Tú en mí
Para mi cuello no preciso collares, me basta con llevar colgados tus besos,
Tampoco aspiro a bufandas, me basta con lo rustico de tu barba de días,
Para mi rostro maquillaje no quiero, prefiero solo tus caricias, dibujándome sonrisas.
Quiero descubrir que fuiste hecho para cubrir mis espacios:
descubrir por ejemplo, mientras descansas, que tu cabeza calza perfecto en mi cuello
Y tus manos en las mías encajan, y que para mis dedos bastan como anillos los tuyos,
que tus ojos propician juegos de danzas entre tu sombra y mis luces.
Para mis desiertos tu sudor me basta,
Para mi espalda el espasmo de tu tacto,
Para mis labios el absorber de tu aliento, eso basta,
Para mi vientre bastan tus brazos,
Para cubrirme el cuerpo no quiero ropas, me basta tu abrazo,
Para tu mirada atenta, mi desorden.
No quiero palabras, prefiero silencios y miradas,
quiero andar al ritmo de tu pulso y juntos descubrir que vivimos,
cuéntame un cuento y hazme dormir en tus sueños,
dame una palabra y te daré un poema,
Para mis noches me basta este secreto, este sueño
Y para despertar me basta recordar que llegué tarde a tu vida.
Vaya costumbre la mía…

 

Días
Hay días en los que olvido vestir mis palabras y sienten frío.
Hay días en los que olvido a la poesía y las palabras negras pelean por salir.
Hay días en los que se acaban los poemas de amor y despacito se escurren por mis dedos versos de desamor agrios…
Hay días en los puedo disimular que no vivo y hay otros en los que camino medio muerta por las calles.
Hay días de días, días como hoy en los cuales mi pregunta desnuda te enmudeció,
Hay días en los que no se necesitan respuestas pues la anemia en los dedos desmaya la pluma y se acaban las letras.
Hay días en los que grito y tú no escribes… Hay días, como este en los que la única respuesta es no.

 

Eclipse
Yo nunca supe el nombre de las flores
Ni me interesé por el olor del café
Disfruté terriblemente del encierro mientras el sol caía,
Y solo vi un eclipse en mis sueños,
Yo nunca canté notas altas, pero siempre tararee melodías
Yo nunca hice poemas de amor, pero amé como cobarde, en silencio,
Yo nunca respiré, pero viví mientras los suspiros se me escapaban como letras,
Yo nunca lloré, pero tuve un lapicero que escurrió dolores.
No sé si estoy viva siquiera, pero tengo nombre de viva, ¿Con eso basta?
Quizás esto sea la vida, quizás esto sea solo otro eclipse que creo ver plagado de flores anónimas mientras duermo.

Sobre la poesía
Todos mis poemas han sido personas:
arcanos, arcaicos…
Todos me han golpeado la cara
Unos en las antesalas del amor entre jadeos,
Otros entre palabras dulces, moradas y grises.

Mientras algunos de ellos me han salvado, otros agazapados en mi distracción me aguardan, ríen, ríen a lo lejos y se enredan en mis cabellos y se meten en mi mente, y me sudan en la frente y me salen como lágrimas y los que logro detener, se me hinchan en los dedos.
Me palpitan las palabras, los dolores y otros golpes, me viven, me asaltan y maldicen, como oráculos me escupen en la cara y se me escurren amargos en los labios: son saliva, son poesía.
Todos mis poemas son personas circunstanciales, detonantes, inquisidores, unos acarician mi alma y otros me torturan por las noches.
Todos mis poemas me patean, me insultan y los cargo como cruces, son la muerte que me espera y la vida que me escapa.
No me liberan. ¡No mientan poetas! La poesía es el dogal que nos ata a la tierra y nos olvida pendidos y suspendidos sin pena ni gloria.
¡No mientan, poetas! Si el amor no pudo salvarnos, mucho menos lo harán los poemas.

Escrito por Ángela Ruales

San Juan de Pasto, Colombia, 1992. Licenciada en lengua castellana y literatura, magister en didáctica de la lengua y la literatura españolas, de la Universidad de Nariño, docente y escritora.