Luiz Carlos Reátegui estudió Derecho (USMP), Maestría en Gestión Pública (UPC) y Strategy and Corporate Culture (Harvard). Ha sido Regidor Metropolitano de Lima. Es también autor de la novela Isabella Nápoles y del volumen de relatos Prohibido besar a las cholas (Grupo Editorial Mesa Redonda, 2017).

Prohibido besar a las cholas es un retrato de la soledad latinoamericana. En él se puede hallar alguna pista de lo que nos une como continente. Hay tradición, ruptura, tristeza, desolación, corrupción, inestabilidad, desigualdad, discriminación, racismo, esperanza. A propósito de esto último, del intento por definir aquello que nos distingue como latinoamericanos frente al resto del mundo, es que iniciamos esta conversación.  

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Ciertamente que existen diversas motivaciones por la que los escritores deciden escribir un libro o contar una historia. Algunos los mueven necesidades estéticas, razones políticas, sociales, emocionales, familiares, etc. En tu caso se evidencia cierta necesidad de hacer frente a realidades cotidianas y actuales. ¿Puedes contarnos un poco cuál es tu motivación a la hora de escribir y, específicamente, al contar estas breves historias que componen el volumen Prohibido besar a las cholas?

La motivación que tengo es el placer en sí mismo que produce escribir historias, imaginar escenas, armar diálogos, jugar con las palabras y transmitir emociones. Básicamente respondo a impulsos instintivos, a un estado de necesidad apremiante, quizá a veces inexplicable, que me lleva a escribir. Los cuentos en Prohibido besar a las cholas se leen de manera independiente pero que, sin embargo, en su conjunto, podrían encontrarse los dividendos de una realidad social actual en gran parte del mundo y sobre todo en Sudamérica en donde casos como la trata de personas, la discriminación, el racismo, la desigualdad económica, las familias disfuncionales, etc., son temas que terminan uniéndonos como región.

Tus relatos son composiciones breves en donde la imagen es fundamental. Los gestos, las acciones, parecieran, además, guardar un profundo significado que invita a detenerse un momento y pensar. Pensando en el lector, ¿a qué reflexiones debiese enfrentarse al ir avanzando en el volumen?

Lo que se busca en esta propuesta narrativa, es mostrar. Desnudar círculos, contextos, coyunturas de la condición humana mediante los personajes. El lector siempre tendrá la última palabra, él decidirá qué hacer con ellos, si le hace sentido ponerse en sus zapatos haciéndolos suyos, de darles el permiso de saltar de las páginas a la realidad o si prefiere mantener la distancia y dejarlos ahí, solo en la ficción.

Pensando en el público iberoamericano, para el cual quizá la figura de la chola es un tanto ajena. El título del libro habla de una prohibición, pero a lo que en realidad apunta es a una subversión desde la marginalidad de esa figura. ¿Podrías explicar a grandes rasgos qué representa la chola en el contexto histórico y actual peruano y por qué elegir esa figura al momento de plantear una representación del imaginario del libro completo?

En el Perú todos somos cholos, nuestra riqueza pluricultural y la diversidad de mezcla en cualquier aspecto entre nosotros hace que acuñemos la máxima popular peruana: él no tiene de inga, tiene de mandinga. Pero en algún momento de la historia nos replegamos como sociedad y nos hicieron creer que ser cholo es malo y le tuvimos miedo a esa palabra durante años. Ahora eso está cambiando, estamos recuperando la pertenencia, donde se nos respete sin condiciones. Hay una corriente (como bien mencionas) de rebeldía, de reivindicación, de aceptarnos, de besarnos y abrazarnos entre cholos otra vez.

Los personajes del libro habitan un espacio desolador, mujeres cuyo único destino pareciera ser la prostitución u hombres que pasan más tiempo en las cantinas que en sus propias casas. En ese sentido, y extrapolando la ficción a cierto espacio de nuestra realidad, ¿qué tanto hay de cierto en esa construcción literaria de nuestra propia realidad latinoamericana y, específicamente, peruana?

A eso me refería cuando mencioné que esas desigualdades y disfunciones sociales, esa marginalidad, esos rechazos y conflictos internos personales terminan uniéndonos. En el Perú y en Latinoamérica, es claro que aún existen muchas carencias, necesidades básicas insatisfechas, sociedades que aún transitan por el subdesarrollo. Sin embargo, el ser humano se vuelve creativo ante la carencia y en esos destinos adversos, germinan muchas veces historias que se ven obligadas a no resignarse.

En el relato “Tratamiento parental” se toca el tema de las relaciones filiales. Un padre ausente, una madre abnegada y un hijo en conflicto con sus progenitores. Al mirarlo en perspectiva se puede visualizar que es el típico conflicto del mestizo latinoamericano. ¿En qué medida dicho conflicto nos define como sociedad frente al resto del mundo?

Insatisfacción, esa podría ser la palabra clave que nos defina como sociedad frente al resto del mundo, en donde de seguro también existe pero quizá en menor medida. Y se da por muchos motivos, por el permanente descrédito en el que se encuentran instituciones tradicionales que nos afectan, factores como: políticos, religiosos, ideológicos, educativos, judiciales, familiares, etc. Esto altera nuestra psiquis y se desencadena en un rechazo inconsciente y automático a lo que nos rodea. Sumado a que nos resistimos a aceptar que el concepto de familia no es papá-mamá-hijos, sino, puede ser abuela, primo, tía y así según sea el caso.

En “El útero de Lucio” hay un comentario respecto de la maternidad: “Nada peor que el hecho de no poder dar vida nunca”. Históricamente se le ha adjudicado a la mujer cierta obligación respecto de la maternidad, como si mujer y madre fuesen conceptos intrínsecamente ligados uno al otro. ¿Hasta qué punto hoy en día esa idea se sigue sosteniendo o estamos en un momento en que ciertas ideas hasta hace unos años fijas están entrando en crisis?

No sé si responde exactamente a una crisis pero lo cierto es que, por ejemplo, la iglesia ha ido perdiendo terreno, las personas se vuelven cada vez más independientes, se preguntan, se cuestionan, se autorregulan, se empoderan. Se ha dado pase a la autosuficiencia en diversos aspectos, muchos ya no desean casarse y las generaciones venideras en su mayoría ya no quieren tener hijos. Ser madre ya no es un propósito, sino, una opción. Ni bueno, ni malo. Quizá esto último nos une con el resto del mundo.

Finalmente, el relato “Prohibido besar a las cholas”, que le da el título al libro, habla sobre cómo las aspiraciones personales se ven truncadas desde ciertas posiciones de poder, e incluso va más allá al evidenciar cuánto pesan los contactos (el conocer o vincularse a cierta gente) al momento de querer lograr algo. No puedo evitar pensarlo con lo que hoy en día pasa en el Perú. ¿Cómo relacionas lo planteado en este relato con la crisis política que hoy se vive en tu país?

Desde el siglo XIX en Francia con exponentes como Balzac, Flaubert, Zolá, etc., la literatura es el espejo de la realidad. El tráfico de influencias es el pan de cada día a todo nivel, se compra y se vende al mejor postor y esto ha desatado una severa crisis política con renuncia incluida del (ex)Presidente Kuczynski y que esperemos se logre revertir rápidamente. Sin duda alguna esa foto de los contactos, las llamadas, los favores bajo la mesa de aquel relato, es la foto política de hoy. Tan culpables son las autoridades como los votantes que los eligen a cambio de un taper.

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Escrito por Francisco García Mendoza

Francisco García Mendoza (Santiago de Chile, 1989). Profesor de Castellano y Magíster en Literatura latinoamericana y chilena por la Universidad de Santiago de Chile. Como autor de ficción ha publicado las novelas Morir de amor (2012) y A ti siempre te gustaron las niñas (2016), ambas por Editorial Librosdementira.