Teotihuacán, uno de los más grandes atractivos turísticos de México, no está en la Ciudad de México sino en el Estado de México. Pero, regularmente es difícil explicar la relación entre estas dos entidades. No obstante que para los habitantes la diferencia entre ellas sea muy clara por muchas razones. La palabra “chilango” designa sólo a los oriundos del ex D.F. y “mexiquense” a los de esta segunda mancha, que es una especie de guardaespaldas de la Ciudad. En las páginas de recomendaciones turísticas la diferencia se explica sutilmente: “Aunque sea más costoso, mejor paga un tour que te lleve directamente a las pirámides porque en los autobuses que van hacia allá asaltan muy seguido y la zona de la que salen no es muy segura”.

Ésta, digamos, es una de las razones que hace que esa diferencia sea grande entre ambas: la Ciudad es sinónimo (aunque cada vez menos) de “seguridad”; y al cruzar la frontera con el Estado de México inmediatamente estás a merced de asaltos, violaciones, secuestros y otras aberraciones que suceden todos los días a todas horas y que han hecho que el Estado de México se dé a conocer por los crímenes que en él se dan. Es sabido, además, que todas las mañanas miles de mexiquenses emprenden una migración “laboral” a la ciudad invirtiendo un promedio de cuatro horas diarias en el transporte, además de una fortuna comparada con los sueldos en el mismo. En otros términos, el Estado de México sería lo que New Jersey a Nueva York o el Madrid más allá del Manzanares.

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Mapa del Estado de México, tomado de Ceavem. El hueco al centro es el territorio que ocupa la Ciudad de México. En este otro enlace podrás encontrar un interactivo para conocer mejor cada municipio.

Hace tiempo leía una nota que ayudaba a explicar esta situación, de hecho: “Una persona que nazca al sur del río [en Madrid] tiene una esperanza de vida dos años y medio menor que alguien que lo haga al otro lado. A lo largo de su vida, cobrará 6.500 euros menos al año […]”. Este artículo exponía perfectamente la condición marginal de la periferia en España, y la manera que se tiene de desplazar a los inmigrantes con base en el poder adquisitivo. Esto es aplicable a la Ciudad de México, aunque tiene sus tintes, debido a que curiosamente, en el Estado de México también están algunas de las escuelas y las zonas de condominios más exclusivas del área metropolitana, como Zona Esmeralda. Lo cual, a su vez, se explica porque el Estado de México es el centro político de la República al albergar las oficinas del partido que se ha mantenido en el poder por casi ochenta años, el PRI.

No es nada macabro pensar que desde hace mucho tiempo las decisiones políticas de México se han tomado en territorio mexiquense, y que el Estado de México ha mantenido su “bajo perfil” con su reducción a zona industrial y al ser ya aceptado como uno de los estados donde se registran mayores índices de pobreza, cosa que es aun más preocupante, dado que es también el estado con mayor población en México.

A grandes rasgos todas estas contradicciones nos ayudan a explicar un poco el territorio del que hablamos. Y las razones por las cuales en algún momento me pareció importante recopilar los testimonios en la antología Oscuro entre nosotros, donde diez escritorxs nos narran alguno de los municipios en los que cada unx creció, desde la ficción o la no ficción; de manera que ésta es una muestra literaria en cuanto a ciertos espacios geográficos donde se presentan una serie de problemas sociales que han ido creciendo en las últimas fechas, como lo son los feminicidios.

A continuación presento en lista a lxs autorxs que forman parte de dicha muestra, y recupero en cada viñeta un fragmento de los textos publicados en la antología con el fin de dar a conocer su trabajo y abrir el espectro de quienes narran México desde la periferia.

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Haydeé Salmones (1989) es, a mi parecer, una de las narradoras mexicanas inéditas con una voz, además de cruda, sumamente particular. Estudió literatura pero se pasó al lado oscuro de la edición. Actualmente es rescatista de autoras decimonónicas mexicanas y dirige la editorial Piedra Bezoar, en la que ha editado antologías como Del inconveniente de haber nacido en México o Furiae, disponibles gratuitamente en línea. En “La nueva hora del Coco”, Haydeé habla de Tecamac y de los alrededores con humor e ira:

Porque la risa es lo de menos; todos nosotros les regalaremos gustosos la mejor de nuestras monedas si el último chiste no es éste:
—¿Cómo hace el perro?
—Guau guau.
—¿Cómo hace el gato?
—Miau miau.
—¿Cómo hace la rata?
—¡Ora sí, hijos de su puta madre; ya se los llevó la chingada: éste es un asalto! —mientras sacan dos pistolas que, en vez de agua, arrojan sangre.
Ahora, los que ríen son ellos. No importa cuál sea la rutina para esconder el poco tesoro: hay que registrar sus bolsillos, quitarles los zapatos, destripar las mochilas en el pasillo, revisar el forro de los asientos. Hasta hemos preparado una función especial con visita a los cajeros para vaciar sus tarjetas. Por favor, que nadie se resista o lo mataremos de risa. Ah, y la damita de azul, pásese al asiento de atrás; vamos a practicar un truquito de magia.
Sonría: está en el tour México-Pachuca por pueblos; tres horas de diversión garantizada o aun así nos quedamos con su dinero.

En este enlace puedes escuchar a Haydeé leyendo su texto de viva voz.

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14681607_1779937532277962_993636411061112469_nDemian Marín (1979) es narrador. Tiene publicados los libros de cuentos Vida y muertes del maestro Cha (La Dïeresis, 2012), Tierra central (Editorial La Rana, 2015) y Cuentos Cangrejos (Diablura Ediciones, 2015). En su texto “Oscuro entre nosotros”, que da nombre a la antología, regresa a Toluca para contar el futuro de quienes se reunían de niños a jugar futbol:

—Yo te sigo viendo bien —mentí. En ese momento me di cuenta de las muchas lagunas de información que tenía con respecto a la vida de Maik y de todos los que formaron parte de mi temprana juventud. También me di cuenta de que aquella relación tan fuerte que tuve con este hombre que tenía frente a mí se había roto hace ya bastante tiempo. Me sentí como un forastero que pretende hacerse pasar por un nativo, y más cuando me percaté de que quien discutía al lado de Maik, se parecía mucho a Carlos. Comprendí que se trataba de su hermano menor, que en ese tiempo era tan sólo un bebé. El muchacho en ese momento era el centro de atención: estaba contando sobre la manera en que fue apresado alguien por asalto a mano armada.

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Lizbeth Zavala (1987) es editora. Actualmente trabaja en Editorial Herder. Se ha dedicado al estudio del exilio español en México y sus traducciones literarias. En “El Lugar de los cuatro barrios” nos acerca a las calles de Los Remedios en Naucalpan y a la historia de este municipio:

Naucalpan es sinónimo de marginación en varios aspectos. Es marginada del defe, por el gobierno del Edomex y por los mismos naucalpenses. Hay mucha pobreza, un apogeo de chakas y microbuses, chafiretes disfrazados de  San Juditas. El ‘lugar de los cuatro barrios’ o ‘en los cuatro barrios’ o ‘de las cuatro casas’ es cuna de violaciones, raptos de menores, ríos de drogas, asesinatos, feminicidios, robos a casa habitación, crímenes pasionales y venganzas, pandillismo, ignorancia, una completa falta de cumplimiento al orden vial, atropellamientos, accidentes automovilísticos fatales, una de las policías más corruptas, contaminación visual, auditiva y olfativa. No quiero hablar del metro Toreo, nuestra conexión con la gran ciudá. Muchas cosas horribles. Todo eso hay en Naucalpan.

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14292246_1768306413441074_8429952695112637873_nEdgar Yepez (1982) es licenciado en Diseño industrial y autor Paraísos vulnerables (FETA, 2013) y NYC (Ediciones Transversales, 2017). Ha publicado diversos artículos de crítica, deportes y cine en revistas como Tierra Adentro y Letras Libres. Su cuento “Tlalnepantla” transita por avenidas y calles familiares y extranjeras, nos muestra los pensamientos del personaje entre traslados en autobuses:

Y otra vez el asalto de imágenes europeas. El africano de ojos hundidos al que le compró un tripié inservible en el puente Sant’Angelo en Roma. La vieja centroeuropea tirada sobre el puente del Rialto, pidiendo limosna, flagrantemente ignorada por tantos turistas aquel día de carnaval en Venecia. El hindú en Viena, frágil como las cosas rotas, que se preparaba para meditar afuera de un Esprit sobre la Mariahilfer Strasse desierta. Miserabilismo europeo, piensa. Y se le aparece, inmediatamente, una pinta saliendo del metro Marcadet de Poissonniers, en el 18, la Petite Afrique de París: “África es el futuro”. Tlalnepantla es el futuro. 

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14708205_1779937732277942_2643608244619265583_nMónica Perea (1986) es dramaturga, productora y ciclista. Ha escrito obras como La acidez de las mariposas o Tito Andrónico. “A casa de mis padres” nos mantiene en la constante tensión del miedo a la delincuencia y la vulnerabilidad de ser mujer en Cuautitlán:

Hoy no me pongo falda ni vestido. Entre menos llame la atención, mejor. Elijo los pantalones que me quedan nadando y los tenis cómodos pero viejos que tengo para estas ocasiones y que me aseguran un eficaz escape en caso de emergencia. Una repasada del cepillo en el cabello y nada de maquillaje, preferible pasar desapercibida. En la cabeza, una gorra verde de las que regalaron casa por casa —sin ser solicitadas— para apoyar al candidato del sexenio anterior. La mochila, también verde, que llegó con ese paquete ya me la robaron. Por eso, para guardar las cosas uso la mochila más rota, vieja y fea que tenga. Hubiera estado mejor dar mi credencial para votar para que me llegara también una televisión hasta la puerta de mi casa. Al parecer, ésas sí debían pedirse. Éste es el resultado de mi apatía política. Ahora a esperar hasta las siguientes elecciones para no desperdiciar mi voto. De cualquier manera, no me gusta apegarme a lo material. Si no hay que llevar mucho, el complemento ideal es una bolsa negra de plástico que esconda bien el contenido.

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JCaptura de pantalla 2018-03-08 a la(s) 13.55.37oaquín Guillén Márquez (1990) fue editor de la revista Tierra Adentro. Ha colaborado en La Jornada Semanal, HermanoCerdo, Palabras Malditas, Punto en Línea, entre otras. “Vista previa” es un cuento que tiene como eje la migración por la falta de futuro o por el deseo del mismo:

Era fácil que yo me fuera, pero Marco, de siete años, no podía hacerlo. Le dije que sí, que nos fuéramos, que allá podríamos hacer una vida mejor de la que jamás podríamos hacer aquí, y así ayudar a nuestra familia. Era mucha responsabilidad para nuestra edad pero qué puedo decir, así era entonces. Alejandro y yo teníamos que aprender porque no había quien nos enseñara y salir era nuestra única certeza. “Ahí no se llega, se sale”, dicen. Lo supe porque todo mi sueño era no usar zapatos hechos del caucho de las llantas ponchadas que encontraba en la carretera, parecidos a los que usaba Susana cuando la conocí, muy jóvenes los dos, también en Los Sauces. Desde entonces ella me dijo que lo que más quería en la vida era usar huaraches de verdad.

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Francisco de la Rosa (1980) dejó todo para dedicarse a la carpintería. En “La Casa” ensaya sobre el abandonar la casa familiar y el alivio de ser el encargado de la decoración de ella en el nuevo rumbo, tras dejar Ciudad Neza:

La casa —y los objetos que la decoran— nos retrata; no importa si es prestada, rentada o propia. Habla de nosotros, no de manera inmediata y obvia, como lo hace la apariencia de un traje bien aliñado, una camisa planchada a detalle o un par de tacones sin un sólo raspón, sino de forma lenta y discreta. La decoración de la casa tiene alcances a mediano y largo plazo. Son objetos, muebles y chunches que permanecerán en su sitio por un tiempo más o menos prolongado. Son muebles y objetos que, tarde o temprano, convivirán con el polvo y las pelusas. Serán apenas movidos de su lugar los días de limpieza y su presencia se volverá tan cotidiana que difícilmente volveremos a mirarlos con entusiasmo como en los primeros días.

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14358745_10155165689943942_4163890315041515501_nLaura Sofía Rivero Cisneros (1993) es ensayista. Ganó el primer lugar del Premio Dolores Castro 2016 por el libro Retóricas del presente y recientemente el Certamen Internacional Sor Juana Inés de la Cruz 2017 con la obra Tomografía de lo ínfimo. En “Vivir en medio de la tierra” narra cómo es haber crecido entre fábricas, nos cuenta la historia de la llegada de su familia a Tlalnepantla:

Habitar la tierra de la industria significa estar detrás del telón, donde los productos no resplandecen por la luz del supermercado que les ha colocado un precio y un código de barras. El artificio de su creación desaparece tras los charcos de veneno fosforescente que salpican las aceras y donde vale la pena evitar que pasen las mascotas. O uno mismo. Vivir en el epítome de la contaminación no me haría sorprenderme de encontrar duplicado alguno de mis dedos algún día o hallar entre el fleco de mi frente un naciente ojo diminuto. Quizá alguna noche, después de haber lavado mis dientes y enjuagado mi rostro, lista ya para meterme en la cama y apagar la luz, descubra no sin cierta sorpresa que yo también ahora soy capaz de brillar en la oscuridad.

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18268384_10213051819233592_4190970782109743797_nAdrián Chávez (1989) es narrador y traductor, autor de la novela Señales de vida (Fá Editorial). Editor en jefe de la revista digital La Hoja de Arena. Publica regularmente obra narrativa, traducción literaria, crónica cultural, reseña teatral y opinión en diversos medios. En “Prepotente existencia moral” comparte su visión sobre la pobreza del mundo cultural en el Estado de México, en contraste con los espacios que deberían estar destinados a él, así como su mirada desde la ventanilla de un camión atorado en el tráfico:

“Satélite”, contesto siempre que me preguntan de dónde soy, lo cual es en estricto sentido una mentira; la casa de mis padres queda kilómetros más al norte, entre el centro comercial Mundo E y Valle Dorado, famosa por su afición a las inundaciones. Estas sutilezas, no obstante, importan muy poco cuando quien pregunta es nativo de la capital. Satélite es el número entero al que se redondean números lejanos, astronómicos. Tratar de explicarle a un chilango que no se vive exactamente en Satélite es como tratar de explicarle a un gringo que no se vive exactamente en Mexico City, sino en una cosa gris que la mantiene cercada, usurpándole la mitad del nombre en un ilusionismo doloso.

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Captura de pantalla 2018-03-08 a la(s) 14.34.51Irad León (1985) es narrador. Escribe de música, futbol, terror y literatura. Ha sido becario del Fonca y del Focaem. “En el cerro del Dios del Viento” es un relato que recorre las calles de Ecatepec y convierte los escenarios más desoladores en escenarios de película:

A mí me fascinaba tomar una calle larguísima que corría al lado del canal de aguas negras que rodeaba gran parte de la colonia. Me gustaba porque parecía un escenario del fin del mundo: carros destartalados, camiones viejos, llantas, plantas y pasto mal formado, basura, tierra, vidrios rotos sobre el suelo, chatarra, perros que a la menor provocación te perseguían o mordían, árboles moribundos, casas aparentemente abandonadas. Podías imaginar que ya nada existía con tan sólo pasar un instante por ahí, que el mundo se había acabado y ahora estaba uno por su cuenta tratando de sobrevivir.

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Gracias infinitas a estas promesas por poner en el reflector lugares a los que nadie quiere ir y cosas de las que nadie quiere hablar. La convocatoria para autores sigue abierta en Oscuro entre nosotros. Así como los permisos para difusión, traducción y transmisión de los textos aquí citados.

[Imagen de cabecera: Torres de Satélite]

Escrito por Patricia Arredondo

Patricia Arredondo (México, 1988). Escribe poemas y cuentos para niños.