I

Tarda en caer la tormenta.

¿Por qué me amenaza si apenas

he acostado mi silencio en el pasto?

Tarda en caer pero mira

negra y filosa

borrarse las sombras tiernas del campo.

La tarde me parte en dos.

Tarda en caer la tormenta o la tarde

tardo en nombrar estas cosas porque

no sé llover.

II

No voy a tocarle las manos a esta lluvia.

III

La nube se ha detenido

y nadie se entera.

Ha cavado en el cielo un pozo.

Ha rumiado una brisa apenas entendible.

La tarde brilla en la espalda de los álamos

y el silencio me toca la cara

cierto día de sol.

IV

La hierba apenas movida

por un soplo de grillo.

Ha saltado una tucura desprendida del verde.

 

Arriba el sol perfora las nubes

con su fosforescencia .

Abajo la tucura muerde

lo que va a crecer.

V

¿Quién abre la redonda boca de un día de otoño

mientras la luna aún

es un dije colgado

en el cuello negro de esta calle?

VI

Soplo con la furia que me queda.

Empujo el aire con el cuerpo.

No me alcanza este otoño para besarte la cara.

VII

Es invierno y no hay sol todavía.

El barrendero pasa

y una cola de ladridos lo sigue

hasta donde no se ve si es hoy que amanece.

VIII

Ojos de escarcha lleva ese pájaro.

Se agarra del aire de la madrugada

con el pico jadeante.

Entre sus plumas lleva prendido el olor del patio

y  aún no entiende por qué este viento le agujerea el vuelo

con paciente terquedad.

 

Cuando vuelva, quizás, a mi patio

traerá huevos,

y con ellos los cantos hambrientos

que abren

los ojos de los gatos.

Escrito por Carla Olivera

Nacida en Gualeguaychú, Entre Ríos, Argentina, en 1985. Es docente de Lengua y Literatura, poeta, narradora y bailarina. Ha ganado premios nacionales e internacionales en el género poesía, y dictado talleres literarios para jóvenes y adultos en su ciudad. Publicó "Partición de voces" (2005) e "Intemperie" (2014).