El chico triste.

Todos los días, más o menos a la misma hora,
espera su tristeza de la mano de un fármaco barato,
apenas terminaba su niñez cuando su siguiente paso lo llevo a entrar a un prostíbulo

lo miro;
y cruza la calle, pálido como siempre,
con sus ojos hundidos en los senos de alguna mujer y sus ojeras pegadas a su cráneo,
con el olor de quién estuvo semanas masturbándose en su cama,
tanto sexo, tantas mujeres y lo pienso virgen
es tan flaco que me deja ver sus huesos,
pero nunca sus venas,
oculta sus escasos pedazos de carne,
como quién teme a descubrirse débil.
El chico triste tiene más años que yo,
pero fue sensible por más tiempo,
frágil, y sincero.

El chico triste y yo nos miramos po apenas unos segundos y nos decimos todo,
creo que es mi doble,
la nostalgía y lo nuestro nació con apenas segundos de diferencia,
Ninguno de los dos vió mejor esperanza,
que hacer desaparecer nuestros cuerpos de la tierra,

con un simultáneo orgasmo.

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