Mi primer acercamiento a Tania Ganitsky fue en el 2013, a través de la revista POESIA 158, donde el escritor Santiago Espinosa compiló una muestra de poetas colombianxs nacidxs en la década de los ochenta. En aquel momento ella me atraparía con el poema que apertura su libro “Cráter”: EL PASADO.

Hace poco tuve el placer de conversar con ella, y amablemente concedió esta entrevista.

  • ¿Cómo concibes la poesía?

Relaciono la poesía con la imaginación y el olvido. Es una forma de conectarme con el mundo a través de la ficción, que siempre expande, subvierte, oscurece y alumbra la realidad. No me interesa hablar sobre mi misma sino sacudirme la voz de encima, perderme en la multiplicidad del lenguaje, que es antiguo y venidero. En un cuento de Kafka, “Deseo de ser piel roja”, se narra el deseo de ser un indio que va cabalgando en un caballo, pero todo va desapareciendo: el indio, el caballo, las riendas, las espuelas… Así concibo la poesía, como un ejercicio espiritual para desaparecer y abrir espacio. ¿Para qué? Sobre todo para la interpelación.  Lo bello de un poema es la insistencia en escribirle a alguien; desde que anotamos la primera letra hay una inclinación al otro, sin importar qué se diga y aunque solo le enviemos silencio. También hay momentos en los que la vida escribe. En una película de Jim Jarmusch hay una escena en una cárcel en la que todos los presos empiezan a gritar un trabalenguas infantil: “I scream you scream we all scream for ice cream” (yo grito, tu gritas todos gritamos por helado). Hay un juego de palabras en inglés entre “yo grito” y la palabra “helado”, el caso es que todos se conectan al cantar repetidamente el trabalenguas, del que ninguno es dueño o autor, pero que lleva pronombres dialógicos que cada uno asume intercambiablemente. Además, remite a la infancia de cada uno, pero también al olvido de esa infancia porque son adultos y están en la cárcel. O es una reescritura de la infancia por esa misma razón. Se genera una verdadera revuelta que alerta a los guardias. Creo que esto también es escritura y seguro que es poesía.

El enlace de esta escena: https://youtu.be/7rK3s_BP9kE?list=RD7rK3s_BP9k

  • ¿Cómo es tu proceso de escritura?

Dependo mucho de la intuición y del azar. No creo en la escritura como traducción: no me siento a escribir sobre un instante de energía intensa o sobre las experiencias o ideas que tuve antes de sentarme a escribir. Tengo que olvidarme de las cosas y luego, con tiempo, aparecen en los poemas, aunque deformadas. Por esto no puedo escribir de viaje. Hice un viaje muy impactante con mis hermanas a la tierra de mi abuelo paterno en Ucrania y de mi abuela en Polonia, pero hasta el día de hoy solo he podido escribir un poema a raíz de ese viaje y quisiera escribir muchos más, pero no depende de lo que yo decido. Sucede así: busco un espacio para estar sola, lo que requiere también tiempo para sentirme así de sola. Escribo. Me guían mis manos, mis muñecas. Mi cuerpo se conecta con la imaginación y el olvido. Es como si no me diera cuenta de que estoy escribiendo pero sí, estoy completamente lúcida porque no es escritura automática, estoy pensando en el orden de las palabras, en su significado, en su sonido, en cambiar de línea, en el ritmo, en la puntuación. Voy y vuelvo al diccionario. Pero no sé de qué estoy hablando exactamente. Cuando termino lo leo y me sorprendo. Al día siguiente no me acuerdo de lo que escribí, al menos de que haya dejado algo incompleto por cansancio o interrupción.

  • ¿Cuál cosa/poeta/persona/obra sientes que ha tenido una influencia en tu poesía?

El judaísmo de mis abuelos, sus silencios y lenguas, su pasado; el bilinguismo, porque mi lengua materna es el inglés, aunque me crié en Colombia hablando español fuera de casa y con mi familia paterna. Estos factores contribuyeron a formar una sensación de desarraigo que la poesía me permite explorar. Y no es que busque compensar esta ausencia construyendo una morada en el lenguaje sino todo lo contrario: en la poesía encuentro la fiesta en el centro del vacío, como escribió Roberto Juarroz.

  • ¿En qué otras expresiones artísticas has encontrado poesía?

En todas. La que más me impresionó recientemente fue una instalación de realidad virtual creada por Laurie Anderson que se llama The Chalkroom.

  • Un texto de tu autoría que me encanta, con el tiempo vivió algunos cambios, aunque para mí sigue siendo maravilloso. ¿Consideras que es importante trabajar los poemas y macerarlos en el tiempo?

Sí. Aunque hace poco leí una entrevista que le hace Adrienne Rich a Audre Lorde en la que Rich le pregunta si un poema acaso llega a terminarse. Lorde le dice que sí, que no son de plastilina. Estoy de acuerdo, hay poemas a los que no hay que hacerles nada. Pero hay otros que pueden seguir mejorando, creo que este es el caso que describes. Por otra parte, me he dado cuenta de que se puede trastocar el sentido de un poema según los poemas que lo rodean. Así, se podría hacer más de un libro con los mismos poemas, solo cambiándolos de sitio, jugando con las agrupaciones, las secciones. También aprendí esto de Emily Dickinson. Ella escribía varias versiones de sus poemas, se quedaba con alguna y enviaba otras a diferentes destinatarios en cartas y en diferentes partes de las cartas, a veces sueltos y otras veces incorporados en la prosa misma del mensaje. Entre una versión y otra cambia el sentido del poema, el rol del sujeto lírico, el tipo de final: puede ser abierto o cerrado según el modo en que se incorpora en la carta o de la puntuación que varía entre una versión y otra.

  • ¿Qué significó para ti la publicación de Cráter?

Cráter es el resultado de un proceso misterioso de escritura y diálogo, de comparitr el trabajo de la creación con otro, porque está hecho a cuatro manos con el artista José Sarmiento. Lo más bello del proceso fue que ambos experimentamos una suerte de afinación estética muy intensa por medio de la cual encontramos un tono que queríamos explorar, representar y sostener a lo largo del libro en la conexión entre los grabados y los poemas. Lo logramos a partir de la comunicación: nos llamábamos todos los días, compartíamos anécdotas, música, libros, películas y nos metíamos mucho en el trabajo del otro. Aprendí a hacer un libro, porque siempre se me ha hecho difícil aceptar el concepto de unidad que implica o impone, pero hecho a cuatro manos se transgrede esa unidad con extrañeza y pluralidad. Por otra parte, el prólogo está escrito por Lucas Ospina, un artista. Eso es significativo porque trabajar con José fue una forma de llevar la poesía a otros circuitos y apelar a otros lectores. También fue mi primera vez trabajando con una editorial joven e independiente, La Jaula Publicaciones; al principio tuve miedo e inseguridad, pero después entendí que estas editoriales contribuyen a romper con la solemnidad pretenciosa, conservadora y aburrida de la institución literaria.

  • En varios de tus poemas aparece la imagen del fuego ¿Qué relación tienes con este elemento?

Fascinación.

Recuerdo una vez en la que mi hermana mayor y yo prendimos una chimenea juntas. Me dijo que había que rezarle a las salamandras porque ellas bailan para encender el fuego. Se inventó una plegaria y la repetí. El fuego prendió rapidísimo y puedo jurarte que las vi, muy pequeñitas, verticales, saltando de una patica a otra, rojitas como las llamas, hechas de llama pero con un poquito de baba. Yo tendría alrededor de 10 años e incluso hoy cuando voy a prender una fogata o chimenea le hablo a las salamandras, les pido el favor de ayudarme. Si se me olvida me siento desagradecida. En una época lo veía como algo sagrado, es sagrado, pero sentía que lo sagrado me impedía escribir sobre él. Pensé muchas veces que no había nada más difícil en el mundo que escribir sobre el fuego, pero de un momento a otro mis poemas se llenaron de él, no sé cómo, pero no quiero apagarlo.

  • Tengo entendido que resides en Inglaterra, donde también estudias. ¿De qué manera crees que ha repercutido el cambio geográfico y cultural en tus poemas?

Tengo una sensación de decadencia constante, del mierdero global; estoy muy cerca de la ciencia ficción aunque no soy lectora de ciencia ficción. Me he dado cuenta de que la idea del fin del mundo es plástica, estética, de que el mundo ya es de plástico, residual. Siento dolor con más intensidad. Todo esto empieza a manifestarse en mis poemas, que han perdido una relación con lo sagrado que la poesía en Colombia preserva. Pero también he encontrado nuevas imágenes y formas de belleza: la nieve, otras razas de perro (como el Whippet peludo), las campanillas azules y los narcisos amarillos de la primavera, los días largos del verano y las noches largas del invierno, la amistad entre extranjeros. Inglaterra es un lugar ideal para caminar, hay senderos por todas partes que incluso atraviesan propiedades privadas, algo impensable en Colombia. Espero que esta libertad de perderse sin miedo empiece a crecer en mis poemas.

  • ¿Estás trabajando algún libro en este momento?

Estoy trabajando en un libro, Desastre lento, que contiene poemas de los últimos cuatro años, lo empecé paralelamente a Cráter y es como hacer zoom en algunas partes de ese libro. O quizá Cráter fue el zoom. Se me ha hecho durísimo trabajar sin imágenes, porque los poemas corren el riesgo de ser demasiado ellos mismos y carecer de extrañeza.

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Tania Ganitsky (Bogotá, 1986). Profesional en Estudios Literarios con maestría en Filosofía y en Literatura. En el 2009 ganó el Concurso Nacional de Poesía de la Universidad Externado de Colombia con la selección de poemas El don del desierto. En el 2014 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Obra Inédita con su primer libro: Dos cuerpos menos (2015). Actualmente cursa un doctorado en Filosofía y Literatura en Inglaterra y adelanta una tesis sobre Emily Dickinson y Paul Celan.

 

Escrito por Virginia Moreno Goitia

Poeta y docente. Licenciada en Educación, mención Lengua y Literatura, por la Universidad de Carabobo. Ha participado en diversos talleres de escritura y creación poética en el Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo. Textos suyos han sido publicados en diferentes revistas digitales como Digopalabra, POESIA y La Caída. Participó en el I Encuentro de Poetas Jóvenes de Venezuela, de cuya antología forma parte. Autora del libro Retorno (NSB, 2016).