El compositor y director paraguayo, José Ariel Ramírez Duarte con treinta y tres años de edad, regresó a su tierra guaraní luego de diez años de radicación en Buenos Aires, para preparar el estreno de la primera pieza de su tríptico sinfónico. Narrada por un quinteto de vientos de madera, como solistas, su obra, de lenguaje contemporáneo, utiliza elementos electroacústicos y toma como musas a temas tan diversos como la atmósfera alrededor de un conflicto bélico, el célebre personaje de la mitología griega “Orfeo” y el cuento “El Baldío” de Augusto Roa Bastos.

¿Cuál es tu primer recuerdo relacionado con la música?

Mi primera experiencia fue cuando ingresé al conservatorio. Si bien, previo a eso yo ya estaba estudiando con mi hermano de manera particular y mi papá toca la guitarra popular, es aficionado, no se dedica a la música. Lo que recuerdo es que la música siempre estuvo presente porque mi papá escuchaba opera y siempre me pareció curiosa la manera en que se entonaba. Por ejemplo, escuchaba cancionetas italianas, creo que eso me marcó porque lo que más me gustan son las canciones italianas. Aunque ahora creo que la manera de cantar y de interpretar, por ejemplo la guarania, tiene mucho que ver con la cancioneta italiana. Cosa que a lo mejor, debe ser mi percepción, por lo que fui construyendo

Tuviste un inicio muy tradicional.

Bien tradicional, de conservatorio porque ingresé muy joven, a los 9 años. Yo me fui a probar, mi hermano, Héctor, quien también es director, es realmente quien fue a la audición. Ingresamos los dos, a partir de ahí no paré nunca más.

¿En qué momento de tu carrera se produce el quiebre que te impulsa hacia el estilo contemporáneo?

Eso fue un poco tardío porque hasta terminar el colegio a mí no me gustaba la música, de hecho me costaba estudiar. Por eso considero que a los chicos no hay que darles la opción de elegir. Recién al terminar el colegio empecé a dimensionar lo que era como carrera, me empecé a fanatizar y obsesionar. También estudié derecho en Paraguay, hasta el tercer el año. Siempre recuerdo la sugerencia de un maestro italiano que vino en esa época a Asunción, decía que si uno quiere ser realmente bueno, debe dedicarle todo el tiempo y toda la energía a la actividad que uno elige. Eso me marcó, creo que se puede hacer las dos cosas, pero a mí me gusta involucrarme con toda la energía en una sola actividad.

¿Y con relación a la música contemporánea?

En el caso de la música contemporánea se produce por una necesidad de repertorio. Cuando trabajaba en la Instituto Municipal de Arte, dirigía la orquesta juvenil y quedé como asistente de dirección. No había mucho repertorio en esa época, no teníamos el acceso a internet que tenemos hoy día y ante esa necesidad empezamos a explorar la composición. Como habíamos tomado clases particulares, empezamos a componer y presentamos las obras. A partir de ahí conocí todo un mundo que para mí fue lo más importante porque aprendí más ahí que en el conservatorio.

No hay maestros para esta formación.

Lo que hay son profesores de técnica, esto sucede en la dirección y en la composición. Yo, por ejemplo, estudié composición en Argentina, sin embargo no te enseñan composición, te enseñan la técnica. Y uno debe optar por el camino, ser curioso constantemente y elegir. En la música contemporánea encontré algo que me identifica e identifica a nuestra realidad.

¿El lenguaje musical del estilo contemporáneo es más personal?

En la música mal llamada contemporánea hay distintas etapas, a partir del siglo XX empieza a romperse todas las estructuras clásicas. En el principio yo creo que existía un lenguaje en común entre compositores, pero me parece que en la actualidad cada uno busca su propio lenguaje y eso me parece que es lo más interesante, porque uno no renuncia al clasismo o al romanticismo, sino tal vez se trata de yuxtaponer los estilos. A mí me gusta la ruptura y la vanguardia.

Compositores contemporáneos están componiendo, por ejemplo, sobre eventos históricos de sus países, pero en tu trabajo están muy presentes obras literarias ¿Cuánto puede la literatura marcar a un músico?

La inspiración del músico no siempre tiene un programa, lucho en contra de eso porque yo compongo mucha música que no tiene inspiración literaria. De hecho ahora estoy frecuentando a un colectivo de artistas que se llama Wandelweiser, que es un grupo alemán que explora el sonido de manera rústica, sin ningún tipo de contenido. En este caso en particular, tiene que ver con mi afición a la literatura, como yo nunca compuse música con ritmos folclóricos. De hecho la música popular, si bien, valoro, no me interesa como lenguaje propio. Yo creo que la música paraguaya académica debe pasar por otro rumbo, creo que por eso justamente no se puede romper esa hegemonía que existe dentro de los ritmos populares. No podemos salir de la guarania y la polca.

¿Cómo influye esto en el público que está acostumbrado, tal vez, a consumir lo que le ofrecen los lideres musicales?

Más que la importancia que ejerce la música o el programa en el público, podemos hablar de la responsabilidad que tienen los líderes musicales, en ese caso, a la hora de programar las obras. Otra crítica que tengo hacia Paraguay es que siempre son las mismas obras. Desde que yo tengo memoria, la programación está estructurada en base a obertura, concierto, sinfonía. Hoy en día se quiere hacer creer que para obtener más público, uno debe adaptarse a él. Para mí es al revés, uno debe imponer y el público debe educarse más para poder apreciar las obras. Yo pienso totalmente lo contrario de lo que se está haciendo acá.

¿Tu nueva obra, basada en “El Baldío” de Roa Bastos, es de ese estilo también?

Todas mis obras son de estilo contemporáneo. “El Baldío” forma parte de un tríptico sinfónico, son tres obras que las voy a estrenar este año. Ahora con la Orquesta Sinfónica Nacional voy a estrenar una obra que se llama “El lado oculto de aquella noche”, inspirada en la noche previa al 1 de marzo de 1870. Después la segunda obra, que la estreno en Argentina en abril con la Orquesta Municipal de Florencio Varela, se titula “Orfeo en el Estrimón”. Y la tercera es “El Baldío” con la Orquesta Sinfónica del Congreso Nacional. Lo que tienen en común estas tres obras es que todas están inspiradas en un contexto literario.

¿Cómo se desarrolla esto?

En primer lugar, sobre “El lado oculto de aquella noche”, tiene un halo histórico. Es idea original de José Asunción Flores, quien quería componer una obra y la llamaría “La noche antes”, si bien no me gustó mucho el título, sí la idea. El problema que surge de ese disparador es que hoy en día en nuestra cultura no leemos mucho. Mucha gente desconoce el valor histórico de lo que sucedió en nuestro país con relación a la guerra de la Triple Alianza. Una manera de hacer llegar eso al público en general es introducir estos pequeños momentos históricos. Creo que mi función es intentar hacer comprender a la gente que no está habituada a la música contemporánea y hacerles entender que el lenguaje contemporáneo sirve para eso. Que cada época interpreta, a su manera, los sucesos históricos. La obra tampoco es cerrada o abierta, es indeterminada.

¿Cómo se relaciona tu música con la literatura?

La música, para mí, es una narración sonora y cualquier narración tiene un relato cronológico, pero yo no lo utilizo. Voy saltando de época en época, haciendo un relato no lineal. Utilizo el quinteto de viento como narrador omnisciente. Con relación a esto, me parece sorprende cómo un ente puede ver todo lo que sucede y me pareció el quinteto de vientos, formado por la flauta, el oboe, el clarinete, fagot y corno. Es como un ser sobrenatural de cinco cabezas, de los cuales cada uno interpreta a su manera. Eso espero que suceda con el público, que cada uno interprete a su manera y quite sus propias conclusiones de lo que sucedió o se imagine lo que sucedió en ese momento. Y la orquesta en general es como un coro que comenta o se impacta por lo que van relatando estos personajes. Digo estos personajes pero es uno sólo, el narrador omnisciente.

¿Por qué un quinteto de vientos?

Yo no quiero darle la función a un solo instrumentista porque no me es suficiente. Entonces esos cinco instrumentos forman un cuerpo, van a relatar las historias y la orquesta cumple otra función. Por ejemplo, en “El lado oculto de aquella noche” al mismo tiempo hay tres tiempos distintos, el del presente, el de la noche antes, este describe la quietud, eso va a hacer la orquesta. En cambio, el narrador, el quinteto, va a deambular entre el pasado, el presente y el futuro, lo que vendrá, que va a ser una tragedia. El quinteto es, en general, el que se mueve más, en cambio la orquesta tiene una función estática. Esa es una característica de mis tres obras por más que tengan títulos distintos. Siempre en la obra hay un quinteto de vientos narrador y una orquesta que comenta.

¿El juego con el tiempo es posible en tu obra basada en el cuento de Roa?

Es la misma estructura con “El Baldío”. Yo encuentro algunas particularidades en ese cuento. Una de ellas es el trabajo con lo opuesto. Fijate que habla de la noche y los relámpagos, que son la luz y el día, habla de un vivo y un muerto, habla de la quietud de uno y del movimiento de otro, todos son opuestos. Entonces el trabajo en esa obra, a diferencia de la primera que voy a estrenar es la oposición. También es una narración no lineal, como en el cuento uno por darle un orden debe ser lo más lineal posible, yo voy a evitar eso, no quiero que la gente asocie ‘acá sucedió tal cosa’, eso no me gusta. No quiero imponer eso al público, quiero que cada uno piense lo que quiera en cualquier momento. Utilizo en las tres obras leitmotiv (motivos característicos), en el caso el “El Baldío”, como son personajes anónimos, eso me da pie para pintarlos con cualidades muy vagas dentro de la música.

¿Qué disfrutas leer?

Leo mucha literatura clásica de la Grecia antigua, de hecho soy amante de la tragedia griega. Mis tres obras tienen estructura de tragedia griega. El narrador omnisciente funciona como un corifel, el que relata. Me encanta la tragedia griega. Me gustan las obras que tienen un relato no lineal, donde hay mucha digresión, porque esa es una característica de nosotros los paraguayos, nos cuenta hilar la oración. Entonces, me parece que más que componer en polcas y guaranias, me gusta ver esas cualidades que uno no las expresa tanto y que sin embargo están presentes. Ese también es un motivo por el cual he optado por la narración no lineal. Va saltando y disgregándose todo el tiempo, eso somos nosotros.

Anteriormente te describiste como alguien ecléctico.

Sí, yo escucho de todo. Creo que un músico académico debe poder apreciar todo tipo de música. Me gusta la música renacentista, vocal franco flamenca, barroca, o sea de cada época trato de aprender algo.

¿Disfrutas de alguna manera estilos no tan cultos, simplemente por placer o por ocio?

Honestamente yo desde que terminé el colegio dejé de escuchar música no académica. Pero sí escuchaba rock, Pink Floyd, The Beatles, Queen, que tiene una onda pop. El problema de ese tipo de música es que no construye y para mí el arte si no construye no es arte, es un entretenimiento más. A mí no me gustaría componer para que la gente me escuche cocinando. Esto no me gusta, música de fondo no me gusta (de fondo suena bossa en el café). Para mí la música es algo que te hace pensar, que te modifica como persona.

¿Ese es el rol comunicador y educador de la música contemporánea que comentaste?

Exactamente, yo lucho en contra de la música funcional, porque el arte no es lo que la mayoría hoy en día toma como entretenimiento. Si el arte es entretenimiento no es arte. Yo si voy a ver un cuadro quiero que ese cuadro me deje algo o si leo algo quiero que ese libro me impacte, quiero aprender algo. Quiero ser mejor persona a través del arte.

¿La música en función al mensaje o viceversa?

La música puede funcionar en ambos casos, hay música programática con un mensaje específico. Pero también hay otro tipo de música, que no tiene que ver con un mensaje, tiene que ver con el sonido puro y apreciarlo. A mí me gusta mucho la música que tiene que ver con el arte de trabajar con el sonido simplemente.

Esto aun así envía un mensaje sensorial.

No es el mensaje habitual que uno espera de la música. Creo que la música y la comunicación están ligadas. No veo la música como un no mensaje, la música siempre contiene un mensaje.

Escrito por Jéssica Cohene

Caacupé, Paraguay (1989) Estudia Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Asunción. Participó en la antología internacional de cuentos eróticos Lascivia Textual (2012). Trabajó como editora de la sección cultural del periódico El Informador y como redactora en varios medios impresos y digitales de su ciudad natal.