Mientras leía Los límites del control (Alto Pogo, 2018), de Yamila Bêgné, no pude evitar hacer algunas breves anotaciones a mano, con lápiz, sobre los márgenes. Me limito ahora a transcribir esas mismas notas que, adelanto, no hacen sistema ni tiran juntas de ningún hilo conductor. Eso sí, para ser más claro, ya que las paso, a algunas mejor las articulo un poco.

Bêgné escribe con elegante naturalidad natural elegancia. Bêgné presta tanta atención a las cosas que parece que llevara puesto el overol (de infinitos pliegues zigzagueantes) de una filósofa fenomenológica; deja hablar a las cosas en su salsa, como hacía Saer. Aunque no sabría justificarme, diría que Los límites del control es un libro astral, vegetal y blanco; sobre todo eso último: blanco, tan blanco que agujerea el corazón blanco de lo blanco. Bêgné se especializa en la construcción de atmósferas narrativa ectoplasmáticas (esas que te tocan, que te respiran en la nuca). Poner uno o dos ejemplos para que esto se entienda: mientras Víctor Maan viaja en micro a La Montaña no es que el lector siente frío, hace frío (se te eriza la piel, el aire que te llega a los pulmones está frío); Pablo midiendo con su cinta métrica amarrilla flexible, Pablo registrando hasta los detalles más insignificantes, Pablo y sus logaritmos naturales, resulta tan exasperante que exaspera. Me gusta cómo la autora de este libro usa la palabra PLANETA: “Apagás la luz y caminás por el pasillo. Abrís la puerta de tu habitación. No hay nadie, pero un cajón del placard está abierto. Lo ves desde lejos, como un planeta muy distante, de otro sistema solar” (Moonlancholia). Si escribo una reseña con todo esto, dejar al menos una frase de cada cuento para que la gente vea lo lindo que escribe Bêgné. Más allá de los contenidos temáticos o de los caminos que toma la trama para desarrollarse, por el modo en que están escritos, los nueve cuentos que componen Los límites del control reivindican el placer de la lectura per se.

  1. Cajas de humo

Luis Alberto Spinetta imaginaba un mundo posapocalíptico, un mundo al que le explotó la neutrónica. ¿Qué podrían desear los pocos que pudieron zafar? Nada les gustaría más que regresar a su tiempo de niños para ver, ¡para ver un tren! “Yo quiero ver un tren” (Mondo di cromo; 1983) es el nombre de la canción. Es también su estribillo. “¡Yo quiero ver un tren!” grita el flaco, enflaquecido aún más por su holgado sweater naranja, en su mágico MTV Unplugged (Estrelicia).  3 hombres sueñan con el tren a vapor. La misma noche de octubre de 1799, a 3 hombres se les prendió la misma lamparita… y eso que en aquel entonces Tomas Edison todavía no había nacido. Estrenándose el siglo XIX, Blinkistop, Stepson y Trevithink vislumbraron en sus cabezas la irrealidad actual de un futuro posible. Se reúnen en un bar para cotejar sus sueños.  ¿Habrán soñado exactamente lo mismo? ¿Proyectarán poner en práctica la idea conjuntamente, fabricar el primer tren a vapor? ¿En qué diferirán si es que difieren?

Los sueños siempre dicen más de lo que pensamos que dicen. La gran coincidencia resultante de los tres testimonios: la inmensa carga de futuridad que el tren parece transportar. A las pruebas me remito. Blinkistop: “Con los trenes sobre rieles, avanzamos hacia adelante, en progreso permanente”. Stepson: “El tren perfecto funciona como una flecha en el espacio vacío, sin rozamiento, pura dirección”. Trevithink: “Van hacia adelante, sí, pero a la vez vienen del pasado”.

Extrañar un tren es una cosa curiosa. El progreso se muerde la cola. En los sueños, en los tres sueños, el humo del carbón flota en la atmósfera sin sol.

  1. Ex libris

Lxs ex. Los libros. La espectralidad nuestra de cada día. Nunca está de más extender todo lo que se pueda cualquier “terapia de la felicidad”.

“No solo había que dormir con los libros: también convenía dejarlos estar todo el día en la cama, para que siguieran emanando hacia el entorno, mientras ella no estaba. Que el título se pegara a las sábanas, a su ropa, a su piel”.

  1. El sistema del invierno

Un día Foucault se preguntó: ¿Qué es un autor? Y, grosso modo, se respondió: “Bueno, es una función más del texto”. No es ninguna fuente última de sentido. No es la única autoridad competente en materia de interpretación. El tema es ir a explicarle esto a Rus, un editor obsesionado con escribir un “prólogo genético”. El tema es no dejar sin trabajo a Víctor Maan, el investigador literario que trabaja para el susodicho editor. En cierta forma, este es un cuento policial. Un escritor muerto: Teodoro Lium. Un libro póstumo: La luna angular. Un juego de relaciones, de lecturas forzadas, de con-textos. Como en La carta robada de Poe, la explicación está ahí, tan ante los ojos que no se ve.

En Los hielos en las fauces, Lium describe la vida en el polo: “No hay mímesis posible entre tanto blanco: el blanco es igual al blanco que es igual al blanco”.

  1. Problemas de botánica

Me encantó este cuento. Es originalísimo. Estoy seguro que les llegará al corazón. Después de todo, ¿quién no se envaporó perdidamente al menos una vez en su vida?

  1. Corrimiento al rojo

ENTROPÍA 2. f. Fís. Medida del desorden de un sistema. (RAE dixit).

Un filósofo francés llamado Gilbert Simondon, escribió: “Los pensadores de la Antigüedad admitían sólo los estados de inestabilidad y estabilidad, movimiento y reposo; no tenían una idea clara y objetiva de la metaestabilidad. Para definir ésta, es necesario introducir el concepto de la energía en potencial que reside en un sistema dado, el concepto de orden y el de aumento de entropía”.

Si en Casa tomada, célebre cuento de Julio Cortázar, el desalojo avanza al ritmo de una iniciativa que es cualquier cosa menos humana

El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la puerta antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.

…en Corrimiento al rojo, en cambio, Bêgné opta por prestar mayor atención a las vicisitudes propias del factor humano:

Pongo el agua y mientras espero reviso los cálculos. Me doy cuenta rápido de que el índice de desorden de esas sábanas dobladas y de esa almohada y del sillón es mucho menor que el de otros objetos. Menos uso, menos entropía; menos factor humano, menos desorden, anoto.

 

  1. Vergel

Mientras escapaba del infierno de la mano de Orfeo, Eurídice no miró ni una sola vez hacia atrás.

Esta es la historia de cómo se narra la historia de cómo se conocen dos personas que van a quererse.

“Era verano en su imaginación, y los dos iban con ropas muy livianas, y la primera vez que se miraban era para ellos un frente de viento ideal, de la misma temperatura que sus cuerpos”.

  1. Om mirín namás

Ladio se deja estar. Ladio no se puede concentrar. Ergo, como diría Charly, “No hay primavera en Anhedonia”.

“Creer en las cosas siempre le había parecido un modo bueno de vivir, pero a él nunca le había salido. Ni en el verano creía, ni en la primavera”.

  1. Moonlancholia

La luna y un pronóstico que se hace esperar. El pasado y una supervivencia holográmica.

“Hay una figura que se ilumina por su propia iridiscencia. Es el hombre del pasado. […] Come algo, cosas que en tu heladera no hay, con una boca que en verdad no tiene”.

  1. Un hombre con un proyecto

¿Qué habrán soñado los hombres más insignes del siglo XIX (como por ejemplo Darwin, Humboldt, nuestro Sarmiento)? ¿Qué habrán imaginado esas cabezas para quienes el mundo era todavía un reto, una promesa de descubrimiento? Por suerte, un hombre lo está investigando, sólo necesita que le den un poco de crédito.

Lo más difícil en todo trabajo de investigación es aventurar una hipótesis, pero nuestro hombre ya la tiene: “Mi hipótesis es que los sueños que Darwin tuvo le fueron marcando el rumbo para su teoría de la evolución”.


 

29315230_10212135589560804_7200328864323600384_o

Yamila Bêgné – Buenos Aires, 1983. Es Licenciada en Letras (UBA) y magíster en Escritura Creativa (UNTREF). Publicó el libro de relatos Protocolos naturales (Metalúcida) y El sistema del invierno (Outsider). Participó en revistas digitales de literatura, como El Interpretador y Letral, y en distintas antologías, como Una terraza propia. Nuevas narradoras argentinas (Norma), El tiempo fue hecho para ser desperdiciado. Antología urgente de nuevos narradores argentinos (Libros del perro negro) y La frontera durante (Outsider). Los límites del control (Alto Pogo, 2018) es su último libro publicado.

Foto principal: Leandro Surce]

Escrito por Leandro Surce

Licenciado en Ciencia Política (FCS-UBA), estudiante de la carrera de Filosofía (FFyL-UBA) y editor. Mención en el certamen de cuentos "Vicente López, ciudad fantástica" (2012). Primer premio certamen de microrrelatos Revista Crac!-Literatura (2013). Algunos de sus microrrelatos han sido publicados en las revistas Minificción (México, 2016), Plesiosaurio, primera revista de ficción breve peruana (2017) y Brevilla (Chile, 2017; Antología de microrrelatos policiales). Obtuvo, dentro de la categoría estudiantes, el segundo premio del "I Certamen de Ensayo Filosófico" organizado por el Departamento de Filosofía (FFyL-UBA, 2017) por su ensayo “Intemperies: Las vacaciones de Nietzsche o cómo se filosofa sin abrir el paraguas”. Pormenores (Kintsugi Editora, 2018) es su primer libro de cuentos publicado.