Dios te salve a vos, Nicaragua
de los auto-proclamados dueños de tu suelo,
de los que vuelven a invocar el rugido del cañón
y dejan teñir con la sangre de mis hermanos y hermanas
el agua de tus ya agonizantes lagos.

Dios te salve, Nicaragua, de los tiranos
que se presentan como salvadores.

Pero yo resisto,
resisto por vos.

Ellos, los tiranos,
podrán querer mandarme a las rotondas,
a las universidades, a las plazas,
y exigirme al oído, insistentes, con su voz oxidada
que proclame la paz que no conozco
mientras, por detrás, apuntan su revólver a mis costillas.

Podrán creerme parte de los animales de su granja
de los que han engordado hasta la saciedad
a cambio de ver luego nuestra sangre en el matadero
y servírsela en su banquete.

Podrán saquear todos mis bienes
y torturarme, y encerrarme
y hacerme ver en perso a cómo descuartizan a los que quiero.
Podrían dejarme tirado en el desierto
a vivir mi muerte.

Pero aun con la piel disecada por el sol inclemente,
aun con las extremidades mutiladas,
aun con las glándulas secas y la voz ahogada,
aun en mi último minuto así sentenciado por la falta de alimentos,
yo estaría bajo el amparo de la sombra del último árbol
que, a la suerte, no hayan podido vender,
y con las últimas fuerzas de mi ser exclamaría:
“¡Dios los ampare a ellos, Nicaragua,
de lo que van a sufrir
a mano de los libertadores!”

 

Kerstin Sofía Miranda, (2018)

Escrito por Kerstin Miranda Murillo

Managua, 1999. Estudiante de Arquitectura. Me apasiona la música y las artes visuales; pero las letras... por ellas existo.