El sepulturero era un hombre triste, un día decide cuidar al hijo de sus compadres, un chamaco flaquito que tenía unos padres alcohólicos que pasaban sus días en la cantina embriagándose hasta perder el conocimiento.

En esa noche, traía al niño en brazos, durante al trayecto a su casa, al cruzar la calle se topa con una mujer de la vida galante, esas que trabajan en las esquinas vendiendo su alma para sobrevivir.

El sepulturero empieza a platicar con la muchacha de nombre Flaviana, al calor de la charla, él confiesa que ya le había «echado el ojo», (palabras coloquiales que solemos decir los mexicanos para expresar que tenemos un determinado tiempo observando a una mujer que nos interesa), obvio que ella quedo desconcertada con las bellas palabras del enterrador, también le pareció extraño que un hombre con un bebé en brazos le solicite sus servicios y a la vez declarándole su amor.

Ella mantiene su postura distante, pero él para convencerla de todo, le ofreció un pago bien remunerado para no negarse a nada, esa fue finalmente la forma en que accede, luego salen a caminar y platican sobre diferentes cosas, ella le preguntaba qué si el bebé era su hijo, él le respondía que no, que el niño era hijo de sus compadres, le platica la historia de los borrachos padres del niño.

El sepulturero hablaba mucho de la desgraciada vida que llevaba enterrando gente, también se la pasa criticando la indiferencia y deshumanización de las personas, que su trabajo era poco saludable, pero le permitía ganarse el pan de cada día.

Fue una madrugada romántica para él, para ella una noche mala de trabajo, el sepulturero no quitaba el dedo del renglón, parecía que traía un baúl de confesiones, alegóricamente fue como una historia de Shakespeare, da a entender que Romeo quisiera atrapar a Julieta y ella pusiera obstáculos, el drama tiene un estilo propio de los pueblos mexicanos, esos que están abandonados en algún lugar, ahí como Rulfo lo describe se siguen conservando esa chispa antigua de amor.

Él confiesa con las palabras más bellas lo siguiente: «Me haré a la idea de que te soñé —dijo—. Porque la verdad es que te conozco de vista desde hace mucho tiempo, pero me gustas más cuando te sueño… Entonces hago de ti lo que quiero».

Un pedazo de noche, de Juan Rulfo. Es más que una historia de un sepulturero y una prostituta, es una conversación dramática (él hablaba mucho y ella parecía no prestar atención), al pasar las horas y aquel momento, era casi el amanecer, ambos estaban agotados, él le dice cuanto le debe de dinero (ya no importa si tenían intimidad), ella no le hizo caso, se dirigió al primer hotel que encontrara, su idea era conciliar el sueño y perderse de aquel extraño hombre.

Él se quedo con ganas de seguir platicando, finalmente la historia se cierra de forma dramática, ambos hicieron un trato para matrimoniarse (es obvio que ese momento romántico no está en el texto, pero Rulfo hace que el lector lo imagine), dicho acuerdo da pie a infinidades de pensamientos, lo cierto es que ella era «una mujer desbaratada por el desgaste de los hombres», la vida de algunas prostitutas contiene dramas novelescos, dignos de ser contados.

El autor de Pedro Páramo sabe tejer y conectar los melodramas de un cuento original, al igual que Shakespeare, sus personajes confluyen en el universo erudito que un gran narrador sabe captar y dar vida. Rulfo da cátedra para contar historias que suceden en la cotidianidad y pocos escritores saben relatar con tal pasión.

El universo de las sociedades es álgido y desconcertante, cada día los periódicos tienen en sus portadas historias de asesinatos y trasformaciones tecnológicas, peleas entre políticos, esas cosas son el pan de cada día, pero aún hay relatos de héroes y de cosas que permiten a la humanidad tener una esperanza de un mejor mundo.

Para terminar, se puede suponer que Juan Rulfo visitaba los cementerios, podría ser una hipótesis absurda, lo cierto es que sus temáticas y los planos históricos de sus relatos contienen ese fuego de un verdadero escritor.

Escrito por Javier José Rodríguez Vallejo

JAVIER JOSÉ RODRÍGUEZ VALLEJO (MONCLOVA, MÉX. 1982) Profesor de historia egresado por la escuela normal superior del estado de Coahuila, es miembro del colegio coahuilense de investigaciones históricas, ha dictado conferencias sobre Francisco I. Madero y la Revolución mexicana, Cien años de la Metamorfosis de Kafka, Leopardi pájaro de Recanati, El diario poético de Jakob Von Gunten, Las ciudades poéticas de Italo Calvino, Tolstói el príncipe de los cuentos rusos, Whitman legado de fortaleza, Un siglo y nueve cantos de Juan Rulfo. Es autor del libro La Persecución contra Madero en Coahuila. Actualmente trabaja como profesor de historia universal, dicta conferencias, escribe reseñas de libros y artículos literarios en el periódico El Diario de Coahuila.