Prendo veladoras

como un rito

que golpee los oídos

que te sangran

pero no te das cuenta

la espalda chueca

que crees todavía fuerte

a las contracturas

de enterarte

que han matado a tu padre

o a tu amiga de hace años

que tenía dos hijos

y fue encontrada en un baldío.

 

Lloras

pero no mojas tus piernas

porque ya no sabes

cómo se siente un roce en ellas

ni quién está a tu lado.

 

Prendo veladoras

para tener la carne tibia

y sentir que estoy viva

no solo por el noticiero

que destroza mi tripa.

Escrito por Elizabeth Gamiño

Licenciatura en Cultura y Arte | Editorial Montea | Colima, México.