Uno de mis primeros acercamientos a la literatura medieval fue con la historia de Tristán e Isolde (también llamada Isolda o Iseo, en su traducción al español, o Iseut, en su versión original). Tristán, un caballero joven, sobrino del rey Marco de Cornwall (Inglaterra), e Isolde, la bella princesa de Irlanda e hija de los reyes Gormond e Isolda, son los amantes caídos en desgracia que poblaron por muchos años la tradición oral europea, hasta que finalmente fueron asidos a la escritura. Menciono este detalle porque la crítica especializada se ha ocupado en dilucidar un vasto debate acerca de las diversas variantes que bifurcan la leyenda de los amantes. Por una cuestión de afinidad y preferencia estética, la versión sobre la que baso estas líneas es la que escribió Béroul, un poeta normando del siglo XII y que hoy llega a las librerías en su séptima edición bajo el sello editorial Cátedra, con una interesante introducción a cargo de Roberto Ruiz Capellán (2010).

El manuscrito original de Béroul (número 2171) se encuentra en la Biblioteca Nacional de París y cuenta con 4.500 versos octosílabos escritos en una variante normanda llamada “oil”. De acuerdo a las investigaciones, es probable que Béroul se haya ocupado de la redacción del poema entre los años 1150 y 1195. Sin embargo, esta es solo una de las versiones que se conservan de la historia de Tristán e Isolde, de modo que, si les interesa el tema, los invito a consultar los poemas de los otros dos célebres autores: Thomas de Bretaña y Eilhart von Oberg, que escribieron también en el siglo XII. No obstante, a pesar de mi inclinación hacia la versión de Béroul, esta constituye en sí misma una tragedia, pues se perdieron el inicio y el final del manuscrito. Es aquí donde debemos agradecer a las otras versiones que se manejan de la leyenda, pues gracias a ellas es posible reconstruir los inicios de la historia que debió haber escrito Béroul.

De todas maneras, esta versión se ha convertido en una de las más leídas y consultadas por los medievalistas. Algunos lectores atribuyen esta atracción a la tendencia de Béroul de presentar una narración rápida, de estructura más relajada (en comparación a sus contemporáneos), con una predilección clara por la presentación de hechos concretos y muy verosímiles en movimiento constante. Así, los eventos se presentan de manera ágil y, a partir de ellos, el autor construye los rasgos de los personajes en su poema. Béroul no nos mostrará las reflexiones de Tristán, Isolde, Bengrain, Governal, el maquiavélico enano Frocín o el rey Marco a través de la explicación de la voz narrativa, sino que, en cambio, la profundidad de estos personajes se labrará ante el lector por medio de sus acciones concretas, y sus intervenciones y diálogos en la historia. Es así que la idea que atraviesa la obra de Béroul es la de mostrar, antes que explicar.

Por otro lado, una de las más exquisitas características del estilo de Béroul, en mi opinión, es la forma refrescante que tiene de narrar los acontecimientos. Gracias a la espontaneidad con la que concatena los hechos de la historia, es muy probable que el lector olvide que se encuentra leyendo un poema que cuenta con siglos de antigüedad. Nos dejamos envolver por eventos que surgen de manera natural, muy real. De la misma forma sucede con las intervenciones de los personajes, las cuales, haciendo la evidente salvedad de tratarse de conversaciones registradas a la usanza medieval, hacen gala de un gran desenvolvimiento y fluidez oral:

«¡Maldición!», exclama el rey, «acabo de comprobar
lo bien que me ha embaucado ese enano.
Al hacerme subir al árbol,
no me pudo infligir más grave afrenta.
Contra mi sobrino me hizo escuchar
embustes, pero he de ahorcarle por eso.
Con sus manejos suscitó mis iras
y me hizo odiar a mi esposa.
Confié en él y me porté como un loco.
Le será pagado, a cambio, su galardón:
si logro tenerlo entre mis manos,
haré que acabe en la hoguera.» (83)

Otra de las razones por las cuales Tristán e Isolde se configura como una de las más emblemáticas historias de amor medievales que se tienen registradas hasta el día de hoy es la posición tan especial que ocupa el narrador con respecto a los lectores, o, en tal caso, los oyentes en la Edad Media. En el poema de Béroul, hallamos momentos como el siguiente:

¡Oh Dios! ¿quién es capaz de contener al amor
un año o dos sin traslucirlo?
Y es que el amor no se puede ocultar:
se hacen con frecuencia mutuos guiños,
menudean entrevistas,
igual a escondidas que a la vista.
No siempre son capaces de esperar la ocasión,
necesitan reiterar sus parlamentos. (92)

O como este:

¡Ay! ¡Escuchad ahora qué pérfido plan
y qué enorme engaño
expuso al rey ese enano Frocín!
¡Malditos sean todos esos adivinos!
¿Quién ideó jamás felonía igual
a la que urdió este enano, a quien Dios maldiga? (94)

Las intervenciones de este tipo por parte del narrador son constantes a lo largo del poema y obedecen a la intención de Béroul de involucrar al lector/oyente en las encrucijadas y la problemática que rodea el amor infortunado de ambos jóvenes. Las quejas, la manifiesta indignación, los comentarios que interrumpen la narración en los momentos claves de toma de decisiones o cambio de ventura de los personajes, la interpelación directa al receptor, todo ello contribuye a lograr la orientación del lector/oyente hacia la toma de una posición clara con respecto a los bandos que se forman en la historia. Así, ellos tendrán que optar por favorecer y respaldar el bando del rey Marco de Cornwall o el bando de los amantes fugitivos, aunque resulte extremadamente difícil apoyar a otros que no sean Tristán e Isolde.

Acerca de esto, muchos medievalistas han elaborado una serie de críticas alrededor de la clara preferencia y —sobre todo— defensa de Béroul hacia los amantes, que, como bien recuerdan, son adúlteros y mentirosos. La traición que representa la unión ilegítima de Tristán e Isolde frente al rey Marco es una osadía que se puede pagar solo con la muerte. Sin embargo, Béroul orienta su narración hacia la imagen trágica de los amantes, quienes son solo víctimas de un cambio de fortuna. Ante los ojos de Béroul, la pócima de amor exime de toda culpa a los jóvenes enamorados, quienes solo pueden intentar sobrellevar la pasión inconmensurable que los obliga a traspasar cualquier impedimento, incluyendo las fronteras de todo aquello considerado moral. Incluso, llega a plantear que el mismo Dios se encuentra del lado de los fugitivos, argumento que ha sido visto con verdadera sorpresa por parte de la crítica.

En este complicado cosmos de leyes morales y entendimiento de la justicia, el lector deberá atravesar, de la mano del narrador, las peripecias que van cercando cada vez más a los amantes que, víctimas de la pasión y de una equivocada poción mágica, buscarán mantenerse juntos a pesar de los obstáculos, aun si ello significa ingresar al terreno de la infidelidad, la traición y la supervivencia en el bosque de Morois. Este es, sin lugar a dudas, un libro incondicional que todo medievalista o aficionado a la literatura medieval debería tener en el estante.

 

 

Escrito por María Belén Milla Altabás

María Belén Milla Altabás (Lima, 1991). Literata de profesión por la Pontificia Universidad Católica del Perú y autora de los libros de poemas Archipiélago (Celacanto, 2016) y Amplitud del mito (Alastor, 2018).