Surcaba los cielos, agazapada en ese extraño individuo que desafiaba toda lógica, razón o leyes de la física. Un hombre que estaba más allá de toda ley natural y que la subyugaba cual si fuera una convención propia del capricho de seres inferiores.

Esa mañana, monótona y sin sobresaltos —antes de verme suspendida en los aires— estaba caminando tomando café, repasando las últimas noticias de los albores del día.

“Ese hombre otra vez”, me repetía. Clark me había mandado un mensaje diciéndome que ese día no aparecería en la redacción. Yo debía cubrirlo.

Entonces, cuando los auriculares me gritaban el último accidente de avión en el Pacifico, sentí, inopinadamente, que algo me estiró de los hombros hacia arriba. Comencé a flotar. Torné la mirada y era él. Él.

¿La incógnita humana? La esperanza de la humanidad.

Me sonrió con esa sonrisa tan inocente que me recordaba a Clark.

Pero este hombre no era Clark.

Este suprahumano denotaba una seguridad y entereza que no se comparaba para nada con la timidez e inseguridad de mi nuevo colega y amigo. Clark era dulce, introvertido y, por sobre todo, callado.

El suprahumano me abrazó en los aires y me preguntó: “¿Qué tal el trabajo?”

No atiné a responderle algo inmediatamente. El café, caliente, se me había derramado y tenía miedo a las alturas.

Como me miró insistentemente con esos ojos azules, le respondí temblorosa: “Estresante como siempre, sabes el editor…” Ahí me interrumpió poniéndome un dedo en los labios, como pidiéndome silencio.

Entonces, remontamos vuelo perdiéndonos entre las nubes.

Ahí me dijo su verdadero nombre, alejado de ese apodo infantil que le habían prodigado los medios de comunicación.

Él era Kal-El.

No pude grabar ni registrar nada. No había primicia ni nada que decir a la vuelta al diario. No podía vender este encuentro con Superman a ninguna revista.

Sólo puedo decir que él confía en mí.

Que soy su única amiga en este pandemónium de seres frágiles e ingratos.

 

Ilustración realizada por Julio Andrés Peralta (Andrewken) para el libro “Memorias del Planeta Extraño”. 

Escrito por Norma Flores Allende

(San Salvador, 1989). Escritora, redactora, periodista y profesora de lengua inglesa. Ha llevado a cabo actividades de promoción de la cultura en la ciudad en la que actualmente reside, Asunción (Paraguay).