1. Pensamiento mágico” y “pensamiento pragmático”

¿Pero entonces, cómo hace la Filosofía Oculta para develar estos saberes (intuición)? Y, además, ¿cuáles son los métodos que emplea para buscar la Verdad y para hacerse valer como disciplina? La indagación sobre esto empieza, necesariamente, por la distinción entre “pensamiento mágico” y “pensamiento pragmático”.

El hombre occidental está dispuesto a considerar diferencias culturales que explicarían maneras singulares de describir fenómenos, pero las diferencias culturales no podrían explicar que los procesos de la memoria, la experiencia, la percepción y el uso de experto de la lengua fueran distintos a los procesos que conocemos (Carlos Castaneda, 2000, 36).

De lo que estamos hablando, en términos generales, es de dos tipos de cognición, que muestran dos formas distintas (que no extrañas) de concebir el Mundo y, éstas se manifiestan, a su vez, en un lenguaje específico: lenguaje simbólico-pragmático y lenguaje pragmático-racionalista.

Habíamos dicho que el hombre es un ser mágico, pues bien, la explicación de esto se halla, precisamente, en que en el hombre se manifiestan dos tipos básicos de procesos psíquicos: por un lado, aquellos ligados a la conciencia, que es lo que permite la pragma (pensamiento pragmático), por otro, los provenientes del inconsciente (pensamiento mágico); la Filosofía Oculta tendrá presentes (intuitiva o racionalmente) los dos procesos, buscando sintetizarlos, armonizarlos y sistematizarlos. Y si se dijo que el hombre es un ser mágico es porque el pensamiento mágico nos es inherente pues, niéguese o no, todo hombre lo lleva dentro de sí y para muestra tres de sus elementos: la fabulación infantil, el ensueño y la neurosis (Alexandrian, 2003, 11).

Así Piaget en su libro, “La Répresentation du monde chez l’enfant”, hablará del estadio mágico y de cuatro grupos de acciones mágicas. Freud observará que en los sueños habita material simbólico proveniente de las supersticiones y, por último, la neurosis mostrará casos en los que la persona afectada se agarra desesperadamente a una “omnipotencia ficticia a fin de compensar su debilidad en el mundo […] como el niño que juega a ser señor del universo para librarse de la angustia de depender de los adultos […] El pensamiento mágico es una función reparadora del Yo” (Ibíd., 14). Podemos además poner como fuentes de defensa de esto a C. G. Jung y a Ken Wilber: el primero explica la relación que guardan los símbolos de los “fenómenos observables del inconsciente” (como sueños y visiones) con los símbolos de la alquimia (C. G. Jung, 2007, Cap. 1); mientras que el segundo ahonda en las formas primitivas y evolutivas de la conciencia y, en algunos casos, su relación con cierto tipo de pensamiento mágico (Ken Wilber, 2005, Caps. IX-XVIII).

Es importante aclarar que, contra lo que muchas veces se piensa, “la creencia mágica no es en ningún caso prueba de desequilibrio: es este desequilibrio el que, al desenmascarar las capas profundas de las personalidad, muestra hasta qué punto le es natural esta creencia […] El enfermo asume su pensamiento mágico, el cual ya no logra subordinar al pragmático” (Alexandrian, 2003, 15).

Por esto, no sólo los enfermos tienen pensamiento mágico, ellos son sólo un ejemplo extremo y desbordado de él; todos tenemos pensamiento mágico, algunos lo niegan, pero sus manifestaciones siguen en curso, otros, en cambio, tratan de sublimarlo y/o sistematizarlo, aquí es en donde surge la Filosofía Oculta.

Aclaro: la Filosofía Oculta no es sólo “pensamiento mágico”, pues en ella también existe el pensamiento pragmático, crítico y hermenéutico y, tal vez, algunos otros (depende del autor y del tiempo); su diferencia con las “otras filosofías”, al menos las que más han ganado terreno hasta nuestros días (analítica, racionalista, positivista, empírica, etc.), es que ella pone especial atención, considera y retoma al “pensamiento mágico”, mientras que aquellas lo desprecian y sobajan1. Así, por ejemplo, “În adevăr, teoreticienii înclină să nu vadă decît un fel de cunoaștere, căreia îi îngăduie cel mult două variante graduale, de pildă una naivă, peste care s-ar suprapune o variantă derivată de diferențiere graduală, savantă, de rafinare, o cunoașterea civilizată” (Lucian Blaga, 1983, 318).

Ahora bien, el pensamiento mágico se adquiere, básicamente, de dos formas: por conocimiento intuitivito y por razonamiento analógico. La intuición es como un instinto que advierte al hombre sobre el Mundo, es, en palabras de Schopenhauer: “la primera, más simple y siempre presente manifestación del entendimiento […] esta consiste en el conocimiento de la causa a partir del efecto, y por eso toda intuición es intelectual” y más adelante, “el conocimiento intuitivo en general, en cuyo dominio se haya la idea, se opone diametralmente al racional o abstracto, guiado por el principio de razón”. Digámoslo de la siguiente manera: la intuición no es meramente sensual sino intelectual, es decir, conocimiento puro de la causa a partir del efecto por parte del entendimiento” (Arthur Schopenhauer, 2004, §4, 36). Es importante analizar y profundizar esta última consideración, pues el conocimiento intuitivo si bien se “opone diametralmente” al conocimiento racional, no por ello lo niega ni lo contradice, es más, según lo dicho un poco arriba en cuanto a la homogeneización que el pensamiento occidental trata siempre de hacer de la experiencia, clasificando según sus supuestos y sus principios lo que es y lo que no es racional, y tratando de tender una visión más completa, me atrevo a afirmar que el conocimiento intuitivo, si bien no es racional, en cuanto a lo que occidentalmente llamamos “racional” y/o “lógico”2, sí posee una cohesión interna y una fuerza lógica3, además puede hacerse racional en cuanto a su forma y, partir de ahí, entender su contenido simbólico. Máxime, ¿quién dijo que la filosofía sólo ha de indagar en lo racional? Muy a pesar de que al final y con miras a entender y a comunicar tenga que conceptualizar y, hasta cierto punto, racionalizar y digo “hasta cierto punto” porque la filosofía también se enfrenta y recupera la mirada simbólico-mítica de la realidad. Así, la filosofía tiene una misión negativa: “decir en lenguaje discursivo lo que se puede decir de modo tal que queda delimitado el ámbito al que no llega el lenguaje; la filosofía debe llevar el trabajo conceptual hasta sus límites para que brote la conciencia de aquello de lo que no puede haber ningún concepto. La misión de filosofía, en la concepción de Schopenhauer, consiste en protegerse frente a sí misma, frente al peligro de ser seducida por el impulso de las propias construcciones intelectuales. Pero lo inefable no debe convertirse en algo completamente inexpresable” (Rüdiger Safranski, 2008, 190). Es un error considerar a la razón como superior a la intuición, pues mientras la primera puede engañar y se limita a sí misma (principio de razón), escapándosele también el principio originario de los fenómenos, la segunda, en su inmediatez, “constituye el fundamento último y la fuente de toda verdad” (Arthur Schopenhauer, 2004, §15).

El otro factor es el razonamiento analógico, el cual, dicho de forma somera, “establece correspondencias entre el ser y el universo, y juzga sus cualidades en función de semejanzas o desemejanzas observadas” (Alexandrian, 2003, 15).

Planteamos entonces, estos como los dos métodos principales (que no los únicos) de la Filosofía Oculta, pues como el propio Alexandrian intuye y añade: “Sin la intuición y la analogía no habría surgido ninguna civilización: no hay que subestimar los materiales proporcionados por estos dos métodos, que añaden la imaginación a la observación” (Ibíd., 16). Y así, nos volvemos a topar con la “imaginación” como fundamento motor del “pensamiento mágico” y, una vez sistematizado, de la Filosofía Oculta.

Todo esto tiende, finalmente, a expresarse en un lenguaje, que aquí denominaré simbólico-pragmático-crítico. Pero antes habrá que detallar varias cosas.

Existe un “lenguaje mágico”, que es producto del pensamiento mágico por sí solo. Este lenguaje se encuentra afectado localmente, esto es, retoma las cosmogonías y mitos religiosos de la época y el lugar al que pertenece y, con base en ellos, desarrolla todo un bagaje cultural, expresado principalmente en un lenguaje “fantástico”. De aquí se desprende el que, en nuestra cultura (cristiana) la magia sea producto de demonios (demonología), ángeles (angelología), espíritus, fantasmas, etc., y más localmente, duendes, nahuales, chacales, diableros, espectros, genios, entre muchos otros4. Estos son, de algún modo, conceptos que tratan de sintetizar cierto conocimiento intuitivo del hombre y que, posteriormente, se cimientan como nombres o sustantivos relativos a algún fenómeno análogo a la intuición primera.

A su vez existe el que denomino “lenguaje simbólico-pragmático”. Este retomará el lenguaje mágico, integrándolo con el pensamiento pragmático, con el crítico y con el hermenéutico (simbólico-crítico-pragmático-hermenéutico) y, dependiendo del autor, con otras corrientes. Muy similar esto a la pretensión de José Antonio Dacal Alonso, para quien:

Todo método presenta rasgos de mayor o menor efectividad y validación para alcanzar la verdad. El error o petición de principio estriba en que cada método no permanece como un medio para alcanzar la verdad, sino que se presenta como la “verdad”, quizá estos sea inevitable, pero no justificatorio. Sin embargo, si pudiéramos contenerlo en sus propios límites sin pretensiones hegemónicas, reduccionistas, falacias (pretender explicar aspectos del sujeto y del objeto que exceden las capacidades del método), sin incurrir en metábasis (pasar del orden ideal al real o viceversa), cada método resultaría más conveniente y adecuado para nuestro propósito y sobre todo que fuera precisado cada vez que se utiliza, reconociendo que por razones pedagógicas y expositivas se sigue, sin desconocer los otros aspectos del sujeto y del objeto que pueden ser analizados mejor con algunos de los métodos excluidos de momento o en el planteamiento, análisis y solución de un problema especial (José Antonio Dacal Alonso, 1991, 49).

Este es el lenguaje propio de la Filosofía Oculta, o al menos, todo lo que pretenda ser Filosofía Oculta ha de pasar por este filtro.

Para mostrar esto pongamos como ejemplo un libro. ¿Cómo describiría la ciencia de hoy una cosa “tan simple” como un libro y cómo lo haría un alquimista, un mago? Tal vez los primeros hablarían de un peso, una longitud, en términos generales, de propiedades físicas, mientras que los segundos dirían, del mismo objeto, que es un puente mágico, una piedra de fantasía, donde los ángeles y demonios se enfrentan en batallas milenarias por el destino de la humanidad. ¿Qué versión es mejor? Quizá ninguna, ambas aportan una forma de realidad al mundo, la primera es una realidad empírica que puede utilizarse y reproducirse fácticamente, la segunda una especie de realidad mítico-poética, que bajo la belleza de la intuición y la analogía, trata de mostrar cualidades metafísicas, estéticas, teodiceicas y morales (conforme al ejemplo dado). Una de las tareas de la Filosofía Oculta es, precisamente, sacar a relucir estos aspectos y hacer crítica de ellos. Resumamos apoyados en Fabre d’Olivet:

Es necesario acordarse de que la historia alegórica de los tiempos pasados, escrita con un espíritu muy distante del de la historia positiva que le sucedió, no se le asemeja de ningún modo, y precisamente por haberlas confundido es por lo que hubo de incurrirse en graves errores […] La historia confiada al recuerdo de los hombres, o conservada en los archivos sacerdotales de los templos y contenida en fragmentos de poesía, no consideraba los sucesos más que desde el punto de vista moral, no se ocupaba nunca de los individuos y hace actuar a las masas, es decir, a los pueblos […] las artes y las ciencias, como si fueran otras tantas personalidades que designa con un nombre genérico […] La historia positiva, que ha llegado a ser la nuestra, sigue una dirección enteramente contraria. Los individuos son el todo para ella: conserva con escrupulosa exactitud las fechas y los hechos que la otra historia olvida (Papus, 2002, 22-23).

Al final, tal vez, el mago nos diría, hablando del libro: “lo visible es la manifestación de lo invisible”. La Filosofía Oculta “traducirá” (hermenéutica): “lo que vemos; los caracteres, el papel, la tinta, es decir, los signos materiales […] no son más que la representación de algo superior, de algo que no podemos ver físicamente, y lo que no vemos; las ideas del que escribe” (Ibíd., 23).

Conclusiones

Hemos hecho un recorrido breve, pero cuantioso, de lo que se conoce por el nombre de “Filosofía Oculta”. Primero asistimos a sus orígenes históricos, revisando su evolución conceptual y sus modos de actuar, desde algunas de las primeras filosofías hasta su primera elucubración formal con Cornelio Agrippa. En este recorrido fuimos testigos de cómo el cristianismo fue elemento clave en la conformación de un “pensamiento oculto” dada la persecución propugnada por la Iglesia contra todos aquellos que pensarán de forma diferente a ella. Así, la Filosofía Medieval se constituye como el primer sustrato real de la Filosofía Oculta. Posteriormente nos detuvimos en el concepto de Tradición y lo que ésta puede representar como “tradición filosófica” que busca, como tantas otras, la verdad; sólo que desde el particular punto de vista de los Antiguos Misterios, o sea, la recuperación de distintas tradiciones de pensamiento (egipcia, fenicia, pelágica, órfica, etc.). Por último, se revisaron algunos de los principales postulados metafísicos, epistemológicos y éticos que se le atribuyen; retomando como punto clave el concepto de “imaginación” y la evolución de ésta en una forma de pensamiento, que a su vez compone unos métodos específicos y un lenguaje, para, finalmente, sistematizarse críticamente y hermenéuticamente en lo que decimos es la Filosofía Oculta.

Después de esto, podemos afirmar, con fundamento, algo de lo que la Filosofía Oculta pueda ser, reuniendo esto en los siguientes puntos:

  • La Filosofía Oculta es la síntesis sistematizada de un conjunto de saberes procedentes de los ritos mítico-religiosos de las antiguas civilizaciones.

  • La Filosofía Oculta se hace tal a partir del cristianismo medieval, aunque ya desde antes podemos encontrar signos de ella.

  • La Filosofía Oculta se debe entender tanto como disciplina como método de la Filosofía.

  • La Filosofía Oculta admite la posibilidad del “pensamiento mágico”, a diferencia del “pensamiento pragmático-racionalista” (y sus filosofías), que lo desvaloriza y desprecia, al punto de negarle la virtud de ser un verdadero pensamiento.

  • La Filosofía Oculta posee, en principio, fundamentos metafísicos, epistemológicos, éticos.

  • La Filosofía Oculta, entre otras cosas, hace hermenéutica de este pensamiento mágico.

  • La Filosofía Oculta es la Crítica, sobre todo, del “pensamiento mágico”, inherente a todo hombre.

  • La Filosofía Oculta tiene aplicaciones concretas en la realidad (ethos).

Esto es lo que se afirma, es la Filosofía Oculta, pero soy consciente de que aún hay mucho por decir…

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1 En la actualidad encontramos un renacimiento del pensar sobre la magia en los sistema filosóficos y en el pensamiento occidental en general (antropología, sociología etc.), esfuerzo que tiene que seguir vigente y ser reforzado, ése, precisamente, es uno de los objetivos de este trabajo.

2 En cuanto a qué pueda ser lo racional, me remito a la idea schopenhaueriana: “Todas nuestras representaciones se diferencian principalmente por ser intuitivas o abstractas. Las últimas están constituidas por una sóla clase de representaciones, los conceptos […] que desde siempre se ha denominado razón” (Arthur Schopenhauer, 2004, §3).

3 Tal como Castaneda encuentra en las enseñanzas mágico-chamánicas de don Juan. (Carlos Castaneda, 2000)

4 Esta explicación es muy similar a la que da Schopenhauer (Arthur Schopenhauer, 2003, 171).

Escrito por Slaymen Bonilla

Licenciado en Filosofía (ULSA) y en Ciencias Políticas y Administración Pública (UNAM), Maestro en Filosofía (CIDHEM) y Doctorante en Filosofía (COLMOR). En 2011 entra al Diplomado en Creación Literaria del “Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia” (INBA), en el que tiene la oportunidad de tomar clases con profesores de la talla de: David Olguín, Pablo Mandoki, Mónica Brozon o Jaime Augusto Shelley. Ha ganado cuatro certámenes de poesía: Grau Miró (España), Calaveras Literarias (México, FCE), CECIL (México, UAM-I) y Alejandría (México). Su Ópera Prima, El Cantar de Quetzalcóatl, Ehécatl, fue publicada, en su primera entrega, en 2014 por el Sello Editorial “Ediciones y Punto”. Ya para agosto publica Poemología (Textosterona), Rimisurdos –al lado de su gran amigo y hermano, el pianista Jorge Hernández Medrano– (Ediciones y Punto) y un ensayo sobre la Filosofía Náhuatl (Filosofar en tiempos de crisis, DelaSalle Ediciones). En 2015 da a luz su primer libro de aforismos filosóficos, Distófrasis, al lado del Colectivo de Los Filósofos Malditos, del cual es cofundador. Tras el éxito obtenido con el Cantar de Quetzalcóatl, prepara la edición completa del primer tomo. Además, es autor de más de treinta publicaciones (poesía, cuento, ensayo, etc.), tanto en revistas digitales como impresas, nacionales e internacionales.