Te vuelves íntimo y confuso.

Como todas las tardes.

Como antes de nacer.

Habitas en las nubes.

En cada rayo que se despliega.

De espaldas hacia mí

te vuelves oscuro e infinito.

Dijiste que no querías volver.

Que preferías irte.

Y te fuiste.

Dejaste en casa

muchas plantas creciendo

mucha basura creciendo

muchas ratas y polvo.

Y sabes que no miento.

Que el agua siempre fue fría.

Que el patio era inseguro.

Que los árboles daban frutos

pero llenos de plaga.

Sólo la palmera en donde nació

ese par de colibríes.

Eso era lo único sano en esa casa.

Todo lo demás

[Incluso nosotros]

estaba infecto, insano.

Por eso el amor se humedeció

Por eso se marchitó.

Por eso se ahogó.

Nos faltó la esperanza.

Se nos fue el cuerpo en declive.

Por eso la saturación.

Por eso la enfermedad.

Por eso todo lo que vino.

Empezamos a separar el cuerpo.

Después vino el alma.

Transitábamos por la casa

como si fuéramos dos desconocidos.

Después nos agredimos

Hasta volvernos odio.

Siempre quise decirte

que amaba tu forma de pronunciar

algunas palabras

que amaba la forma de tu rostro

el contorno de tus clavículas.

Siempre quise decirte

que amaba tu forma de llamarme

hasta que te volviste árido

y tus palabras se llenaban de odio.

No sé cómo decirte

que podría haberte esperado otra vida

pero descubrí quién eres.

Y quién soy.

Y quiénes fuimos hace cientos de años.

No sé cómo decirte

que me da miedo irme de nuevo

como lo he hecho en otras cinco vidas.

No sé cómo pedirte

que olvidemos todo.

Que no es necesario volvernos a encontrar.

Que esa iluminación nos ha dejado ciegos.

Que los rayos se volvieron agresivos.

Incandescentes.

No sé cómo decirte

que mi cuerpo se ha vuelto un caballo

que mis dedos son aves.

Que la tristeza es un pájaro mudo.

 

No sé cómo decirte

que mañana será tarde.

Que siempre hay una forma de volver.

Que a veces todavía tengo en la memoria

la última vez que dijiste

“volveré temprano”

No sé cómo decirte

que la luz era nuestra.

Pero la oscuridad se posó en las ramas.

Me quedé quieta. No salí de casa. Quieta me quedé.

 

 

 

Escrito por Leticia Cortes

Guadalajara (México) 1980 Autora de los libros de poesía "Lámparas de sueño" (2005, 2005, 2006) "De tu ausencia y mis pérdidas" (2011) y "Habitar la muerte" (2015) Ha sido traducida al catalán, al francés y al inglés. Obra suya se encuentra recopilada en distintas antologías y revistas nacionales e internacionales.