Aprendió a bailar

con la medianoche al ritmo

de una banda celeste.

Manos celestes donde estuvo la palabra “daño”.

Dejó la luz transitar el sexo.

Hizo la paz con la brisa cálida sobre sus pómulos.

Las calles solas e invertebradas se mecen en los labios.

Los labios encandilados para un idioma de vocales.

Las casas coloridas se derriten al final de las pestañas.

Las pestañas

lentas

en el resplandor exaltado.

Fue tierra puberal, desconcertada, invadida

otra vez.

Entendió el murmullo gris.

Murmullo gris posado sobre los residuos.

Se hizo temprano para todo.

Se hizo música, una ola tras otra, se encogió

entre la espuma y el asfalto.

Las señales en su rostro se suavizaron, se estremecieron

las irises

lentas,

lentas.

 

 

Escrito por Verónica Muñoz Rizzo

Verónica Muñoz Rizzo (1993, San Sebastián de Buenavista, Magdalena, Colombia), poeta y estudiante de sexto semestre de Antropología en la Universidad del Magdalena en la ciudad de Santa Marta.