*

Una bikini con flores de colores
en alguien que no quiere llamar la atención
resulta una paradoja triste
y desapercibida. Un sol
ventoso quema la playa.
Soy alguien que tiene miedo de recordar de repente
que dejó caer las llaves por el hueco del ascensor
y ahora no está ni adentro ni afuera.
Entonces afuera/adentro se vuelven
categorías estables, con límite físico: el peligro
es lo que hay que evitar, o yo evito el peligro
escrito en la remera del chico
caído del andamio en el momento en que apreciabas
desde la ventana la quietud del mar.
A veces pienso en el perro que tuvimos
que es como todos los perros que nos miran
con ojos que reflejan nuestra propia bestialidad.
Sólo que ese perro tenía un nombre
y al fondo de lo insoportable estábamos unidos.
A mí me nombraron personas que se cruzaron
por casualidad en un baile de barrio. Nunca
supieron decir por qué
me nombraron así.
Al perro lo habíamos llamado por el resultado
de quitarle la sílaba ni
al nombre del perro que ya habíamos perdido.
En la playa se mojaba las patas y corría
como si el mundo fuera a desaparecer.
Y yo pido protección para evitar
la laceración de la carne expuesta. Soy alguien
queriendo escribir sobre estos días nuestros
sacándonos de la cabeza piojos
que hacen ruido entre las uñas.
Una mujer iluminada por una pantalla
bajo nuestro balcón, es la noche que avanza: continuidad
inevitable, en palabras de acá y de ahora.

 

 

 

 

 

 

*

Como esa mariposa que nuestra hija salvó del agua
y cayó desde el borde de la pileta
con un peso que hasta entonces desconocía.
A veces soy un gusano aplastado por la belleza
deshaciéndome en la boca de un animal sin hambre.

 

 

 

 

 

 

Maniobras

 

1

Continúa el exterminio.
Se hará uso del rifle sanitario
informa el gobierno
en catorce pulgadas que heredamos
decorado con stickers de Burbuja.

Las gaviotas son muchas
vuelan, como las noticias malas
las cosas de la casa
de quien muere.

Las ballenas son pocas
no pueden
hablar y no por eso las olvidan.

 

2

Van acercándose desde el cielo.
La sombra del helicóptero en pantalla.
Con el tiempo aprendí a no retorcer
la ropa que dice No retorcer
y ahora gotean
mangas sobre el calefactor.
Un perro se come a uno de los dos guanacos
del zoológico local. Imaginate al otro
encerrado en la misma jaula.
El miedo animal es inmenso
se come a sí mismo.
El olor a sangre atrae a otros perros.
Las gotas caen
con una insistencia aterradora.

 

3

La gata que teníamos
enterrada en una maceta
fue descubierta.
Sus huesitos desperdigados
me recuerdan que el corazón de un gato
también se desgasta.

 

 

 

 

 

 

*

310 vientres
100 receptoras preñadas
25 padres de plantel
1.000.000 de muestras
analizadas para consumo
oferta excepcional
de genética productiva
puros (sin gen
salvaje o ancestral)
15 preñadas de alta calidad
450 de nivel superior
28 usadas paridas
30 hijos al pie, 2°parición
pago contado 6% de descuento
machos plazo 90 días
o 5 cuotas, hembras
plazo 60 días, flete gratis
60 puros controlados
100 controladas puras
hijas de Crédito, padre
del Gran Campeón
200 inseminadas con Efectivo
180 días libres o 10 cuotas
sin interés, productor
de Buenas Hembras
pigmento total
facilidad de parto
hijos que logran los precios máximos
reproductores con
información confiable
remate de embriones y envíos
de semen a todo el país.

 

 

 

 

 

 

*

Cae el sol sobre los cinco metros de poemas
de Oquendo de Amat, una foto de mi hija a los seis meses.
Como tantas veces quiero leer y me distraigo
miro partículas suspendidas
en ese rayo que atraviesa Raíz salvaje
cae sobre apuntes arrinconados.
Noto que hay mucho polvo en el sillón miniatura
al que le falta una pata y se apoya
en los lomos de dos tomos de
Los Miserables, edición 1942, herencia
de cuarta generación.
Y ahí están las cajitas de hueso de camello
con el Gálata y gaviotas de tinta negra
que sostuve en una mano
el tiempo que llevó a los hombres acordar el precio.
Fui guardando diferentes cosas
sobre el terciopelo rojo, ahora encuentro
un caballito de mar tallado en marmolina:
símbolo de fidelidad, ella dijo.
Atrás de las cajitas varios libros robados
en un operativo común que llamábamos
Gran Método. Los libros llevan esa inscripción.
Una vez en un estante de La Nacional
encontré su letra en las Obras Completas de Lawrence
lo vendió cuando nos separamos
no lo pude recuperar.
Atrás de unas postales turcas está el Molloy
que se llevó de la casa de una poeta famosa
para regalármelo cuando nos conocimos.
En la esquina la bola de pool
verde rayada 14, recuerdo de un festival.
La piedra que guardé en el bolsillo
la noche que era día
y mi compañero y yo caminábamos de la mano
por la playa del fin del mundo
hace un equilibrio injusto
entre Gombrowicz y las 11.000 vergas.
Los libros que me regaló un amigo nuevo
no tienen todavía lugar, dan vueltas
por toda la habitación, no sé
qué destino depararles.
Los libros escritos por amigos tienen un lugar especial
al lado de la calavera con ojos de muñeca
que sirve para contener ediciones chiquitas
como las de alguna colección:
al último devenir de la cabeza humana
le asoman unos tules negros que le sientan
bien al medio de la biblioteca
que una vez fue un armario.

Escrito por Andrea López Kosak

Nací en Bahía Blanca, Argentina, en 1976. Publiqué Bailar sola (Editorial de la Universidad de La Plata, Argentina, 2005), La Tarea (Manual Ediciones, Chile, 2011), Le dan hueso (Cinosargo, Chile, 2012), Leva (Literal, Méjico, 2015), Indor (El ojo del mármol, Argentina, 2015)