Fue alto aceptar el precio por la gracia del Rayo.

Pues qué martirio ser la mitad de un hombre ansiando completarse.
El hambre los tiene insaciables
va acabando con sus propias cosechas,
y vaciando nuestras almas.

¿Qué hacer, hijos del Sol, si son el motivo de la sangre?

No es posible evitar lo simple,
la inercia del complemento,
la unión inminente de las fuerzas que obligan a crear nuestro caos.

Como atraídas una galaxia por la otra,
impactaremos para una batalla,
nos desmembraremos el cuerpo,
arderemos bajo las inclemencias de nuestras esferas.

Al alba,
intercambiaremos estrellas.

Contemplaremos la creación.

Y podríamos ser libres.
Libres del negro agujero,
surgiríamos con el triunfo en la mano o el fracaso sobre la espalda.

Hombrecitos del mercurio, no podemos negar nuestros instintos.

Como no podemos huir de las verdades amargas.

 

 

Escrito por Valentina Villalpando W.

Capitana que nace lejos de las olas (Santa Cruz de la Sierra, 1990). Escribe y actúa.

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