Lucian Freud mencionó en una entrevista que “el arte debe asombrar, perturbar, seducir y convencer. La tarea del artista es incomodar a los seres humanos”. Actualmente, las obras de arte no cumplen una función didáctica como en el renacimiento. No se crean obras para educar en lo políticamente correcto al lector, o espectador, de la obra.

La verdadera obra de arte problematiza al sujeto que se enfrenta a ella, lo perturba, siembra dudas acerca de lo que ha visto, leído y escuchado. Y no sólo eso, también lo hace cuestionarse sobre la realidad, su contexto y el momento histórico, junto con sus problemáticas político-sociales y económicas, que le ha tocado vivir.

Las obras se crean para cuestionar, poner en jaque principios o creencias, dogmas, así como los prejuicios y la normalización de conductas e ideas nocivas.

229897036055212.png

La Lolita de Nabokov

Tenemos la rancia tradición de pedirle a la literatura ser aséptica, sin errores que puedan incomodar nuestra tranquila existencia en el mundo. Lamentablemente, una de las tareas de la literatura siempre ha sido ser la pariente incómoda del arte.

Como lectores nos fijamos en la estrategia narrativa, las actitudes políticas del autor, la estructura y los arquetipos de la obra, las ambigüedades semánticas. El lector busca todavía un propósito moral, cree que los libros deben tener alguna intención.

El lector juzga que una obra es buena si reta con preguntas como: ¿por qué te ha gustado tanto?, ¿por qué te hizo reaccionar así o asá?, ¿por qué las cosas pasan de una determinada manera y no de otra?

En el fondo quieren hallar en la lectura un significado, que sirva a algún propósito, una utilidad. Muchas de las veces esa utilidad es moral, como la del siglo XV.

Lolita (1955), de Vladimir Nabokov, volvió a la vida al estar en el centro de la polémica por tratar el tema de la pedofilia, la violación. En la era del #MeToo, salieron de su escondite muchas ratas pero también muchas personas que portan hachas y fuego para destruir u quemar todo a su paso, aún sin saber muy bien porqué. Aún sin leer o ver, o escuchar sobre las obras o las personas que crearon éstas.

Espero no se malentienda. No estoy de parte de ningún agresor, nunca lo estaría; sin embargo, puedo hablar sobre la obra en cuestión.

Lolita nos muestra la visión de un pedófilo. Nabokov hizo un retrato de un personaje encantador y asqueroso al que no se le ven costuras, y cuyo pensamiento manipulador y misógino opera dentro del pensamiento gringo de la American Life, visto y deglutido por un extranjero.

No puedo decir lo mismo sobre Lolita. Si bien dibuja el despertar sexual de una preadolescente, es un personaje que se ve minimizado en pos de engrandecer el discurso del pederasta, el cual es el personaje principal de la historia y la voz está focalizada en él plenamente.

lowrite

El principal problema, si lo analizamos desde esta época en donde el feminismo ha ayudado a destapar las cloacas de la violencia sexual, económica, emocional y social hacia la mujer, es la estetización de la violencia.

El discurso embellece la brutalidad del abuso sexual, el secuestro y la manipulación de un hombre de casi cuarenta años sobre una niña de doce. Basta con leer el primer capítulo y cómo el autor se distancia de la obra con el prólogo ficticio. En él, un editor nos revela que recibió el manuscrito de “Lolita” o “La confesión de un viudo blanco”, el cual lleva el seudónimo de Humbert Humbert, autor que muere en la cárcel por una trombosis coronaria.

La moral del autor se refleja en las últimas líneas del prólogo ficticio:

La niña descarriada, la madre egoísta, el anheloso maniático no son tan sólo vívidos caracteres de una historia única; nos previenen contra peligrosas tendencias, evidencian males poderosos. Lolita hará que todos nosotros –padres, sociólogos, educadores– nos consagremos con celo y visión mucho mayores a la tarea de lograr una generación mejor en un mundo más seguro.

JOHN RAY JR., Doctor en Filosofía, Widworth, Mass

lolitamas.jpg

La estetización de la violencia

Para la época, 1950, el principal gancho al lector era la romantización, y erotización, de la literatura y su maniqueísmo. La estetización de la violencia en la obra y el preciosismo de las imágenes violentas, u otras escenas, era totalmente válidas para la época en donde se empleaba una técnica preciosista para suavizar el impacto hacia el lector y poder hacer un “producto rentable”.

Leer producto en vez de libro es terrible pero es cierto. Para las editoriales, y para los mismos escritores que quieren vivir de su literatura, la obra se convierte en un producto por el cual reciben un pago y eso, no es un delito.

El problema no es la obra como producto, sino el cómo se vende y se recibe según el contexto social en que nace, se desarrolla, y el contexto individual de cada uno de sus lectores.

Para que una obra sea rentable se necesitan varios ganchos al probable lector: su portada, su título, su sinopsis (o cuarta de forros). Lolita, por donde la veamos, es un combo a la hipersexualización de la niñez.

La iconografía empleada en su portada por las editoriales, a lo largo de 50 años, para atrapar al lector va de lo “sexual implícito o a lo explícito”, según el país en donde se ha distribuido la obra.

Esta iconografía, junto con la gama cromática empleada en la portada, también han sido una estetización y romantización de la violencia, basta ver algunos ejemplos:

 

Anagrama, por ejemplo, utiliza fresas a la mitad que simulan una vulva infantil. En un póster de la película de Kubrick se utiliza un efecto de visión óptica: puede ser una “Lollie Pop” o puede ser la una vulva de niña, ¿depende de la mirada, de la sexualización y cosificación que hacemos de los objetos?

Estos mecanismos han ayudado, a lo largo de más de cinco décadas, a la romantización de la violencia sexual infantil, a la erotización o hipersexualización de la misma. Esto sin olvidar los comentarios, o cuartas de forros a la obra en donde se habla de nínfulas o púberes que “se dan a desear, coquetean y son sensuales”.

Si bien es cierto que psicológicamente hay una pulsión sexual desde la infancia, Freud dixit, este despertar sexual y su representación en los medios masivos o publicitarios, están influidos por otros aspectos psicosociales.

Uno de ellos es el cómo nos bombardean los medios sobre cómo vivir y ver la sexualidad, incluso desde la niñez. Empleando un discurso normalizado de la violencia y estetizando la misma, convierten una obra literaria en una obra vendible, rentable, a costa de daños colaterales.

Estos daños los traducimos en la desaparición, violación y asesinato de niños. De hecho, Nabokov mencionó en una entrevista que creó Lolita, basándose en el secuestro en 1948 de Florence Sally Horner, de 11 o 12 años, según algunas fuentes (aunque las noticias discrepan acerca de su edad, el apunte manuscrito de Nabokov refiere a la chica cuando fallece en un accidente automovilístico a la edad de 15 años). El secuestrador era un hombre de mediana edad.

No podemos satanizar una obra que en su discurso nos muestra la maldad en estado puro de un pedófilo. El problema radica en la normalización de la violencia y la cosificación que hacemos de los otros cuerpos.

Como sociedad compramos la idea producida de una hipersexualización de la niñez, no para un bien propio sino para terceros, en donde las ganancias se traducen a millones de dólares.

il_570xN.424042647_5od8.jpg

 

Escrito por Esther M. García

Esther M. García (Cd. Juárez, Chihuahua, México, 1987) Radicada en Saltillo, Coahuila. Licenciada en Letras Españolas. Ha publicado cinco libros de poesía, uno de cuentos y una novela juvenil. Ganadora del Premio Nacional de Cuento Criaturas de la Noche 2008, Premio Estatal de cuento Zócalo 2012, Premio Municipal de la Juventud 2012, Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2014, Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen Estrada 2017, Premio Estatal Chihuahua Cambiemos el cuento 2018, y Premio Nacional de Literatura Joven FENAL-NORMA 2018. Fue finalista del Premio Internacional de Literatura Aura Estrada 2017. Ha sido becaria del PECDA Coahuila y del FONCA JC. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, italiano y portugués.