El periodista con súper poderes: el periodista maldito

 

Nació en suelo mexicano un periodista de increíble pericia. Su pluma era un peso completo si de incomodar con tinta al poder se trataba. Columnas telúricas que derrumban carreras burocráticas. Siempre la misma respuesta: cristales rotos en la redacción. Curtido a macanazos; pulmones reforzados a tehuacanazos. Lagrimales anti-lacrimógeno. El hombre se hizo a prueba de balas.

Solo pequeños orificios marcados en la frente con gracia: miércoles de ceniza.

Cruz perpetua. La esposa; el hijo adulto; el hijo niño. Semana Santa sin domingo de resurrección. Semana inglesa: el hombre de vuelta el lunes al trabajo.

 

 

Cuento de terror para el amor propio del hombre

 

Un hombre nació en todas las líneas del tiempo posibles. Madre y padre le recibieron con gran pompa sin escatimar emoción en el festejo. Al final todas las realidades se encargaron de mandarlo al olvido junto a una fotografía de su primer amor.

 

 

El auge y caída de una civilización lejana

 

La última de las mujeres corrió hacia el refugio más alejado del planeta cuando cayeron las bombas. Con fuegos artificiales, patrocinados por el átomo y una gran nube tóxica, el siglo XXI se despidió de sus creadores.

El tiempo siguió su marcha. A mitad del siglo XXV, tomando la medida humana, aterrizó una nave interestelar en Groenlandia. Las creaturas de estrellas lejanas que viajaban a bordo encontraron semillas congeladas y un pequeño artefacto con un código en su exterior: USB Data Traveler 16GB.

La comunidad científica de Camelopardalis se llenó de júbilo con el hallazgo. Estos eran los vestigios de una civilización muy antigua, cuya cosmovisión estaba a punto de ser decodificada por sus mejores mentes. El misterio fue resuelto: sus clases dirigentes leyeron las obras de los poetas malditos, venían incluidas sus biografías además de extensos escritos sobre Dionisio, sin mención alguna de Apolo.

La ciencia fue despreciada; todos los maestros quemados. Se institucionalizó la absenta y, después de un dominio de mil años de los artistas, la civilización pereció ante el delirius tremens.

Nunca se vio auge y caída tan bello y glorioso en todo el universo.

 

Era tarea de la última mujer terrestre salvar los textos bíblicos y la historia de las ideologías. Para que nos estudiaran otros seres. Para que fabricaran sus armas. Para que dividieran su geografía. Pero la mujer, desde siempre, tiene fama de entenderse bien con las serpientes.

Escrito por Hiram de la Peña

Hiram de la Peña Celaya (Mexicali, 1993). Licenciado en sociología por la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Ha colaborado en revistas digitales de México, España y Venezuela. Fue seleccionado como asistente para el Octavo Curso de Creación Literaria Xalapa 2016, organizado por la Fundación para las Letras Mexicanas y la Universidad Veracruzana. @fronteraneo