Un río helado, atravesado por carruajes. La nieve que cae como si los copos fueran pequeñas escamas de dragones despedazados. La blancura de la nieve amontonada, tan blanca que en su resplandor se puede llegar a… leer.

Alguien cae hasta la nieve china como por un agujero –

se desliza

a través de una ráfaga. Tose ocho veces y siente el pensamiento paralizado. Una gota helada a cada lado de los ojos.

Alguien, cayendo, cierra los ojos y… despierta – en la nieve china.

Los que creen en la nieve china, piensan que, de solo imaginársela, podrían – quemárseles los ojos. La nieve china es un palacio con hilos de hielo que cuelgan de lo alto y parecen raíces, parecen cabelleras de mujeres de vidrio y hojas de sauce sin romper.

Los techos son como flores de pétalos blancos, empeñadas en florecer seis veces.

El que llega hasta la nieve china, mira por las ventanas y piensa que es como si la luna levantara un palacio. Que el hielo es la vegetación de otro mundo. Que la luna sobre el hielo tiene el mismo efecto que el sol sobre las plantas.

Al amanecer, todas las habitaciones están saturadas con aroma a té caliente. En las galerías, las gotas de hielo parecen peras y ciruelas cristalizadas. El visitante –

       toma vino espeso

en una taza de porcelana. Puede ver por la ventana a una mujer. Está vestida con ocho capas de colores y ocho moños perfectos. Su vestido gotea como una nube. Se va caminando hasta el río, parte el hielo con las manos y se hunde. En el cabello, la mujer lleva un broche que parece un jardín helado.

Pasan mil días. El invierno arruina las patas de los pájaros y corta en dos a las serpientes. El hombre vuelve – como todos – de la nieve china. Apenas convertido, cambiado, en algún sentido simple y transformado otra vez en hombre.

Pero cuando recuerda, se queda atascado en el medio de una habitación y le parece que podría escupir en el suelo una estrella de hielo. Llega entonces a la noche china con cualquier pensamiento. Brillante y casi pálida, con árboles quietos como muchachas asustadas. La nieve aleteando filosa: diez mil mariposas subiendo por el cielo.

Él esperará que aparezca una estrella. Creerá ver que pasea por el jardín un Inmortal.

Ella saldrá del río helado, rompiendo el hielo con las manos, caminará por la nieve como un niño. Los espíritus chinos no hablan ni escuchan. Solo se dejan mirar.

A él – los ojos se le irán volviendo negros: cenizas del incendio de la nieve china. Se acostumbrará a olvidarse de sí mismo. Un día creerá que mira desde debajo de un río. Tendrá que congelarse con el río, pero – aprenderá congelarse con los ojos abiertos.