El dormido, quien abraza a la ausente. 

Inexistente llego a compartir el lecho, no te importa si llego incompleta allá,

a la cima donde me acobija el pasado que no dejo de lado aunque me entregue al futuro incierto.

Es eso a lo que llaman morada, donde la complicidad nos traspasa.

Nuestro tesoro son los recuerdos a medias y las madrugadas siendo yo la única audiencia de los ritmos ancestrales sonados al compás del latido eléctrico.

Antes de recorrer el desierto, te recorrí a vos trópico

con flores cubriste mis ojos, y en una burbuja destiempo me sumergí en vos, selva.

No hay jaguar que me cause temor

con vos, niebla, lluvia y mar

no hay leopardo que trepe el árbol que elegimos para escondernos de la tempestad.

…………………………………………………….

¡Huracán!

Me invocaste, isla fértil. Te azoto y doy vida, revolviendo la tierra para calmar la ira escondida.

 

Marcela Núnez, 2018

 

Fotografía de Génesis Quesada 

Escrito por Marcela Núñez

(1994, Costa Rica) Estudiante de ciencias políticas en la Universidad de Costa Rica. Integrante del colectivo CASA LOLA. Mis escritos tienen temáticas recurrentes, la muerte, el amor, el sexo, la urbanidad, la humanidad y la naturaleza. Espero que disfruten estas escenas narradas.