Es de día. Es de día y el agua cayendo del grifo fue melodía de la noche.
Antes de recostarme, aseguré puertas y ventanas pero mientras dormía, candados con rostros de abuela me recordaron la delincuencia.
Desperté una y otra vez obligada por la voz ancestral de la sabiduría.
Al final, vencida por la fuerza de la enseñanza divina, volví a asegurar la aldaba que permanecía lacónica a mi espanto.
“Ya no más” me repetía el cuervo que reptaba nauseabundo en mis ojos.
“Ya no más” susurró desde la puerta, un hombre con el miembro erecto exhibiéndose afuera de sus pantalones.
La abuela, el cuervo y el hombre sonrieron cuando me hice pipí en mis pantalones.
Me recosté de lado, y todas las voces callaron hasta el amanecer.

Al día siguiente, me preparé el desayuno: –una cucharada de stevia en agua de canela y avena integral con leche de almendras- para no engordar. Comí despacio, masticando tres veces, y dejé que mi gato negro lamiera la punta de mi dedo gordo, antes de frotar algodón con desinfectante en el mismo sitio.

El gato no se resiente, pienso, eso dicen… A menos que…

Descubro en el gato una mirada de furia y ahora todos los jarrones caídos por uno de sus juegos, ya no me parecen casualidad.
¡El gato, este gato intenta asesinarme!
La idea me hace reír pero dejo que vuelva a lamerme y ahora, no limpio la saliva.

Me acerco al grifo y descubro el agua empozada en el lavaplatos. Hago caso omiso y repaso la jornada de hoy, mentalmente.
“Ir al súper, comprar carne, papel higiénico, aceite y comida para gato. Decirle a mi novio que no iré a conocer a sus padres porque me parecen unos hijos de puta…”
Ya en la ducha, mientras el agua se resbala por mi pelo, empiezo a sentir un aire frío y temo enfermarme de gripe. Me maldigo por no haber comprado pastillas el viernes que estuve de mejor ánimo y salí con mi madre de compras. Me maldigo por no haber comprobado, el día de ayer, qué clima tendríamos hoy y sobre todo, me maldigo por ser tan débil.

 

Salgo del baño inmediatamente y miro al exterior a través la ventana. Desearía que no hubiese nada de gente, que ahora mismo estuviera cayendo el peor de los diluvios para justificar todos estos miedos irracionales.

Desearía no ser quien soy…

Me quedo observando el techo, esperando que el tiempo mejore, después me distraigo en grupos de trueques y descubro un supermercado que hace ventas por domicilio. Al parecer, hoy estoy con suerte, me digo, antes de enviar un mensaje a la página.

Me preparo para recibir al vendedor de turno, mientras siento que el caballo dormido en mi pecho, hasta ahora, empieza su galope en mis arterias.

Vamos, vamos, solo debo decir buenos días, fingir una estúpida sonrisa, dar el dinero, y decir gracias. Asunto terminado, finish, juego concluido el día de hoy.

El caballo sigue dando sus galopes mientras abro la puerta que me separa de esa dolorosa realidad de la que hace días no formo parte.

-Bue… buenos días- musito, de manera inexpresiva evitando mirar a los ojos del tipo que me sonríe amablemente.
Aquí tiene su compra, espero que lo disfrute– dice el sujeto exhibiendo una sonrisa y un deseo tan mecánico como su pene.
(No debo pensar en estas cosas porque si la abuela lo descubre…)

Mi cabeza empieza a temblar rápidamente y mi rostro se pone tan rojo que estoy a punto de asfixiarme
El dinero se cae de mis manos y acto seguido, todo empieza a dar vueltas.

Yo soy un desastre que se llama Ana, yo soy una grieta en la armadura de la vergüenza. Yo solo soy un animalito que alguien debió matar para que no agonice eternamente.

El chico me mira de manera extraña, recoge el dinero de mi mano temblorosa y se fuga aliviado de este doloroso encuentro.

Escucho que ahora el agua cae por fuera del lavaplatos y sonrío aliviada.
Espero que el agua poco a poco me inunde y más que nada espero, esta vez, no salir a flote.

 

Escrito por Sara Montaño Escobar

Sara Montaño Escobar (Loja-Ecuador, 1989). Licenciada en psicología general. Sus poemas se encuentran en revistas de Ecuador, México, Venezuela, Argentina, Colombia y España. Parte de la Antología de poesía y relatos publicada por el Municipio de Loja (2017). Relato publicado en libro cartonero “Pasaporte”, un proyecto que corresponde a tres editoriales cartoneras: Dadaif Cartonera (Ecuador), Cossete Cartonera (Francia-Brasil) y Pirata Cartonera (Ecuador-Salvador). Publicó la plaquette Génesis de ausencia (Vis-k-cha, Editorial independiente, Loja- Ecuador, 2017).