Como una célula inmune a la enfermedad, algunos autores sortean las vicisitudes de la historia al mismo tiempo que engullen de ella hasta el último sorbo y finalmente mueren porque muere la carne y la carne ha de morir. Sin embargo, hay algo que permanece inalterable, que guarnece la literatura de un pueblo y lo hace regodearse hasta el hastío. Así, Hungría, con apenas 9 millones de habitantes, 93 mil kilómetros cuadrados que conforman una llanura sin salida al mar, y un idioma capaz de trastornar a un simple aficionado a la lingüística, puede con todo derecho, adjudicarse el título de “Patria de Attila József”. El poeta proletario, el padre de la poesía húngara, esa figura de culto al cual siempre se vuelve. Attila se erige allí, en ese pequeño territorio equivalente al de una provincia argentina, como el más grande poeta de su país y sus versos son el más fiel testimonio de ello. –

hungary

Hijo de una lavandera húngara, llamada Borbála Pőcze y de un obrero de jabonería rumano de nombre Aron Iosif, Attila llegó a este mundo en la primavera de 1905, en Ferencváros –uno de los barrios más postergados de Budapest, nombrado así en honor a Francisco I de Austria‒. Cuando Attila tenía tres años, su padre, abandonó a su esposa y sus hijos, todos pequeños, para probar suerte en su Rumania natal. Su familia no volvió a tener noticias de él de modo que Borbála tuvo que ponerse la familia al hombro y trabajar duro para afrontar los gastos domésticos. La madre de Attila ejerció, entonces, distintos trabajos, principalmente en casas de la alta sociedad de la capital húngara. Attila le compondría muchos de sus versos, que dan cuenta de tal situación:

Már egy hete csak a mamára
gondolok mindíg, meg-megállva.
Nyikorgó kosárral ölében,
ment a padlásra, ment serényen.

Desde hace una semana, en mi mamá
sólo pienso, abstraído; en mi mamá.
Con la chirriante cesta a la cintura,
iba siempre al desván en su premura

 

Los esfuerzos de Borbála por sacar adelante la economía familiar no bastaron y tanto Attila como sus hermanas no tuvieron alternativa más que pasar al cuidado de una familia sustituta asignada por la asistencia pública.  Los niños fueron enviados a Öcsöd, pueblo de las llanuras de Hungría quedando bajo la tutela de campesinos. Allí, Attila padeció penurias tan extremas como las que le ofrecía la ciudad y tras una temporada criando cerdos, escapó para retornar a Budapest. Borbála envió a su hijo a estudiar, pero poco disfrutaría de su muchacho; un cáncer fulminante la devoraría en la Navidad del 19– Attila tenía 14 años y ya escribía poemas–.Desde muy temprana edad, dio muestras de inusitada inteligencia y pese a los infortunios de su infancia y pubertad: la pobreza de su hogar y la enfermedad terminal de su madre, la derrota de las tropas magiares en la Primera Guerra Mundial, fue un estudiante destacado. A szépség koldusa (Mendigo de la belleza), su opera prima, apareció en 1922, mientras cursaba en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Szeged. El que quizá es considerado uno de sus mejores poemas Tiszta Szívvel (Con el corazón puro) le costó la expulsión de esa casa de estudios.

ATTILA
Attila en sus mejores años

Con la edición de su segundo poemario Nem én kiáltok (No soy yo quien grita) en 1924, parte hacia París, donde comenzará a empaparse de las ideas de Freud, Marx y Lenin. Durante su estancia en La Sorbona, participa de movilizaciones estudiantiles y obreras, de corte comunista. Según Miklós Szabolcsi, la poesía de József está influenciada por las vanguardias europeas de la época (surrealismo, expresionismo) y por la balada folklorista húngara. En sus versos se condensa la crueldad, el despojo, la orfandad con los temas políticos y amorosos. Los versos de Attila fluyen, pero no como el caudal de un río manso. Más bien, es una fuerza arrolladora la que moviliza cada una de las líneas que constituyen los poemas del escritor húngaro. Una fuerza lúcida, un doblefilo, un ser-en-el-mundo que se le tornará insoportable. Esa singular afectación de Attila por la poesía y el socialismo, a los que jamás traicionará, pese a sus diferencias con algunas vertientes del PC y a su posterior salida del mismo, se expone sintetizada en Döntsd a tőkét, ne siránkozz (Derriba al capital, no te quejes). Con Külvárosi éj (Noche en el arrabal) se abre la etapa de madurez del autor, a las que seguirán las obras, Medvetánc (La danza del oso) y Nagyon fáj (Duele mucho). Mientras continúa escribiendo, ya de regreso en la tierra que lo vio nacer, Attila discurrirá entre las penurias de la vida adulta, los desencuentros amorosos, la soledad, la mala alimentación, lo que probablemente acabó mermando su salud física y mental. Su último amor, y musa fue Flóra Kozmutza, una analista pedagógica infantil a la que había conocido en el invierno de 1937.  Posiblemente haya buscado un refugio en aquella mujer de la que se enamoró perdidamente a primera vista, y a quien dedicó un idilio tan idealizado y profuso como su obra. El amor con Kozmutza no llegó a consumarse, el estallido de la Segunda Guerra Mundial se percibía en el aire de una Hungría acorralada por los cambios geopolíticos.
Attila József, el mayor representante del verso en lengua magiar, quien le había sido infiel a la muerte con la muerte, finalmente escribió su epitafio bajo los rieles de una máquina del tren en la pequeña ciudad húngara de Balatonszárszó, famosa por contener el lago más grande de Centroeuropa. Era diciembre de 1937. El poeta tenía tan sólo 32 años.

Tiszta szívvel 

Nincsen apám, se anyám,
se istenem, se hazám,
se bölcsőm, se szemfedőm,
se csókom, se szeretőm.

Harmadnapja nem eszek,
se sokat, se keveset.
Húsz esztendőm hatalom,
húsz esztendőm eladom.

Hogyha nem kell senkinek,
hát az ördög veszi meg.
Tiszta szívvel betörök,
ha kell, embert is ölök.

Elfognak és felkötnek,
áldott földdel elfödnek
s halált hozó fű terem
gyönyörűszép szívemen.

Con el corazón puro

No tengo ni padre ni madre,
no tengo ni patria ni Dios,
no tengo ni cuna ni sudario,
no tengo ni sombra de amor.

Hace tres días que no como
siquiera un grano de frijol.
El poder de mis veinte años
se lo vendo al mejor postor.

Y si nadie quiere comprármelo
al diablo se lo venderé.
Robaré, puro el corazón,
y, si es preciso, mataré.

Seré atrapado y luego ahorcado.
La santa tierra me tendrá
y a mi precioso corazón
yerba fatal le crecerá.

 

 

[1](San Luis, Argentina, 1992 – Escritora. Estudiante de Lenguas alemana y húngara)

[2] (Zacatecas, México, 1930- La Habana, Cuba, 1988 – poeta, pintor, periodista y traductor. Tradujo la obra de Attila József al español. 

Escrito por Florencia Meineri

Mi mini portfolio: (Villa Mercedes, Provincia de San Luis, República Argentina, 1992) Es miembro activo de la Revista de literatura iberoamericana y cultura Liberoamerica, Barcelona, España. Integra con su relato “Este no es un cuento de Navidad” la Antología Hincohe 2017, Editorial Hincohe, Buenos Aires. Participa activamente en la Feria Nacional del Libro de Villa Mercedes (ediciones 2015, 2016, 2017) Ha colaborado para las Revistas Tiempos Modernos (Villa Mercedes) El otro diario (Villa Mercedes) y El poeta obrero (Villa Mercedes) Fue mención de Honor en Concurso de Poesía Ver Mar ediciones, Buenos Aires. 2012 Fue mención Especial en Concurso de Relatos El reducto blog, Córdoba. 2011 Actualmente se encuentra escribiendo una antología de relatos y otra de poemas. Un hobby literario: traducir poemas del alemán.