La vida: día tras día y todo reduciéndose a acciones sin razón alguna. A rutinas. Sísifo, por ejemplo, levantándose a diario para llevar la roca cuesta arriba sin ningún objetivo, puede ser también un empleado de callcenter recibiendo llamadas y preguntándose para qué, por qué; todo reducido a la incertidumbre, a encajar para sobrevivir, a reconocerse en otros rostros aunque resulte imposible.

Es que la vida en sociedad se trata de continuar un guión ya definido, una estructura, el esqueleto prediseñado del hombre o mujer que uno debe ser. Comportarse de cierta forma, aspirar a lo que se considera como digno, compartir con quienes nada interesan o aportan a la existencia, pero con la garantía que resultarán provechosos. Sí, vivir puede resultar agotador.

La década de los 20 fue compleja: recién había terminado la Primera Guerra Mundial; surgieron varias dictaduras en Europa; nació la Unión Soviética; Estados Unidos tuvo su apogeo económico y luego ocurrió la gran depresión. El mundo, por así decirlo, comenzaba a tener un rumbo pero muy incierto.

La literatura puede ser el mejor espejo de la humanidad. Es capaz de retratarla en su totalidad, con cada matiz, y dejando al descubierto cada una de sus angustias, frustraciones y deseos. En 1927, Hermann Hesse publica una de sus novelas más importantes: El lobo estepario, un texto narrado a tres voces y que interioriza en lo que vive Harry Haller.

Haller es un hombre-lobo, lo es porque su existencia se ve cuestionada por sí mismo. Alguien que ha caído y que se queda en el suelo únicamente observando, yace en la soledad y la abraza tanto que le desespera su propia existencia.

El texto está dividido así: una introducción, escrita por el sobrino de la arrendadora de Harry Haller; las Anotaciones de Harry Haller, sólo para locos; el tractac del lobo estepario y Siguen las anotaciones de Harry Haller, sólo para locos. Una de las voces más importantes es, quizá, la omnisciente que a modo de ensayo filosófico da cuenta del tratado para la condición del personaje central de la novela, él, reflejo tan humano que es incapaz de considerarse como uno completo; en batalla constante con su licantropía,, con la búsqueda de la calma mientras llega una esperada muerte.

Quien se dedica a la contemplación es capaz de observar todo lo que le rodea con mayor profundidad. Conocer, comprender, asimilar y caer en la desesperación de no hallar un sentido. En esa línea, el escritor Albert Camus decía que el suicidio, por ejemplo, es el mayor problema de la humanidad. ¿Para qué vivir? ¿Por qué? Haller incluso puede permitirse la idea que fijar una fecha para suicidarse, para dejar todo aquello que de alguna forma le pesa y no le permite sostenerse.

A cada momento, el lobo estepario busca aislarse, desentenderse de toda la miseria que puede rodear a la sociedad, de la angustia, del miedo. Se confiesa y hace extensas descripciones de su pasado que compara con el presente. Desciende en espiral, no puede más, entonces llega Pablo, llegan Armanda, María, Mozart y el Teatro Mágico.  

Aislado, es en un bar donde conoce a Armanda. Antes de ella, el placer lo encuentra únicamente en su cotidianidad, en su encierro, en la lectura, música, vino y tabaco. Sin embargo, conoce el desenfreno, el opio, la realidad que se rompe y un universo donde las risas y lo absurdo acontecen a cada momento. En medio de esto, Haller se reconoce como un ser dual: el hombre-lobo, el individuo atormentado por el infierno que puede resultar la vida, como él mismo le llama al final de la novela; y el animal salvaje, instintivo, alejado cada vez más de la sociedad en la que es incapaz de reflejarse.

El Teatro Mágico se convierte entonces en un lugar surrealista donde a partir del opio convive con Goethe, con Mozart, con fragmentos de una realidad que va haciéndose añicos a cada avance. Y Haller, el solitario, el ser ajeno a todo, se descubre a sí mismo; quien con cinismo se ha planteado morir en un lapso de dos años, se encuentra y en medio de la imaginación, del delirio, de esa sociedad incierta que ya ocurre, sueña.

Baila, vive y vive tanto que en medio de la confusión de su existencia, descubre el dolor al ver a Armanda recostada a un lado de Pablo; todo es difuso. Todo. Su condena es la más grande: la de la vida. La de saberse humano, porque intenta desprenderse tanto de su ser que resulta reconociéndose más humano que lobo.

Allí está el espejo: la angustia de la simple existencia. El hombre que es lobo, que es animal, que siente; Haller, reflejo de la humanidad.

Escrito por Pep Balcárcel

Escritor. Posee estudios en Lengua y Literatura por la Universidad Francisco Marroquín. Ha publicado los poemarios Obelisco 65 (Letra Negra, 2012), Fragmentos (Chuleta de Cerdo Editorial, 2016) y Olvidé decirte adiós (Sión Editorial, 2017); y los libros de cuento Los ojos de lo insano (Editorial X, 2014) y El asesinato del Cuervo (Magna Terra Editores, 2017). Aparece en las antologías Los 4X4 (Vueltegato Editores, 2012), ¡Meter un gol! (Letra Negra, 2013), Deudas de sangre (Anamá, 2014) y Poesía inmediata: el abismo por madrugadas (Proyecto Editorial Los Zopilotes, 2016).