martes

Todo es rojo y ruidoso. Creí que esta mañana me quedaría sentado frente a la computadora viendo videos hasta tener el valor para buscar trabajo, llenar todos esos formularios de postulación, test psicológicos y escribir correos que comiencen y terminen con “buenas tardes, estimado, saludos cordiales” ¡Gracias a Dios es martes!

Estaba sentado viendo videos en internet, luego abrí otra pestaña para ver Netflix y por décima vez mirar capítulos de Friends, una serie de amigos gringos que se juntan a hablar boludeces mientras los interrumpen risas grabadas. Una vez mi hermano me dijo que esas risas eran de gente muerta, yo por supuesto le creí porque a mis seis años él, de diez años, era el único dueño de la verdad. Los chistes del programa me parecían graciosos pero nunca me reí.

Miraba mientras escuchaba las risas grabadas haciendo eco en mi cabeza vacía, hueca, hasta que la mamá de Laura llamó, ¿quién llama en estos días?, pensé. Le contesté e inmediatamente me pidió que lleve a pasear a Coquito. El martes pasado la señora se había lastimado el pie derecho haciendo pilates y el perro tenía que salir mínimo una vez al día. Pasear a Coquito era divertido, ya lo había hecho antes y todos nos saludaban. Esta vez el maldito perro se paraba cada dos minutos a mearle a un árbol y yo revisaba mis mensajes y tomaba algunas fotos con mi celular.

La última vez que Coquito se acercó a un árbol, sentí que la correa se deslizaba por mis dedos y no hice nada para detenerla. En menos de dos segundos el perro ya no era un perro, era un bulto de pelos sin vida, las losetas un río de sangre y yo un estúpido que no supo cuidar a un perro.

Me colgué mirando escapar al conductor que después de acabar con la vida de Coquito se detuvo por un momento, miró por el retrovisor y arrancó de nuevo. Todo esto es horrible, quiero gritar pero no lo hago, siento que me envuelve una burbuja y no entiendo nada. En mi cabeza solo hay risas grabadas. Suena mi teléfono y en la pantalla veo la foto de la mamá de Laura, mi suegra, posando con el perro en brazos y pienso que quisiera ser una de esas risas grabadas.

Escrito por

El 2017 publicó su primer poemario Fiesta equivocada con la editorial independiente Torre de Papel. Ha colaborado en las revistas digitales: Liberoamérica, Colibrí, Cronistas Lationamericanos, Muy Wuaso y Poesía Sub25. El 2018 participó del Festival Internacional de Poesía de Rosario, Argentina en el marco de la residencia para poetas emergentes. El 2019 ganó el concurso Pablo Neruda para poetas jóvenes bolivianos con el poemario Universo 127. Algunos de sus poemas están en antologías nacionales e internacionales. Desde el 2018 es integrante del colectivo artístico feminista Lengua de Urucú. Coordina el proyecto de difusión cultural feminista Cyberelfa.

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