La presencia del sol se anuncia desde la tapa del poemario. Luego y antes de ingresar al poema Hormigas, el texto se nos anticipa con una cita de El extranjero de Camus que dice: “Mezclando un poco las palabras y dándome cuenta del ridículo dije rápidamente que había sido a causa del sol”.

Bea Lunazzi nos ofrece con este acápite una clave de lectura donde el sol, elemento mítico por excelencia, funciona, así como en El extranjero de Camus, como un organizador y generador de acción.

Partiendo entonces de dicha premisa,  así se abre Hormigas:

Un hilo de fuego / tajea el verde / la luz da paso

Aquí el sol abre, de algún modo, dos veces el paso. Lo doble acompañará todo el desarrollo del texto. Nos permite entrar en el escenario de Hormigas y permite que inicie la acción, la habilita:

la luz da paso/ una hoja de tilo / una hormiga dispuesta / a las siete de la tarde /la forma del verano, continúa diciendo.

Esta presencia constante también indica que el sol está cerca, tal como corresponde con la estación; el verano y por otro lado, el tiempo que marca el sol enunciado en el texto como un elemento generador de movimiento pero también organizador del tiempo. Aquello que mueve y con su doble movimiento modifica la luz. Ese movimiento solar organiza el texto en dos momentos, todo el día hasta las 7 de la tarde se genera acción, movimiento. El segundo momento, pasadas las 7 de la tarde se mencionará más adelante.

El inicio que acabamos de citar vuelve a remitirnos a un sol que dialoga de algún modo con el de El Extranjero cuando dice  “tajea el verde”, como una hoja metálica, tajea, abre.

Este sol que también interviene para expandir los sentidos y como esa etóloga que pensamos pero también como si llevara consigo el ojo desnudo de una cámara, Bea Lunazzi logra que lo más ínfimo e invisible cobre enormes dimensiones e irrumpa en un primer plano:

a las siete de la tarde / la sombra de una hebra se agiganta / brota el hormiguero / se enciende el pasto / la tierra encandila

La luz del sol no sólo expande los sentidos, también agiganta la materia, la extiende, la dilata y vuelve así a dialogar con ese sol que transforma la materia en El Extranjero de Camus:

Los haces al ras / lustran el negro / lo prolongan –  dice la poeta

La repetición, la acumulación, la sinécdoque entre otras tejen de modo perfecto la Enorme dimensión que adquiere lo que era ínfimo pero que aquí es gigante y que surgen de estos primeros planos que se mueven y mastican bajo nuestros ojos, casi pareciera al unísono, una impresión que emana de estas figuras al servicio de, que generan un efecto multiplicador otra vez de lo que se lee y nos lleva al ritmo que el texto va adquiriendo. Cito poema completo:

hojas en las bocas

de los hormigueros

de las hormigas

bocas que mastican

maceran

deshojan

ojos como bocas

colonia de bocas

de ojos

de hojas

degluten

fermentan

insisten.

 

 Insistir a través de la repetición de acciones incesantes e impersonales realizadas por bocas hasta que sólo son verbos los que llevan a cabo la acción, deglutiendo, fermentando. Cuando la poeta conjuga esta acumulación con lo agigantado en este poema citado, nos remite, nos empuja también al exceso, a la superabundancia y hacia aquello que crece con desmesura: la voracidad. Esta voracidad que se dice y avanza desde todas las formas como por ejemplo así:

el sendero se bifurca / una y otra vez /forma un itinerario voraz / el verde / una y otra vez / dibuja la resistencia…

Una y otra vez insiste esa expansión de los sentidos y ya nos encontramos ante la infinitud, ante aquello que no termina.

Dice Lunazzi: en la negra columna / no hay primera / no hay última.

Cada acción que se enuncia en Hormigas se despliega, se expande, se multiplica, el texto se construye en esa repetición de los movimientos, en la insistencia de lo que crece sin límite. Mientras vamos alcanzando la sensación de lo ineludible, estamos inmersos en una atmósfera asfixiante, cito:

Blanco en lo negro / deformidad / colgajo de heces / fermento / tuerce / babea / crece / crece

Hasta dejarnos en el borde del mundo, de la vida:

Otro mundo dentro del mundo. / El cadáver retorcido / devuelto a la superficie.

Tanto este ir y venir interminable como cada accionar de un sin número de hormigas están regidos por el sol. Ellas actúan incesantemente y al mismo tiempo están enajenadas de todo hacer. Simplemente hacen y cada hacer lleva la marca de lo alienado, nos dice Lunazzi autómatas van.

Rasgo que se encuentra en estrecha relación con Mersault, protagonista de El Extranjero, ajeno de sí que no se rebela a su destino, que no interviene, funciona como un autómata, enajenado de su obrar, un obrar sometido al sol, cito:

rito / de una tras una / sin rebeldía / sin creación…

Podemos pensar que estas hormigas podrían responder al texto del mismo modo en que lo hace la cita.

El texto de Bea Lunazzi funciona y se construye tal como trabajan las hormigas. En un efecto espejado la poeta multiplica la materia con la que trabaja. Así como las hormigas trabajan para multiplicar el alimento y acumularlo, Hormigas  reproduce todos los efectos de acumulación y repetición. Y genera el ritmo propio del escenario, tal como lo anuncia esta suerte de epígrafe ya hacia el final: El ritmo es la rutina de la acumulación.

De este modo Bea funde y nos entrega lo esencial, nos da paso al cierre del texto. Así como la presencia del sol habilitó cada acción, cada movimiento y cada expansión, ahora la poeta nos pone ante su efecto retrógrado, donde el efecto de la luz actúa nuevamente sobre el texto. Baja el sol, baja el ritmo, pronto todo se aquieta: Vuelven en sí, dice la poeta.

Como un organismo perfecto, Hormigas respira, se mueve y retrocede a causa del sol. Aquí no hay lugar para el azar. Lo doble multiplica y Bea Lunazzi conoce a la perfección  el modo sutil y al mismo tiempo contundente de espejar el mundo que ella quiere concebir y la estética de lo que será concebido, como un delicado orfebre insiste en buscar la materia más noble:

El hormiguero es un

individuo

una ilusión de hormigas

multiplicadas

Carolina Massola

 

Hormigas, de Bea Lunazzi. Publicado por Modesto Rimba

Escrito por Carolina Massola

Buenos Aires, 1975. Poeta y traductora de francés, publicó "Estado de gracia", Ediciones del Copista, 2009; "La mansedumbre del pez", Zindo & Gafuri, 2013 y "Planetaria", Modesto Rimba, 2016.