¡UNA PALABRA TUYA VASTARÁ PARA SANARME!

Boy se escucha en silencio y trata de entender lo que aterradoramente está diciendo… Boy está modificando la concepción errada de la certidumbre como verdad inamovible. De acuerdo a las palabras de Boy las certidumbres están sujetas a mutaciones imperecederas. Boy no se refiere a la palabra sino a una palabra, porque la palabra está emparentada con la sombra del tiempo, con nuestra debilidad por el trayecto; pero una palabra está exenta de él. PALABRA es totalidad y es fragmento (ahí estriba su naturaleza bifronte). La herida abisal o el dolor de Boy es como su ser, excesivo; así la noción de bastar en Boy (escrita con v y no con b) está más cerca de la vastedad que de la suficiencia. En Boy la palabra no es suficiente, es vasta. Lo que Boy clama a Ines es la unidad, el continuum de la palabra que se propaga multidireccionalmente desde su centro indeterminado. Boy espera el afuera para volver adentro, soñando con una lengua que lama sus heridas cicatrizadas en palabras.

Cada escrito recopilado y desperdigado en este tempo visual es una herida que se abre como una gran boca devorando lo que no se dijo o lo que se dijo y no se escuchó. Si nos hemos atrevido a pescar las palabras de esa gran boca, caminando una y otra vez sobre la misma lengua letra voz, es porque hemos sido bautizados por una huella aparecida en una isla que no acaba ¿utopos?

El no-lugar de las palabras potencia nuestra convicción de que el silencio es mucho más de lo que podríamos nombrar. Como le sucedió a Galatea[1] al ver a Acis: la imposibilidad de pronunciar (¡traducir?[2]) el rostro que más amamos nos lleva a la trasformación de/hacia lo monstruoso, donde la creación y la destrucción habitan simultáneamente ese impacto armonioso (la armonía comprendida no como calma sino como deseo, siendo el deseo una configuración de orden que establece vínculos creativos con lo otro) que configura la creación, alejándonos de toda estructura de pensamiento pre-establecida. Momentos como el de la intraducibilidad del nombre abren espacios para la revelación (la revelación como un sueño necesita de la constatación del despertar, es decir la aparición de la conciencia)…. NO DESPERTAR DEBERÍA SER QUIZAS LA MÁXIMA ASPIRACIÓN DEL HOMBRE

Sí. Sueño con Galatea, con la mudez de Galatea monstruosa ofrendada al exceso de amor que la desborda en su silencio, con Polifemo instándola a la huella suplicándole que materialice la arena con su devenir encuentro, con Acis siendo río y mojándome los párpados que abrazan la visión solitaria de Inés y de Boy en su artificio, en su no-ser en el mundo (nicht/niemand dasein) en este no-lugar, en el ojo perfecto de Polifemo, la insinuación de un sol que aparezca mañana en la hipótesis de un amanecer[3] que nos remonte a las visiones más hermosas, en su omisión o tristeza.

Ines, Ines repito repito un nombre que te declara sin abarcarte, Ines, Galatea, Ines, Galatea, Ines, ¡Galatea: Ines es también un cristal mudo! Galatea entre frágil y voraz se dibuja a sí misma silente y quebrantable, su vulnerabilidad nos seduce hasta que constatamos su fuerza y nos dejamos doblegar por ella; es a Galatea a quien los Dioses escuchan, es Galatea el monstruo rapaz, que devora y se entrega al amor. Galatea es bárbara ante el artificio, Inés es el artificio, en su mudez rota reside su poder. Ines necesita ser el chirrido del cristal que se rompe, su mudez es un antes y un después nunca un ahora, la agonía del pájaro es Ines, su belleza macabra que ansía la deformidad de todo lo que no es ella.

La deformidad[4] se presenta en Galatea como síntoma de su ofrenda. INES en un acto de desprendimiento deforma una extensión de sí misma arrancando a su único hijo de sus entrañas laberínticas a los parajes del mundo (y no se lo perdona), por eso descrea el artificio (su corazón) y posee hambre de lo que carece: fe en una monstruosidad excesiva que la ampare de su incompletud potencial (para que su perfección sea poética, Ines necesita ser aperfecta[5]). Si la fe es la certeza de lo que se espera (Hebreos 11:1), Inés espera ser monstruo como Galatea. Lo espera en acto, puesto que es la única que se comprende y se abarca a sí misma, que sabe de su substancia: los pasos por venir los pasos recorridos los calla por mero capricho mágico con el que busca envolvernos a todos, en su monstruosidad en su Polifemo en su Boy… Y sin embargo Boy se le escapa, como un puñado de arena resbalando de sus yemas  hasta reducirse al mundo. -I will show you fear in a handful of dust[6] -T.S. Eliot-, ese puñado de arena, ese miedo, describe el nacimiento de Boy.

Boy es del linaje de Polifemo, sus hermanos son los peces, su mudez es la música de su lenguaje, su mirada es un sol elíptico que se multiplica en las aguas. Boy es un narciso moderno: su espanto no le permite dejar de contemplarse, de buscar tras su ojo un ojo que se dedique a desmentirlo.

 La proyección del ojo de Boy habita dos espacios a la vez; como la palabra su trayecto es igual a 0 y su circularidad se expande en los brazos oscuros de Harpócrates[7] cuyo rostro confunde las lenguas, entrevera el sonido, potencia el susurro, escurre la palabra, desjerarquiza a los hombres. Todas las formas se deshacen en la oscuridad como la palabra en el silencio. La corporeidad se pierde y la otredad se acerca más a nuestra idea de lo uno. Entonces se hace evidente que lo identitario es una treta del mundo y que las revelaciones suceden en esta frontera entre la unidad y sus proyecciones, entre la belleza y sus rostros monstruosos. Inés es al fin el monstruo que se encarna en la espera a la que devora con glotonería ansiando hacer las distancias inexistentes. BOY añora a INES engullendo su belleza; Ines espera a Boy goteando en su monstruosidad.

 

 

Notas al pie:

[1]Nota de H.P: Un libro abierto: El Polifemo de Lucho Gong sigue robándonos las ideas… Estoy enamorado de Galatea, como ella está enamorada de Acis, quiere llamarlo y no puede, y sólo lo consigue retomar en su mudez: “Llamáralo, aunque muda, mas no sabe / El nombre articular que más querría”. Alguien me preguntó alguna vez por qué era mudo, yo elevé la mano y “dije”: si no la puedo nombrar qué sentido tiene. Ese alguien no me habla más o me entendió profundamente y abandonó las palabras o tuvo miedo y se recluyó en mí.

[2]La pronunciación y la traducción refieren a mecanismos símiles en distintas proyecciones de la palabra, una se despliega en el ámbito de lo oral y el otro mayormente en el espacio de lo escritural, ambas refieren a la sombra semántica que busca propagarse y existe en el traslado, del pensamiento a la voz, de un ordenamiento simbólico a otro.

[3]Nota del Editor: Referencia al Tractatus Logicos Philosophicus de Ludwig Wittgenstein:“Dass die Sonne morgen aufgehen wird, ist eine Hypothese; und das heißt: wir wissen nicht, ob sie aufgehen wird”.

[4]Nota de H.P: Es claro que no nos referimos a una deformidad física sino espiritual.

[5]Nota de H.P: No utilizamos el término “imperfección”, puesto que el prefijo im refiere una negación que en el caso de Ines sería inexacto. Ines no se sirve de la negación de la perfección, sino de la destrucción de su concepto para potenciar su esencia poética: uno de los atributos más espeluznantes de Ines es que no es abarcable por las categorizaciones de los mortales.

[6] Nota del Editor: Trad. Te enseñaré el miedo en un puñado de arena.

[7] Nota del Editor: Harpócrates es el hijo prematuro de Isis y Osiris, nace sin lengua por lo que es considerado el dios del silencio.

Este texto es parte del “Prólogo de Humberto Peñaloza” a las Cartas de Ines y Boy. En Creación del silencio

Escrito por María Miranda

María Miranda (Arequipa, 1986) estudió literatura en la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA) en Arequipa, Perú. Ahí co-fundó la editorial independiente Dragostea junto a Jorge Vargas y Robert Baca, e impulsó el proyecto de editorial artesanal Las Bacantes junto a Evelyn Hancco. Con Dragostea publicó veintidós ediciones entre las cuales se encuentran sus dos libros: Romané (2005) y Los velos de la derrota (2009). En el año 2011, se mudó a Argentina para estudiar una maestría en literatura latinoamericana en la Universidad de Buenos Aires (UBA). En Buenos Aires, co-editó la revista de ensayo y creación Los Juegos Verdaderos junto a Jimmy Barrios. En el año 2014, publicó su tercer libro de poesía o ensayo Creación del silencio con la editorial arequipeña Grita Ediciones, antes de mudarse a Connecticut, donde estudia un doctorado en literatura latinoamericana en la Universidad de Yale. Actualmente, impulsa un proyecto de traducción Cíclope ambicioso junto a José Darío Martínez y se encuentra trabajando en un próximo libro de poesía o ensayo: Charcas o la parábola sobre el vacío.