente permanecería vestida para mí. Con rabia saco la tijera del cajón y comienzo a cortar el collage que acabo de armar: recorto una pierna, separo el torso del resto del cuerpo, atravieso con las hojas oxidadas su rostro ausente. Sobre la mesa ratona se amontonan sus miembros inertes, confundidos con los cuerpos de otras mujeres que no conozco, que no deseo. Ella ya no es sus piernas, sus brazos, sus pechos; tampoco sus ojos o sus labios. Tomo trozos de papel satinado y me los llevo a la boca, los mastico hasta reducirlos a un resabio de tinta en mi paladar. Luego, vuelvo a construirla una y otra vez, hasta agotarme, hasta el desquicio.

Me siento perdido, estoy a punto de rendirme cuando la veo parada frente a mí; me mira sin curiosidad, como si nunca se hubiera ido. Intento olerla, llenarme de ella, pero solo llego a sentir el olor a  crema Pond´s; ese olor que podría sentir en la piel de cualquier mujer. Trato de engañarme, pero sé que no es ella. Nunca voy a encontrarla; por eso la invoco, la conjuro, reniego de mi búsqueda y quiero inventarla. Su rostro desaparece y me desespero. Cuando logro serenarme, la restauro a partir de la única foto que guardó mi memoria: Alicia sonríe mientras se dispara la cámara. Es solo una fracción de segundo; la explosión blanca me enceguece y ella vuelve a desaparecer. Me aferro a la imagen de su boca, de sus ojos, de su silencio. Regreso infinitas veces a aquella tarde y cambio el paisaje: una playa desierta por una ciudad gris, el Atlántico por el mar Báltico. Voy modificando los detalles hasta golpearme contra las paredes de mi cuarto. El tapiz amarillo se devora las imágenes y me deja solo, vacío, con un pelo de Alicia atorado en la garganta.

Escrito por Lorena Giménez

Lorena Giménez: nació en Estocolmo, en el año 1977. Es licenciada en Lingüística porla Universidad de la Repúblia. Actualmente cursa la Maestría en Lenguaje y Comunicación (UDELAR). Es docente de Español Lengua Extranjera, Comunicaciones, además de editora y traductora. Participó en dos antologías, ed. Irrupciones, y publicó publicó "Otoño un lunes", ed. Estela, (su primer libro de cuentos) en el 2016. Actualmente integra el colectivo editorial Insilio.org, revista literaria.