El sexo ha sido un arte y un deleite a través de la historia y carece de conceptos como violación, perversión y otras palabras afines que, como se sabe, fueron introducidas por las religiones y sistemas de moral. Por eso, este texto promete ser un breve bosquejo del sexo como elemento natural dentro de la historia.


 

“¡La vida! ¡La vida! ¡Erecciones!”

Gustave Flaubert

 

Sería pertinente partir citando las palabras de Lord Bertrand Russell cuando dice que “orgía” y “teoría” significan en su origen la misma cosa, a saber, “divina borrachera”.  Una curiosa etimología que tiene que ver, en antecedente, con las bacanales y las orgías dionisíacas de  hombres y mujeres entregados a los excesos de la bebida, la comida y la lujuria en Atenas. Aquellos bacanales que eran ritos de iniciación muy bien organizados y orgías o juegos de exploración sexual que, curiosamente, solo tenían una regla fijada: “Nada prohibido, todo permitido”.

Estas festividades, que además de lúdicas era culturales, tenían dos versiones anuales: Leneas, celebrada en el mes de Gamelión o diciembre-enero; y las Grandes Dionisias, en el mes de Elafebolión o febrero-marzo. Consistían en que  la mayoría de ciudadanos se disfrazaban de sátiros, ninfas o bacantes, y oficiaban la procesión de la Phalleforia,donde llevaban un pene enorme por toda la ciudad (hoy esas procesiones se han reemplazado en la figura de llevar a la Virgen María en hombros por la ciudad o el pueblo) y de forma individual cada uno llevaba una figura en forma de falo entre sus manos.

El ambiente de tales festividades se cargaba de erotismo y el pueblo entero se entregaba a los inéditos caminos de la sexualidad que en circunstancias normales nunca hubieran soñado recorrer. Así se daba rienda suelta a las orgías, aclarando que el elemento sexual en estas celebraciones no consistía en una perversión (como lo vería Occidente más tarde en la historia), sino más bien la pervivencia de antiguos ritos neolíticos propiciatorios de fecundidad.

 

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En el mundo griego y romano, las bacanales (latín: Bacchanalia) eran fiestas en honor a Baco (dios mitológico romano del vino, del que procede el nombre) o Dioniso (su equivalente griego), en las que se bebía sin medida. Las sacerdotisas organizadoras de la ceremonia se llamaban bacantes y el nombre ha quedado asociado a las orgías romanas. Fuente: Miguel Ángel Muñoz Romero.

 

Eran los festivales del amor, celebraciones donde se realizaban catarsis sexual de hombres y mujeres reprimidos, y los jóvenes completamente desnudos podían acceder a competencias y juegos en la llamada gymnopaidia. Así como dice Nilsson:

En rasgos generales, el éxtasis dionisíaco puede ser descrito del modo siguiente: las mujeres son presa del delirio, aunque a veces empiezan oponiendo resistencia; abandonan sus ocupaciones y van por las montañas danzando y agitando antorchas y tirsos.

De la tierra manan leche y miel; rara vez se habla de vino ( … ). A nosotros nos basta con considerar el orgasmo dionisíaco como una manifestación explosiva de la tendencia al delirio violento que está en el fondo de muchas almas, que algunas veces estalla por razones que no conocemos y que se extiende con rapidez vertiginosa, pues el éxtasis es contagioso ( … ). Recordemos las epidemias de danza en la Edad Media y otros fenómenos semejantes de tiempos más recientes.

 

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En la Antigua Roma, las fiestas lupercales, también llamadas simplemente lupercales o incluso lupercalia (en latín), se celebraban ante diem XV calendas Martias, lo que equivale al 15 de febrero. Su nombre deriva supuestamente de lupus (lobo, animal que representa al dios Fauno, que tomó el sobrenombre de Luperco), y de hircus (macho cabrío, un animal impuro). Fuente: Teleobjetivo

 

Y es en esta línea que, con el pasar del tiempo, se efectúa un traspaso de estas fiestas griegas a la cultura romana, celebrando las Lupercalias y los Ludi, fiestas campestres de contenido orgiástico, donde se practicaban las doce posturas del amor egipcio y griego, entre ellas incluida la symplegmata, la misofilia y otras; sin embargo, los romanos, como buenos hijos de Occidente, se acostumbraron solo a cuatro posiciones, que nos ha llegado hasta el día de hoy: la del misionero, cara a cara; la more bestiarum llamada coitus a tergo A la pompeyanala del caballo de Hermes con la mujer a horcajadas sobre el hombre vuelto boca arriba, lo que aseguraba una penetración profunda hasta “la séptima costilla”; y por último la de costado, apta para compensar erecciones insatisfactorias.

Debido a la abundancia de mujeres, la alta sociedad romana practicaba la poligamia sucesiva. Así es que aparece en la línea del tiempo, Valeria Mesalina, no la primera furcia de la historia, pero sí la primera ninfómana conocida, además de ser apodada Licisca (Mujer-loba). La historia de sus orgías es descomunal.

Mesalina, que, a decir de Robert Graves, era una muchacha hermosísima, esbelta y de veloces movimientos, de ojos tan negros como el azabache y masas de rizados cabellos negros. Apenas pronunciaba una palabra, y tenía una sonrisa misteriosa. Sin embargo, la belleza es otra verdad dentro del sexo, y así dentro de sus pasatiempos, esta dama, esposa de Claudio, el emperador, convocaba a juegos de tipo sexual proponiendo al gremio de prostitutas de Roma el reto de quién podía atender más hombres en una noche, siendo ella la principal contrincante.

 

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Valeria Mesalina (en latín: Valeria Messalina​) (25 d. C. – 48 d. C.) fue hija del cónsul Marco Valerio Mesala Barbado Mesalino y de Domicia Lépida. Fue célebre por su belleza y las constantes infidelidades a su esposo, el emperador, con miembros de la nobleza romana, así como con soldados, actores, gladiadores y otros, como el orador Marco Vinicio, cónyuge de Julia Livia. Fuente: Gladiatrix.

 

Así se da inicio al certamen y el gremio acepta el reto enviando al palacio romano a una representante llamada Escila para competir contra Mesalina. En el desafío, Escila consta que fue poseída por 25 hombres, pero rendida, le cede el mérito a Mesalina, quien había estado con 70 hombres ininterrumpidamente; luego, para borrar la increíble orgía, se daba un baño y vestida de lino blanco se presentaba delante de su esposo Claudio. Escila diría con frustración sobre este evento y sobre ella “esta infeliz tiene entrañas de acero”.

Pero no hay que tratar a la ligera el término prostitución, ya que no tenía que ver con mujeres tanto como con hombres, y en tiempos antiguos era un arte muy preciado y desarrollado bajo dos categorías: las Hetairas, o prostitutas sagradas y las Aulétridas, ambas conocedoras del arte de la orgía. Las primeras se relacionaban con el sexo sin limite entre los políticos, filósofos y artistas, que incluso Demóstenes (385-322) diría: “hay que tener tres clases de mujeres: la hetaira para la voluptuosidad del alma; la palara para distraer los sentidos y la matrona para que nos proporcione hijos de nuestra raza”; y las segundas daban fiestas orgiásticas que contenían cantos, bromas, concursos de nalgas, el arte del insulto. La orgía entonces es concebida como una fiesta perpetua, o un Partuze, practicado tanto en la isla de Egina como en el puerto de Corinto y cualquier lugar.

Recordemos que el legislador ateniense Solón oficializó la prostitución, dotando de uniformes a las furcias: vestidos color azafrán-purpura; consolidando casas de prostitución o Dicteriones, cuyo signo de identificación eran penes en relieve en la puerta de entrada de la casa; y por último, puso un gravamen sobre el oficio llamado Pornicotelos.

 

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Solón (en griego Σόλων) (c. 638 a. C.–558 a. C.) fue un poeta, reformador político, legislador y estadista ateniense, considerado uno de los Siete Sabios de Grecia. . Fuente: Parthenon.

 

Era común entre los alto círculos intelectuales y políticos consultar el Anis El-Uschak, o tratado de la descripción literaria del cuerpo de la mujer, y en algunos grupos (más selectos, íntimos y refinados) se observaban los secretos de alcoba oriental o Fang-chong che-fa (del que tengo una copia en mi anaquel)En el decurso de la historia y en desarrollo de una sexualidad sin tabúes, poco a poco se recurre, en la práctica sexual, a un nuevo lenguaje derivado de palabras griegas como: Anilinctus, el arte de acariciar el orificio anal y sus alrededores; la scoptofilia, satisfacción al mirar las practicas sexuales; escatofagia, comer excrementos para sentir erotismo; Fellatum, o el arte del sexo oral, entre otros términos más agudos y de libre uso en las fiestas y orgías en Occidente.

Ya en el ocaso de la cultura griega, y por qué no, la romana, la moral cristiana se impone sobre el cuerpo y la carne, pero no por ello dejan de practicarse en secreto los cultos mistéricos iniciáticos de Baco, Eleusis, la Phalephoria, el culto a Príapo y más, buscando la posibilidad de placeres en la multiplicidad de explorar el cuerpo y disfrutarlo. Ya que cada pueblo entiende, según el tiempo, que sin sexo no hay cultura, no hay placer, no hay orgía perpetua.

Escrito por Diego Firmiano

Escritor, Periodista, Viajero.