Me pidieron contarte mi aventura en muy pocas palabras así que aquí voy:

 

Soy de un lugar del mundo donde todo el año hace el mismo clima, comemos muchas frutas y nos gustan los abrazos. Hace poco me mudé a otro lugar del mundo donde cada tres meses cambia el clima, la ropa y la comida. Mi aventura empieza el último día en casa. Como debía cruzar el mar compré un pasaje de barco; el viaje iba a durar varios meses y yo iba a ver por primera vez el mar y también iba a montar por primera vez en un barco. Ya abordo y en camino a mi nueva vida me di cuenta que adaptarme fue muy fácil; cree una rutina que me hacía sentir muy bien: por las mañanas contemplaba el mar, luego almorzaba con mis nuevos amigos, después tomaba una siesta y en la noche visitaba al capitán; él me enseñaba de astronomía y cómo las estrellas guiaban su camino.

Pero un día todo eso cambió…

Estaba con el capitán cuando el mar comenzó a comportarse de una manera muy extraña. A mí me parecía hermoso, las ondas y la espuma del mar parecían el aleteo de un águila, estaba muy emocionado, pero el capitán se veía preocupado y lleno de estrés me pidió que volviera a mi camarote.

Poco tiempo después empecé a sentirme mareado y me di cuenta que todo en mi habitación se movía demasiado. Con miedo y curiosidad salí a ver qué estaba pasando. Mis ojos no podían creer lo que estaba frente a ellos: una tormenta. Había olas gigantes y truenos, el barco se movía de mil maneras, era difícil mantenerse de pie. Fui a buscar al capitán y me di cuenta que el timón estaba roto, así que no había manera de navegar el barco. Lleno de miedo le pregunté al capitán qué podíamos hacer y él me respondió: NADA.

La respuesta no me gustó y comencé a buscar la manera de arreglar el timón; intenté muchas cosas, pero nada parecía funcionar y el daño era muy grave. Buscando opciones decidí tomar una soga y la ate al lugar donde debía estas el timón, la idea era navegar el barco de la misma manera que se dirige un caballo. Para mi sorpresa y la del capitán la soga funcionó y llenos de emoción vimos la esperanza de sobrevivir la noche.

A la mañana siguiente vimos el sol y nuestro destino, lo habíamos logrado. Después de esta noche mi aventura había terminado, pero me queda todo un camino por delante. Despedirme fue difícil, iba a extrañar mis noches con el capitán, los almuerzos con mis amigos y el mar.

Escrito por Laura Jaramillo Duque

Bogotana, lectora, actriz, escritora y artista. Profesional Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana y actualmente se encuentra haciendo una Maestría en Literatura Infantil en Goldsmiths, University of London en el Reino Unido. Correo: ljaramillod13@gmail.com