una terraza a medio acabar

daba a la calle cerrada

donde parqueaban los carros del barrio

me extendía

y conmigo

mis banderas

    sábanas limpias que me metía a la boca

(para probar su sabor a limpio)

todo

me pertenecía

 

amplia

abierta

 

hasta que un día

quedé detenida frente a una pared invisible

 

obligada a hablar

de mi raza

de mi procedencia    

mis apellidos     

los motivos de mi viaje

 

tan angosto

todo

 

obligada a esperar

acatar

quieta en un cuarto en donde no cabía el aire

 

y mi nombre

tan ajeno en ese momento

rebotaba contra las paredes y contra mi

acusándome         

desnudándome

haciendo que me pusiera en cunclillas para comprobar

que no había nada en mi cuerpo que quedara oculto

 

         con minucia quirúrgica

esculcado en sus secretos y su pasado

“¿cuántos lunares tiene? ¿cuántas marcas de nacimiento?”

mientras yo lloraba

pidiendo misericordia por un crimen desconocido

 

todo

 

terminó

 

sobre el atlántico

 

sola

lejos

mermada

diminuta  

el final

 

venía en una bolsa

notificándome

el cierre de las fronteras

                         (imposibles)

de mi primer y único reino

Escrito por Laura Andrea Garzón G

Poeta en proceso. Literata y maestra en arte. Escribe para vivir. Investigadora de la cotidianidad. Jardinera, panadera y encargada de la casa. Come con cuchara los domingos, lee cómics a deshoras y viaja cuando nadie se da cuenta.