Arqueologías textuales para abordar la dicotomía entre las representaciones mágicas y el discurso científico en “Yerbas y alfileres” de Juana Manuela Gorriti.

 

Introducción

“El sentido que podemos forjar no es el sentido eterno;

el nombre con el que podemos nombrar no es el nombre eterno.”

Lao-Tse

 

En este trabajo la propuesta es analizar narratológicamente el cuento Yerbas y alfileres de Juana Manuela Gorriti. Para esto nos valdremos de las herramientas de la lingüística, de la antropología y de la filosofía del pensamiento científico.

El interés está en comprobar a través de qué estrategias textuales se pone de manifiesto la tensión entre dos paradigmas: el de la ciencia, y el de la magia. A la vez que se buscará dar cuenta de cómo dialogan, a través de los personajes del relato, estas maneras de pensar y de ser en el mundo.

 

Mímesis I: ¿se puede trazar la línea que separa a la magia de la ciencia?

“La costumbre nos teje una telaraña en las pupilas.

Poco a poco nos aprisiona la sintaxis, el diccionario,

 y aunque los mosquitos vuelen tocando la corneta,

carecemos del coraje de llamarlos arcángeles.”

 Oliverio Girondo, “Espantapájaros”

 

El cuento Yerbas y alfileres coloca en el centro de su narrativa las relaciones que se establecen entre un proceso validado como científico y, el de las representaciones mágicas y el legado de saberes populares. Publicada por primera vez en 1876, esta obra es fruto de una época convulsa, que coloca a su autora en el ápice de las corrientes de fin de siglo: vinculación entre culturas, crisis de conciencia religiosa, cientificismo, explicación fantástica del universo, esoterismo, exaltación y locura por lo misterioso, por los simbolismos. Pone de manifiesto no sólo la puja por los métodos válidos para alcanzar la gnosis, sino también la polémica del siglo XIX por la disquisición entre ciencia y ciencias ocultas, entre materialismo y espiritualismo, positivismo y trascendentalismo, sobre un terreno acaso aún más simbólico, el del lenguaje.

La ciencia, así como el arte, la religión y la magia, también es un sistema de creencias. Lo específico de la ciencia (oficialmente denominada así cuando Gorriti tenía veintidós años aproximadamente[1]) es responder a los porqués a través del cómo (Piscitelli, 1997, p. 11) proceso que requiere, al igual que sucede en la creación literaria de una máquina narrativa, de una operación de ficcionalización para imaginar sus hipótesis. Estas construcciones sociales deben ser validadas por un método (invención humana dependiente, en gran parte, de la creatividad) que se establece como un corpus de reglas consensuadas desde la compleja relación entre lo político, lo social y lo económico y, por medio de las cuales se “garantizará” la objetividad de dicho método. Lo que le da prestigio a este saber es el principio de la reproductibilidad, es decir, que todo científico en cualquier país pueda repetir esa experiencia y llegar a exactos resultados.

En un primer nivel, este análisis apunta a reconstruir la historia narrada. “La categoría de la historia comprende el nivel de las acciones, llamadas funciones por Barthes –que se organizan en núcleos y catálisis- y el de los personajes –que, además de ser sujetos de las acciones, son conformados por el nivel indicial” (Pampillo, 2004, p. 111). ¿Qué historias se narran en Yerbas y alfileres? Si se sigue el procedimiento de reconocer sus unidades fundamentales, los “núcleos o funciones cardinales” según Barthes, puede abstraerse del relato/discurso la historia narrada, que  podría enunciarse así: un doctor y su amiga discuten acerca de la curación por métodos científicos o bien por métodos basados en prácticas pseudocientíficas.

El Dr. Passaman, uno de las voces narrativas del relato, cuenta que, estando él en la ciudad de La Paz, magnetizó a una chica llamada Laura que había acudido a su consulta para pedirle consejo por la incurable enfermedad de su novio Santiago. En la hipnosis, Laura retrocede en el tiempo y convulsiona ante la aparición imaginaria de una amiga: Lorenza. La sesión termina y el médico va a la casa de Santiago para asistirlo. Allí se encuentra con Lorenza; el doctor descubre entonces que ella también está enamorada del novio de Laura. Sin saber cómo, Santiago había caído preso de una parálisis que lo mantenía agonizante. Ningún remedio del médico sirve de mejoría, así que este comenta el caso a Boso, un prestigioso botánico, quien le recomienda unas “yerbas” eficaces. Un día, al ajustar la almohada del enfermo, el doctor encuentra un muñeco vudú con el cuerpo clavado de alfileres y parecido a Santiago. Passaman lleva el muñeco a su casa y lo guarda sin darle importancia; pero allí lo encuentra su esposa que, temerosa de una influencia demoníaca, arranca todos los alfileres hasta despojarlo del supuesto maleficio. Paralelamente, cuando el médico va aplicando las hierbas a Santiago, su enfermedad remite hasta sanar por completo. Hacia el final, el dilema queda sostenido en el aire: “yo creo en los alfileres de Lorenza”, dice la amiga que lo escuchaba, “yo creo en la yerba del doctor Boso”, persevera el médico.

Si avanzamos en nuestro análisis vemos que en el nivel de la historia, estos núcleos, los nudos del relato adoptan un orden cronológico, pero no es únicamente la relación temporal la que los enlaza. Entre la situación de comunicación de los narradores y el acto de enunciación de la anécdota, no solo hay un transcurso temporal indefinido (oculto): hay una ruptura de la temporalidad para diferenciar ambas posturas frente a un fenómeno antinatural (pro-ciencia versus esoterismo) que se presentan también como causales de la historia.

El recurso de la analepsis es lo que Gérard Genette define como “evocación fuera de tiempo de un acontecimiento anterior al punto en que se encuentra la historia” (Pampillo 2004, p. 114). En efecto, este recurso instaura un pasado en el que una narradora hace referencia a otro pasado, más lejano, donde ella solía conversar con su amigo médico, el cual le contó una historia.

 

Mímesis II: de una oralidad performativa

“Lo sobrenatural nace a menudo del hecho de que

el sentido figurado es tomado literalmente”

 Tzvetan Todorov, “Introducción a la literatura fantástica”

 

Las marcas enunciativas del cuento se apoyan sobre el recurso de la oralidad: un actante se comunica con otro continuando una cadena de transmisión de saberes populares y del sentido común. Entonces, ¿podrá ser este el punto de inflexión donde se bifurcan ciencia y magia? La tensión entre ambos campos queda registrada también en el nivel discursivo, lo que se enuncia es justamente lo enigmático, lo que no se sabrá porque no existen pruebas que verifiquen o refuten esa experiencia misteriosa. Lo expresado oralmente en el texto son supersticiones, creencias, observaciones, dudas e interrogantes como puertas que se abren para dejarse entreabiertas.

Donde la ciencia observa, contrasta y certifica, el ocultismo precisa de una fe. Para referirnos entonces a las pseudociencias aceptaremos la definición de Grimm, quien considera la magia como «una especie de religión creada para las necesidades inferiores de la vida doméstica» (Mauss, 1971, p. 54). Justamente Yerbas y alfileres comienza con el cuestionamiento que dará re-significación a la retórica misma del cuento “–Doctor ¿cree usted en maleficios?” Según Mauss, y casi como correspondiendo a la opinión del Dr. Passaman frente a tamaña pregunta, se puede afirmar que “hay maleficios que lo son únicamente en relación con quienes los temen” (Mauss, 1971, p. 53). De este modo podemos consensuar que en este primer enunciado se interpela inmediatamente la subjetividad del lector para poner a prueba, durante todo el cuento, un sistema de creencias personales.

Yerbas y alfileres juega por duplicado con la propia situación enunciativa. El acto de narrar se explicita, con la particularidad de que la situación narrativa representada incluye otra situación narrativa, de modo que se multiplican narrador y narrataria. Planteado como relato “enmarcado” (un relato incluye a otro), una primera narradora habilita la enunciación a un segundo narrador, el Dr. Passaman:

“Doctor ¿cree usted en maleficios? -dije un día a mi antiguo amigo el esclarecido profesor Passaman. Gustábame preguntarle, porque de sus respuestas surgía siempre una enseñanza, o un relato interesante.”

A través de este acto, nuestra primera narradora se convierte en narrataria de la historia:

“¡Oh! ¡no, querido doctor, refiera usted, por Dios, esa historia! ¿Quién sabe? ¡Tal vez me convierta!

-No lo creo -dijo él, y continuó.”

Este pasaje de Gorriti funciona como territorio escénico donde también se da cuenta de una caracterización de la medicina, que vemos reforzada en estas palabras de Mauss: “No sólo el acto médico ha estado, casi hasta nuestros días, rodeado de prescripciones religiosas y mágicas, de oraciones, sortilegios y precauciones astrológicas, sino que todavía la droga, las dietas del médico, las pasadas de los cirujanos son un conjunto de simbolismos, simpatías, homeopatías y antipatías que, en realidad, se conciben como mágicas” (Mauss, 1971, p. 51).

¿Cómo dialogan estos mundos tangencialmente enfrentados? Lejos de la oralidad y cerca de la cultura letrada, de lo racional y de lo normativo, lo científico está relacionado al acceso restricto de una minoría (hombres de ciencia en la época de Gorriti). Por un lado, la ciencia comunica sus experiencias por escrito, a través de la producción de papers; mientras que por otro, la magia y el ocultismo se ven relacionados con una forma de pensamiento primitiva, pulsional, femenina y a una praxis casi irrefrenable de lo emocional, ligada íntimamente al poder performativo de la palabra hablada.

Según Barthes, los indicios y los informantes de la narración son unidades semánticas. Los informantes son datos puros, que generalmente nos sitúan en tiempo y espacio, o aportan conocimiento concreto sobre un personaje. Por ejemplo, sabemos que la acción comienza en Bolivia, en la ciudad de La Paz, y es a través de la caracterización del médico que podemos conjeturar el tiempo del relato mesmérico[2]. Mientras que los indicios, pertenecen al orden de lo metafórico y es preciso descifrarlos, generalmente remiten a un clima, a un sentimiento (Pampillo 2004, p. 37).

En este cuento los indicios e informantes son de una precisión quirúrgica: el género femenino se presenta siempre relacionado a la oyente, la paciente, la temerosa, la afectada, la sensible, la misteriosa, la pasional, la supersticiosa, la enamorada, la bruja, la magnetizada, la fantasiosa, la hermosa, la esotérica. Por el contrario, lo masculino se caracteriza desde el lado de lo racional, lo normativo, el restaurador de un orden, el que normaliza, el positivista, el iluminista, el que auxilia, el héroe salvador, el que tendrá una solución para la víctima (también varón), el gran químico que ha hecho el Universo. De los tantos ejemplos textuales tomamos:

  • El contraste que estas palabras de Laura formaban con el acento siniestro de su voz, al pronunciar, poco antes, el nombre de Lorenza, hiciéronme entrever un misterio que me propuse aclarar.
  • Aquella enfermedad resistía a todos los esfuerzos de la ciencia, y parecía burlarse de mí con síntomas disparatados, que cambiaban cada día mi diagnóstico.
  • Como tú, la señora Passaman es supersticiosa y se arrojó a la región de lo fantástico.
  • Por no aumentar sus divagaciones, me abstuve de decir dónde había encontrado el muñeco.

Cuando Gorriti a través de estas descripciones minuciosas reproduce su propio tiempo, siembra el germen de lo fantástico en la literatura regional. Sostenemos que lo fantástico además, es que la mayoría de estos indicios e informantes funcionen también hoy en muchas sociedades como estereotipos de género. En correlato con el valor literario de la audaz escritora argentina, y de acuerdo con Adorno, sostenemos que las obras de arte son enigmáticas por su contenido de verdad, no por su composición (Adorno 1983 p. 171).

A propósito del poder “hechicero” de la palabra femenina encontramos un cruce entre literatura y magia que ilustra sobremanera lo transgresor en Gorriti. En 1975 (un siglo después de la publicación de Yerbas y alfileres) el primer Congreso Mundial de Brujería celebrado en Bogotá, contó con la participación de especialistas en las áreas de antropología, psicología, sociología, astrología, ufología, brujería e hipnosis. Entre ellos, un nombre parecía llamar la atención: el de la escritora brasileña Clarice Lispector. Años más tarde, al ser preguntada por su inusitada participación en el congreso, Clarice se limitó a responder: eso fue cosa de un crítico, no recuerdo de qué país, que dijo que yo usaba las palabras no como una escritora sino como una bruja (Lispector, 2012, p. 157).

 

Mímesis III: de un final abierto a un sentido oculto

“No importa si no entienden estas teorías.

En realidad –como dice Sábato- el pensamiento científico

parece tener mayor poder cuanto menos se lo comprende.

Por eso se suele decir:

-¡Qué bien habla este hombre! No alcanzo

 a entender ni una sola de sus palabras.”

 Alejandro Dolina. “Crónicas del Ángel Gris”

 

El cuento comienza y finaliza con un diálogo, como si magia (voz femenina) y ciencia (voz masculina) pusieran un caso a estudio. En términos generales, vemos desde nuestra perspectiva un desplazamiento de las convenciones, que está subyacente al nivel del relato y que vale distinguir: la “verdad” interroga sobre lo “real”, y este sobre lo “observable” (término que, a su vez, supone una duda adicional entre lo observable como saber empíricamente comprobable y lo observable como lo que se sabe desde el sentido común).

Luego, sobre el hecho misterioso, o la condición paranormal, el extraño trazo en común que encontramos en esta nebulosa de significados es por oposición: lo “enfermo” se asocia con lo “imaginario”, con lo inobservable, finalmente con la creencia. De hecho, nada es más incierto que invocar a la brujería para provocar y/o para explicar una enfermedad. ¿Pero por qué Gorriti decide que un hombre de ciencia sea quien relate esta historia? Si la primera marca enunciativa es femenina, y es ella quien recuerda un relato, ¿para qué la abandona?

Como se puede apreciar, todas estas operaciones de sentido giran en torno a un procedimiento discursivo: poner en evidencia una coyuntura, narrada a través de una voz oficial (la de la descalificación del acto de magia y de la promoción de la cura química) para articular una visión crítica encubierta, como un caballo de Troya: para introducir las temáticas del misterio y del ocultismo, le es necesario adoptar la voz y la mirada de un otro autorizado.

¿Será, entre otras, esta decisión estratégica del manejo del punto de vista la que hace a su autora una artista? Siguiendo con el recorrido de Adorno, “la salvación del arte está en ese acto con el que el espíritu se arroja fuera de él. Su fidelidad al estremecimiento no consiste en la reversión; el arte es la herencia del estremecimiento. Todas las obras de arte y el arte mismo son enigmas; hecho que ha vuelto irritantes desde antiguo sus teorías. El carácter enigmático, bajo un aspecto lingüístico, consiste en que las obras de arte dicen algo y a la vez lo ocultan” (Adorno 1983 p. 162).

Por lo tanto, podremos afirmar que en el nivel del relato discursivo encontramos, paradójicamente, lo no dicho, la incógnita. Y en el nivel de la historia hallamos la convención de lo misterioso que nos vehiculiza de lo no dicho al hecho, en donde subyace la narración y la ritualidad de una práctica: el ocultismo. Desde lo no dicho al hecho se recorre un camino de innovaciones semánticas, donde se atribuyen predicados inesperados a los sujetos lógicos para la conformación de una trama opaca y rica, que nos exige una lectura entrelíneas, es decir, adentrarnos en mundos paralelos y a la vez, enfrentados.

 

 

Conclusión

 “El recorrido de la mímesis alcanza su cumplimiento en el oyente o en el lector”

Paul Ricoeur.

En síntesis, voz y focalización son los recursos textuales sobre los que se cimienta este cuento. Si bien la trama está dada, es decir el lector no debe reconstruirla, hacia el final una sorpresiva encrucijada se proyecta sobre el nivel de la recepción textual: ¿en qué cree el lector? ¿En las hierbas médicas o en los alfileres mágicos? ¿De qué se fía, de la certeza positivista, o de las correspondencias trascendentes que se establecen más allá de la percepción empírica? ¿Se trata de causalidad, o de casualidad? ¿Incidencia o coincidencia? No es fácil decantarse por una opción u otra, aunque el cuento haga más concesiones al dominio de las energías sobrenaturales.

La obra de Juana Manuela Gorriti es un testimonio de ese oculto “lado B”, de un reverso de nuestra ecléctica cultura occidental. Tópicos como la premonición, la locura, la brujería, la transmisión telepática del pensamiento, junto a otros fenómenos parapsicológicos, juegan un papel fundamental en muchas de sus ficciones, en las que una condición extra-ordinaria irrumpe en un escenario costumbrista circunscrito a la geografía concreta de Argentina, Perú y Bolivia.

Creemos, además, haber puesto en valor el hecho de que una mujer en aquel sincrético contexto, escribe transgrediendo no sólo su propio estereotipo de género, sino que a partir de introducir en la escena literaria de la época esta dicotomía entre saberes, cimienta la aparición del fantasy en la región, y abre camino para un debate disruptivo que aún hoy, está vigente: creer o reinventar.

 

 

 

 

Bibliografía

  • Adorno, Theodor. Teoría estética, Buenos Aires, Ediciones Orbis, 1983.

 

 

  • Lispector, Clarice. Dónde se enseñará a ser feliz, Buenos Aires, Ediciones Siruela, 2012.

 

 

  • Piscitelli, Alejandro. (Des)-haciendo ciencia, Buenos Aires, Editorial Los Libros del Riel, 1997.

 

  • Ziman, John. El conocimiento público. Un ensayo sobre la dimensión social de la ciencia, México, Fondo de Cultura Económica, 1972.

 

 

[1] Los historiadores no se ponen de acuerdo con la fecha de exacta de nacimiento, Tristán Valdaspe documenta en su Historia de la literatura castellana como 1809 su fecha de nacimiento y 1874 su fallecimiento. Por su parte Julio A. Muzzio afirma en su Diccionario histórico y bibliográfico de la República Argentina que el nacimiento fue el 15 de junio 1818 sin precisar fecha de nacimiento, esta fecha la reitera José Arturo Scotto en Notas Biográficas de 1910 que también da fecha a su muerte, el 6 de noviembre de 1892. Mientras que el diario La Nación en su suplemento Sueños y realidades del año 1907 afirma que Gorriti nació en junio de 1814 sin precisar fecha de fallecimiento. Por su parte Ricardo Rojas en Literatura Argentina solo da fecha a su fallecimiento, el 6 de noviembre de 1892.

Tomamos como fecha de nacimiento 1818 y como fecha de la fundación de la ciencia moderna el año 1840.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Juana_Manuela_Gorriti

[2] El mesmerismo es una doctrina fundada por el alemán Franz Mesmer en el siglo XVIII, que se basa en la existencia de un éter invisible o fuerza universal que atraviesa los cuerpos de todos los individuos, fluyendo libremente y llenándonos de vitalidad. Las enfermedades son entendidas en esta pseudociencia como nudos que se originaban en el cuerpo del paciente y que impedían el correcto flujo de esta misteriosa fuerza desconocida. Las sesiones de mesmerismo eran todas prácticamente idénticas: un conjunto de personas se reunía en una sala (solían ser mujeres de clase alta) creando un círculo. Se conectaban entre ellas por los pulgares para que ese magnetismo animal sanador pudiera propagarse de unas a otras. Fuente: https://cienciaaldia.wordpress.com/2009/04/15/mesmerismo/

Escrito por Yanina Giglio

Yanina Giglio nació en Buenos Aires, Argentina en 1984. Lectora serial que escribe, investiga, experimenta y vuelve a empezar. Incansable. Apasionada por el desarrollo de procesos creativos. Ha realizado estudios en Ciencias de la Comunicación Social en UBA. Obtuvo un PGCert en "Escrituras: Creatividad Humana y Comunicación" por FLACSO. Es miembro fundador de Odelia editora. Coordina talleres de lectura y escritura creativas. Actualmente estudia Artes de la Escritura en UNA y el curso universitario superior "Neurociencias y educación: hacia una pedagogía del asombro" en la Universidad de Morón. Publicó: Abrapalabra: licencia para hablar (Entrelíneas UBA, 2014); La Do Te (Editorial Alción, 2015); Recuperemos la imaginación para cambiar la historia -Antología- (Proyecto NUM-Editorial Mansalva, 2017); Liberoamericanas. 80 poetas contemporáneas -Antología- (Editorial Liberoamérica, 2018). Colabora como periodista cultural en www.cineyliteratura.cl y www.liberoamerica.com y como crítica literaria todos los miércoles en el programa "Sentipensantes" por Radio Universidad Nacional Arturo Jauretche.