“La velocidad con que hoy marchan las cosas, el ímpetu y la energía con que se hace todo, angustian al hombre de temple arcaico, y esta angustia mide el desnivel entre la altura de su pulso y la altura de la época”.

 

El tiempo en Latinoamérica

Los latinoamericanos aún no hemos comprendido, ni se nos ha pasado por la cabeza, la idea de diseñar el tiempo. En Sudamérica, que es donde nos situamos, todo se diseña, según la medida del mercado, (economías, tecnología, tendencias) la moda (ropa, zapatos, electrodomésticos), la necesidad (alimentación, transporte, ocio), el emprendimiento (nuevas empresas, fundaciones, partidos políticos). Es decir, Transformamos ricamente la materia y las cosas como artesanos de la vida, a raíz, de los nuevos materiales y descubrimientos que se presentan.

Así entonces es de resaltar la maravillosa capacidad humana de diseñar cosas como: casas, ciudades, democracias, conceptos; y que conciba sueños y se trace metas como: ser un profesional, tener una familia, ser actor, cantante, científico, político, escritor y se esfuerce para ello. ¿Pero diseñar el tiempo?, algo que no se puede ni ver ni sentir, ni escuchar ni gustar ni olfatear. ¿Es posible? Podría ser una pregunta fundante. Porque si es así, entonces se podría reformar la existencia en todo momento, ya que el hombre es el tiempo que vive (no el que le queda por vivir). Aunque todo radica en cómo se entiende y se vive de acuerdo a una nueva percepción del tiempo.

 

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¿Tenemos reloj o el nos tiene a nosotros?

El proverbio haitiano de “tenemos relojes pero no tiempo” -que parece sacado de un cronopio de Julio Cortázar-, es tan aplicable a ese país caribeño como a los países del sur de América.  La idea funesta de medirlo todo y sujetar la vida a la tiranía irrisoria del reloj es una realidad de la cual difícilmente se escapa el que no comprenda que el tiempo es una invención humana. ¿Entonces qué es lo que mide el reloj? Sin lugar a dudas mide algo; pero ese algo no es, hablando con rigor, algo invisible, sino algo muy concreto: una jornada de trabajo, un eclipse de luna o el tiempo que un atleta emplea para recorrer 100 metros. Los relojes son aparatos sujetos a una norma social que discurren según una pauta siempre igual que se repite, cada hora o cada minuto. Para más claros, y realistas, el tiempo como tal no existe.

Del reloj surge el tiempo cronos, el que a su vez  se ha convertido en una regla para el hombre moderno. Es angustioso ver el estilo de vida de los hombres en Santiago de Chile y su metro atestado de personas; en Lima y la intensidad de la vida; Bogotá y su profuso comercio; Quito y su señuelo arquitectónico; o La Paz, donde las personas no viven en sus casas, sino en sus trabajos. El tiempo que venden o compran allí los consume de tal manera, que se mueven según los dictados de una vida cronometrada y cosmopolita.

 

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La velocidad con que hoy marchan las cosas, el ímpetu y la energía con que se hace todo, angustian al hombre de temple arcaico, y esta angustia mide el desnivel entre la altura de su pulso y la altura de la época. Se deduce entonces que el tempo entra irremediablemente en la categoría de cosa. Y si hacer “cosas” supone una capacidad humana, el cronos entraría en esas “cosas” que también pueden ser reinventadas para  sobrellevar la aventura de vivir.

 

La vida en el tiempo

La conjugación vital de la trinidad económica, “pasado-presente-futuro” es la minuciosidad, o mejor, las etapas que el hombre cree tener que vivir obligatoriamente. Lo curioso es que por mucho que creamos estos conceptos, siempre estaremos en un presente continuo.  Así de un estado a otro estado solo, dirían los latinos “es cuestión de tiempo”. Todo se espera o se aplaza, se procrastina y así continua la vida sucesivamente.

No es de dudar de que los americanos somos razonables, minuciosos y medidos; por eso en las sociedades frenéticamente capitalistas, la frase “el tiempo es oro” impulsa moralmente a las personas a tomar cada minuto en serio, no desperdiciarlo, invertirlo, de tal modo que no pueda ahorrar nada, sobre todo para sí mismo. Estas son las consecuencias de una mala interpretación sobre la medición de la vida. El reloj como invento, es un falseamiento de la vida del hombre o un condicionamiento para su existencia. Latinoamérica en momentos se pone a la moda con esta frase, aunque debería rediseñarse por: “La vida es oro, luego uso el tiempo para existir en la belleza de un propósito”.

 

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La vida se organiza de acuerdo a ideas, argumentos,  sueños, cosas, palabras, imágenes, proyectos, y en también de añoranzas y recuerdos –qué sería el hombre sin la memoria-. Pero esa vieja frase de Jorge Manrique, y que es usada por los románticos de que “todo tiempo pasado fue mejor”, no es del todo cierta. Pues a la mayor de las épocas no le pareció su tiempo más elevado que otras edades antiguas, sino que cada edad histórica manifestó una sensación diferente ante ese extraño fenómeno de la altitud vital: cada lugar, cada conglomerado de gente llámese cultura, nación o pueblo, afrontaba una existencia plena en todo el sentido de la palabra. Quizá en Latinoamérica en otrora hubo tiempos mejores, pero este es nuestro tiempo.

 

Kairós

Hay un concepto de tiempo poco explorado por los hombres, a parte cronos, me refiero al tiempo Kairós. Concepto de la filosofía griega que representa un lapso indeterminado de tiempo en cual algo importante sucede. Su significado literal es «momento adecuado u oportuno». Es una etapa donde no se mide las cosas según el reloj, sino según los propósitos personales de cada persona. Que en otras palabras es dirigir la vida hacia fines concretos, y no usar la vida como un medio para sostener la existencia. Cuántos proyectos de vida quedan por ahí desperdigados sin poder ser realizados. Cuántas oportunidades de vivir sin ser aprovechas por el temor de ser excluidos de un sistema laboral que garantiza el sustento físico. El primer paso para la libertad es entender bien y vivir de acuerdo a esa comprensión.

El Kairós  es una gran formula  “actividad-existencia”. Donde las capacidades para alcanzar las cosas se vuelven específicas para lograr ser una persona que vive genuinamente. En esta forma de ver el tiempo, las cosas importantes suceden. La vida se torna de cualitativa a cuantitativa. Las sociedades en América están en constante cambio y alinear la preparación con la oportunidad dará como resultado el disfrutar de un momento irrepetible que puede cambiar la existencia del hombre. Kairós es el tiempo que juega a nuestro favor y no aprisiona la mente, ni vuelve la vida cronometrada. Los que saben diseñar el tiempo cronos a su favor, encuentran en el Kairós el instante fugaz en el que aparece, metafóricamente hablando, una abertura (o sea, el lugar preciso) que hay que atravesar necesariamente para alcanzar o conseguir el objetivo propuesto.

 

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Entonces

¿Qué es en síntesis el tiempo para los latinos? No son las circunstancias favorables o adversas que se le presentan, sino la oportunidad y la decisión de tomar conciencia de que Sudamérica no es un subcontinente que se siente en agonía, sino en plenitud sobre los tiempos. Una auténtica plenitud de nuestra gente que no consiste en la satisfacción, en el logro, o en la llegada; ya que siempre nuestra vida histórica corresponde a la oportunidad única de prepararnos para la altitud vital de vivir genuinamente y disfrutar de lo que somos, tenemos y creamos para nuestro beneficio colectivo. Los sociólogos optimistas le han llamado a esto “el despertar de los latinos” porque añoran teóricamente un milagro económico y cultural como el de los tigres asiáticos. El impacto debe ser integral, pero todo reside en como interpretamos y diseñamos el tiempo y conseguimos su máximo provecho. ¿Cronos o Kairós? De eso depende la libertad social de nuestros países, tan llenos de vitalidad creadora.

 

Deja de intentar controlar todo – Alan Watts 

Escrito por Diego Firmiano

Escritor, Periodista, Viajero.