A la memoria imperecedera de
Gilma Celeste Batista Paniagua (1933-2013):
en la  certeza de lo perdurable.

Llévame donde pueda,
abuela, dormir,
si fueras a volver, llévame allí.
De una canción de Malpaís

 

Sin título-1

/uno/

Esa mañana
parecías pez que boquea desesperado
atrapando trozos de aire

y yo allí
viendo cómo te vas abuela
como tu cuerpo de girasol se marchita en un día de marzo,
como tu alma se escapa despacio por las ventanas,
como me abandonas
en esta soledad            naufragio y temblor.

/dos/

Galopa la brisa con la muerte en la grupa.
Pedro Mir

 Desde  la oscuridad del viento,
desde  los puños del viento y de sus brazos,
desde el agua tibia que azota los murmullos
viene la muerte
sacudiendo las celosías de la mañana
vapuleando a los almendros que bailan como doncellas ebrias;
de los volcanes,
de los árboles y sus raíces de sangre,
de las piedras inmóviles,
de las hojas esparcidas en las que se arruga el sol,
y de las tijeras arbóreas que rascan al cielo.

De los bordes del día, quizás,
de la arena que apretuja pasos,
de la ancestral levadura luminosa,
de la grieta más oscura entre los astros
llega el marmullo lancino de la muerte,
la decrepita esperanza
y dios, desde su sillón, sembrado de lágrimas, ríe.

/tres/

Soy casi temblor
que trenza las silabas de tu nombre
camino por  estas calles
asesinadas por la falta de tus pasos,
por estas esquinas moribundas sin el roce de tu sombra.

/cuatro/

Un pequeño gramo de luz,
un insecto de luz
traspasa la aurora
atraviesa esta marisma atristada
pretendo deshacer las memorias
mientras una estrella se desploma
y cae a mis pies
deseo contarte el millón de palabras
que han taladrado mi boca
mientras el llanto es ventarrón en mis mejillas.

/cinco/

La muerte              ese azar necesario.
Enriquillo Sánchez

Detrás de cada puerta está la muerte
y las preguntas que calan la mañana:
¿Cómo  ha ocurrido?
¿Cómo ha  sido tan vertiginoso, tan etéreo?

Antes de que el monstruo atravesara tu nombre
no vi a las calandrias que retozaban en tus ojos
ni percibí el aroma de la yerbabuena empapando la tarde
he visto a la muerte burlarse de mí
de mi espera por tus pasos ahogados
ahora sólo me asusta abrir una puerta y no encontrar tu rostro.

/seis/

Cargo tu nombre entre mis manos
todo tu cuerpo anidado en mis palabras
toda tu sangre paciendo en mi piel
todo tu nombre, todo:
resplandecida flor en mi lengua.

/siete/

Te busco en esos árboles de ámbar
que dicen tu nombre,
en los farallones que alguna vez
fueron navíos o chubascos
te busco, abuela, en el vientre de las mariposas
y sólo eres fuego leve en mis dedos,
soplo que no acaba,
iluminado rostro de almendra recortado en el viento.

/ocho/

Ya la lluvia es otra lluvia
todo ha transmutado
sin tu mirada.

/nueve/

Únicamente no nos dieron tiempo
para encontrar el ojo de tu muerte,
aunque fuera también para dejarlo.
Roberto Juarroz

 

Eres raíz que asciende en mi boca
tu cuerpo ausente
flota como un manojo de tierra en la memoria
preciso amontonar estos despojos de palabras inservibles
ahogadas en la distancia
como un silencio que se adentra en las horas
como bejucos en los ojos de dios
como estrellas saladas que tajean mi rostro
y esta maldita rabia que me muerde el horizonte
y este sin ti, abuela
que me golpea como la lluvia al césped
y me duermo ovillado en tus recuerdos
como un perro mojado y triste
sin más techo que la noche y sus ojos.

/diez/

¿Qué horizonte de limo es tu hábitat?
¿Qué constelación de higos pisa tus pies?
¿Qué océanos te habitan?
¿Dónde estás abuela?
¿Dónde está tu voz pequeña que ya no me nombra?

/once/

He apretujado tus recuerdos
como lluvia de pájaros muertos entre mis manos
para que te quedes aquí
hecha niebla,
hecha luz,
hecha hierba,
hecha nada.

/doce/

Si hay un dios
que venga a pagar con monedas de rocío
cada respiro tuyo
que quedó trunco en las horas
que pague ahora
cada palabra natimuerta
que flota inútil en tu pecho
si acaso existe un dios
que se siente a mi lado
a explicarme este sin ti que carcome la memoria
que venga ahora
a mirar este vacío que cala los huesos
que venga ahora
a ensordecerse con la explosión de tu nombre en mi boca.

/trece/

Jamás volveré a escuchar
el murmullo de tus vestidos
atravesando esa casa de niebla
que se obstina en seguir en pies.

/catorce/

No importa que seas ahora
jardín inundado de muerte:
eres islote que crece en el centro mismo de la memoria
eres la luminosa presencia que mora en mis noches.

/quince/

La muerte empuja por todos los costados.
Roberto Juarroz

Aquí estuvo la muerte:
puñal de hielo y resabio
que agita tu corazón entre sus manos de hiel.

 

/dieciséis/

No hay silencio más atroz
que aquel en el que tu voz
no dibuja recuerdos.

/diecisiete/

Vigila mis días abuela
porque esta noche
tu respiración no arrullará mi sueño.

/dieciocho/

Escribir pese a todo,
pese a la desesperación.
Marguerite Duras

Desde este asedio de soledad
escribo estos versos
pequeños          inútiles
pájaros taciturnos goteando de mis dedos.

/diecinueve/

¿Qué es la vida si no una rosa de cenizas
que se deshace de un soplo
o un manojo de latidos
que se escurre entre los dedos juguetones de dios?

/veinte/

¿Qué es la muerte si no una espina de hielo
clavada en el centro mismo de la existencia
o un nombre que siempre y por siempre
acecha agazapado en la esquina de la memoria?

/veintiuno/

Junto a mí las acacias están calladas
las mariposas que llenan la tarde también están calladas.

La lluvia se detiene y regresa:
no quiere ver esta tristeza atroz que me cubre.

/veintidós/

Ahora duermes,
ahora eres sombra,
ahora los peces que dormían en tus ojos son astros.

/veintitrés/

No hay un solo día abuela
en que no sienta el aleteo de tu voz
en mi memoria.

/veinticuatro/

¿Cómo cierro esta puerta?
¿Cómo pongo postigos de silencio para encerrarme en esta solitud?
¿Cómo me despego tu nombre, animal de luz que pasta en mis poros?
¿Cómo respiro en este silencio sin tu voz que me ahoga?

/veinticinco/

Aquí no hay nada
sólo este dolor que maúlla en la noche
como un gato desamparado y solo.

 

/coda/
[canción de la muerte jubilosa]

Quiero decir
que la muerte de tu cuerpo
es un accidente reparable
una palabra asoma
pero es azotada por la nada
y desaparece
tras el ventanal
se escucha la avanzada victoriosa
sobre tu cuerpo de cera y gritos
sobre tu cuerpo abuela
caído de bruces sobre lo indecible
que velamos esta noche
sin que importe la algarabía jubilosa de la muerte.

Padre Las Casas, Azua, República Dominicana
a 19 de marzo de 2013.

 

Escrito por Luis Reynaldo Pérez

Poeta, editor, gestor cultural y curador de arte dominicano nacido en Santo Domingo, República Dominicana en 1980. Ha publicado seis libros de poesía entre ellos Temblor de lunas (Santo Domingo: Ediciones de Cultura, 2012), ganador del Premio Nacional de Haiku 2001; Urbania (Santo Domingo: Editorial Funglode, 2013), con el que ganó el Premio Internacional Pedro Mir de Poesía 2012; y Ciudad que alucino (Madrid: Amargord Ediciones; 2016). Además publicó los poemarios infantiles Lunario (Santo Domingo: Alfaguara, 2014) y Día de lluvia (Santo Domingo: loqueleo, 2017). Compiló las antologías Material inflamable: 30 poetas dominicanos del siglo XXI (Santo Domingo: Editora Nacional, 2014); Sobre un costado del planeta: muestra de poesía dominicana 1970-1990 (Ciudad de Guatemala: Catafixia Editorial, 2015); y El futuro es ahora: 15 poetas dominicanos (1991-2002) (México: Revista Punto en línea # 67 (UNAM), 2017). Textos suyos han sido publicados en revistas nacionales e internacionales como Aurora Boreal (Dinamarca), Alhucema (España), Sieteculebras (Perú), Plesiosaurio (Perú), Casapalabras (Ecuador), Cráneo de Pangea (Ecuador) e incluido en antologías como A la garata con puño: poesía dominicana actual compilada por Ariadna Vásquez Germán para “Punto de Partida”, (UNAM, México, 2012); Cerezo en flor: Breve muestrario de haiku, compilada por Deidamia Galán (Ciudad de Guatemala: Letra Negra Editores/Ediciones Ferilibro, 2013); Zile a /La isla. Antología de jóvenes poetas haitianos y dominicanos, compilada por Ankhi Ken-Herou (Santo Domingo, 2016); Ni pena ni miedo. Homenaje a Raúl Zurita. (La galla ciencia, n. 7, España, marzo 2017); En tránsito. Antología de la cuentística dominicana actual (1970-2017). Selección y prólogo de NanChevalier. (Madrid: Amargord Ediciones, Colección Autores Dominicanos, 2017), entre otras. Ha sido parcialmente traducido al japonés, al francés, al inglés y al creole.