El presente libro de poemas edifica y reconstruye la figura del héroe, como aquel que vive la rutina en la periferia, que enfrenta y sobrevive a la apabullante sombra del “futuro mejor”, hace frente a la marginalidad, y pese a que todo carezca de sentido, el héroe, le pone el pecho a las balas porque no le queda de otra, ante la adversidad debe hacer propio el territorio, adueñarse de la angustia y transformarla en hogar.

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Ciudad Barbara de Rolando Martínez Trabucco, obra publicada por Das Kapital a fines del 2017, erige voces que compartieron la esperanza pero se vieron obligados a reorganizar las reglas del juego con tal de no sucumbir frente a la nostalgia. Ciudad Bárbara puede ser cualquier caserón antiguo, aglomerado de voces y miradas suspicaces. Latinoamérica en sí, es una gran ciudad bárbara a escala con otros continentes.

La voz poética que estructura Rolando en el libro goza de una cálida musicalidad, precisa, como comer una fritanga en pleno invierno. Es un discurso nostálgico, en donde cada personaje revaloriza de manera constante su situación actual manifiesta a través de los textos.

Para situarse en Ciudad Bárbara es necesario conocer el escenario. Si bien los versos transitan atemporalmente por puertas de madera roída, ropa tendida y personajes abandonados en la rutina, el deber ser y la marginalidad, Ciudad Bárbara es la constitución de la anarquía habitacional, donde mucha gente que venía del campo o desde distintas provincias, esperaba hacer una vida mejor, no obstante debieron conformarse con un pequeño metro cuadrado de capital. Aquella capital que prometía y te obligaba a desear, a imaginar una vida distinta para la familia, para aquellos seres queridos que quedaron en el recuerdo de una despedida en un terminal de buses. Sin mayor planificación, caserones, alojaban a muchas familias u obreros, quienes se vieron en la necesidad de organizarse con tal de convivir de la mejor manera posible. Una cocinilla a gas, una cama y un mueble para ordenar la ropa era lo que cabía en el cuarto. El baño se compartía. Todos los niños se conocían entre sí y jugaban hasta tarde, hasta que la primera mamá gritaba para que sus hijos volvieran a casa, porque ella no podía volver a casa, no podía volver a aquel hogar que dejó entre cerros y amplios campos vírgenes. Aquella mamá cambió noches estrelladas por zumbidos, bocinazos, y el ruido de la gran ciudad.

El libro de Martínez se divide en tres partes. Inicia con “Notas sobre el movimiento” en donde de manera documental, nos describe a través de sensaciones y recuerdos, el duelo de quemar un yo pasado y conformar un nuevo individuo que no logra encontrarse en su realidad, que aún añora el sonido de las gallos en la mañana, la bruma natural y el aire limpio entrando por sus tripas. La gente se acomoda al espacio del conventillo y disfruta pequeños placeres, tales como las fritangas, las novelas que dan antes de las noticias, en compensación a la falta de sexo y dinero. El paseo continúa con “Arquitectura del enjambre” que invita a conocer la vida y experiencias de distintos personajes que bailan en la miseria, que apostaron todo a una nueva vida y se despiertan a mitad de la noche sin poder dormir por el sonido de los animales que pululan en el conventillo. La gente intentó trasladar lo que más pudo de su antiguo hogar a la nueva ciudad con la esperanza de hacer la transición un poco más llevadera. Se pasea por sectores como Blanco Encalada 2642, el cité Las Palmas y pensiones de provincias. El oficio, el laburo, es el acto de supervivencia, hacer para saber que uno está vivo, ya sea uno artesa, o bien, planche para vivir, cocine platos únicos o venda fritangas para pagar el colegio de los niños. El último elemento del libro se titula “Pedro Montt s/n” y detalla las relaciones cruzadas entre distintos personajes como un profesor de básica fanático de Britney Spears, un vendedor de isapre, jubilados, un bailarín, un tinterillo y una solterona. Entre ellos la dinámica es grisácea, apagada, cordial mas no plena, se percibe una atmósfera de desconfianza, pese a que existe cierto nivel de complicidad, al compartir la miseria. Los vecinos se muestran amables entre sí, mientras que la voz poética, reflexiona de manera cruda sobre el pesar, el cansancio, la nostalgia y el ahora en la Ciudad Bárbara.

Daniel Olcay Jeneral

Arica, 7 de febrero de 2018

Escrito por Daniel Olcay Jeneral

(Arica-Chile, 1990) Psicólogo. Publicó “Asfalto_” (Cinosargo, 2013; 89plus/LUMA Publications, 2014) y "Yonkion" (Cathartes Ediciones, 2017). Poemas suyos integran las antologías “Tea Party-Antología Trinacional: Chile/Perú/Bolivia” (Cinosargo-La Liga de la Justicia Ediciones,2012), “Predicar en el Desierto: Poetas Jóvenes del Norte Grande de Chile” (2013) de la Fundación Neruda y “Halo: 19 poetas chilenos nacidos en los 90” (J. C. Sáez Editor, 2014).