Canto Nocturno.

 

I

 

Desperté temblando

y bañado en sudor.

 

No grité.

Cerré mis ojos.

Abracé el silencio.

 

Lo he escuchado muchas veces:

el canto nocturno

las aves distantes

el golpe en la ventana.

 

Ya conozco este sueño

(esta ajena protuberancia)

el suelo húmedo

bajo mis pies mojados.

 

Al entrar al baño no enciendo las luces.

Observo mi rostro

macilento en la penumbra.

 

Ya conozco este sueño.

 

Sé que hay detrás

de este pálido reflejo.

 

II

 

Abro mis ojos

sumido en la tiniebla.

 

Ya han pasado muchas lunas.

 

Intrusos no han vuelto

a cruzar por el umbral.

 

Si acaso lo han hecho

con rostros de otros

para ganarse mi simpatía.

 

III

 

Vagué de un lado a otro.

Busqué significados

debajo de las piedras

en la orilla de tus labios

en el pliegue de un ojo

reflejado en el espejo.

 

Pero sólo encontré

tres signos en la puerta

y un grito en la oscuridad.

 

 

Secreto malinés.

 

I

 

En el hueco de un árbol

susurré mis miedos

y los tapé con tierra.

 

II

 

Escribí una carta

sin firma ni remitente.

 

Esperé respuesta

cuatro meses y medio.

 

Al llegar

la guardé en un cajón

para no abrirla jamás.

 

III

 

Es probable que viva

como mi padre.

 

Despacio.

Paciente.

Falto y repleto

de aspiraciones irrealizables.

 

 

Sol del desierto.

 

Por mil años vagué en el desierto.

Mis labios sangraron,

mi piel se agrietó,

mis ojos ciegos, se perdieron en la arena.

Mi último aliento,

se quemó bajo el sol.

Escrito por Darya Chávez Prigorian

Venezolana. 18 años.

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