Cada día, en cada pasillo de este edificio, te veía pasar.

Mi mirada recorría cada parte de tu cuerpo que parecía contornearse desmesuradamente cuando estaba frente a mí. Nuestras miradas se entrecruzaban.  La tuya cambiaba de dirección al instante que la mía penetraba fijamente en ti.

Esperaba con tantas ansias la llegada del siguiente día solo para verte pasar. El mundo y yo nos paralizábamos con tu llegada triunfal, con tu apoteósica entrada a través del jardín, observándote de principio a fin.

Tú evadías mi presencia y enrumbabas a cualquier zona menos a donde yo te esperaba con los brazos abiertos, el corazón acelerado, los ojos chispeando de emoción y mis deseos reducidos a ficción.

El paso lento y la  mirada lujuriosa inquietaban mis sentidos, pasmaban a mi mente y la conducían al abismo de mis esperanzas. Mi cuerpo guerreaba contra sí mismo, y se contenía de no ir corriendo tras de ti, robarte un beso que me valga de alimento por el resto de mis días.

No sé si lo mejor fue que te marcharas. Solo sé que  jamás pudiste con las habladurías ajenas, y eso precipitó tu partida. Pero si nunca fue un hecho nuestra relación, no entiendo tu huida presurosa. Me dejaste apenas con el sabor en los labios, y el cuerpo ardiendo de apetito insatisfecho.

Aún te sigo buscando en cada rincón de este edificio, que con tu partida empezó a caerse a pedazos al igual que mi vida.

 

Escrito por Marilia Navarro

Ica, 1990. Se ha desempeñado como enfermera en la Estrategia Sanitaria Nacional de Prevención y Control de ITS-VIH/SIDA. Ganadora del II Premio de Nanorrelato del Taller de escritores de Barcelona. Presentó su primer libro de poesía Tergiverso (Catavento, 2017) en la Feria Internacional del Libro de Lima 2017. Aparece en la Antología de Poesía Iqueña Poetas en la Arena (Biblioteca Abraham Valdelomar, 2017). Actualmente, es articulista en la web closetlgbt.com y produce el programa radial 'La chica del clóset'.