Al morir Shangai:  el cuerpo como un personaje

 

Al morir Shangai es la plaquette más reciente de la editorial Herring Publishers. Consta de 5 cuentos de la escritora Elise Carr, quien radica en Querétaro y actualmente se encuentra estudiando una maestría en Estudios de Género.

En todos los cuentos se desarrollan universos femeninos distintos. Tienen edades diferentes, varían en la clase social, en las ocupaciones, en el color de piel, pero todas comparten una característica: El personaje femenino se desdobla y se traiciona a sí mismo. El ejemplo más claro es quizá el cuento “Ella tiene vida”, en la que la pierna de la protagonista decide volverse su enemiga.

“No hay peor ser humano que un pierna enferma” dice el personaje que narra su desesperación. Pienso en la Teoría de la mujer enferma. En cómo se encarnan en el cuerpo las problemáticas políticas, en cómo el cuerpo se configura como un discurso que es real y duele. Pero la mujer enferma sabe que está enferma y sabe qué la tiene enferma. Las mujeres en esta plaquette no saben, o no quieren saber, o tienen una especie de techo de cristal que las hace sentir libres.

Me parece relevante hoy hablar en especial de uno de los cuentos, justo el que le da el nombre a la plaquette: “Al morir Shangai.  El enemigo en este texto es un hombre que no tiene rostro, es la amenaza cotidiana que viven todas las mujeres que salen solas a la calle, personificada por una voz que dice “Voy a violarte”. Es la parodia macabra de Pedro y el lobo, la mujer lo dice tanto que nadie le cree porque:

Aparece, como siempre, cuando no estoy lista, cuando no hay nadie, cuando estoy sola y vulnerable.

Todos ríen de ella y de la situación, nadie le cree realmente, porque es muy fácil colocar a cualquier mujer en el lugar de loca. Ella misma se coloca en ese lugar:

Yo también río, nos reímos todos, algo se deshace dentro de mí

Cuando la amenaza se cumple ella no se cree a sí misma, aunque en el fondo sepa que tiene razón:

“No me violaron” me digo, lo repito para mí misma y me lleno de tristeza.

Ante una violación solamente el cuerpo del personaje femenino se revela. Ella se dice a sí misma que  fue consensuado porque nunca dijo que no. El cuerpo en cambio, habla mucho más que la voz. El cuerpo tiene sensaciones reales, ella únicamente alcanza a hacer un análisis de las situaciones que terminan por dejar el abuso como una situación gris en la que el abusador puede quedar libre, pero por momentos, es menos doloroso. Esta situación sin embargo es real y se repite todos los días. El personaje solo puede exorcizarla hasta que voluntariamente se dirige hacia una representación del atacante. Cuando es su decisión se siente mucho más dueña de nombrar la violación como tal. Esto, no es ilógico. Pienso en Teoría King Kong y en la rebeldía de no permanecer encerrada para permanecer segura, si me van a violar, dice Despentes, por lo menos que me paguen. Ella, detrás de la certeza de vivir en una sociedad patriarcal, represora y violenta, desarrolla una estrategia, no solo para sobrevivir, sino para divertirse, ganar dinero y ser dueña de sí misma.

A las mujeres no nos enseñan a ser dueñas de nuestro cuerpo ni de nuestra voluntad. En cambio, se nos exige que lo seamos ante una sociedad que no nos considera personas, mucho menos ciudadanos.

Un personaje de Elisa enuncia:

El hombre me mira como si fuera yo una muñeca de esas que se inflan y no una persona

El conflicto radica en la falta de certeza en el criterio propio. Los cuentos revelan a personajes que se dejan controlar, personajes que sufren y encuentran parches que les permiten sobrevivir.

Algo que me gustó mucho, especialmente del cuento: “Ansias” es la representación de la dinámica de abuso.

El abuso se manifiesta claramente, con el cinismo propio de una sociedad que solapa el estupro. Por eso me parece relevante que la voz narradora haga la comparación con La Maga, el referente romántico de las relaciones de artistas pobres, en las que cualquier cosa se justifica para que el hombre artista siga siendo artístico.  Es importante que se busque desmitificar este tipo de personajes literarios, que de forma análoga a las princesas o las sirvientas que se casan con el rico de las telenovelas, establecen un parámetro de lo que es al amor, de lo que se espera de un artista, de que se pueden soportar todas las chingaderas con tal de tener una relación tan caótica como la de Rayuela.

En los personajes de esta plaquette, se manifiesta una conciencia no enunciada y a veces, no percibida por la voz narrativa.  Las protagonistas entienden y no su situación de abuso, por ejemplo, la niña que vive con un pintor mucho mayor que ella, trata de hacerlo completamente consciente, pero no lo logra:

“Le dolía acordarse, pero a veces le parecía necesario hacerlo, era un costumbre para sobrevivir entre tanta desgracia.”

La historia se cuenta desde el punto de vista de ella, pero explica las reacciones de él, porque ella lo observa cuidadosamente, sabe que él nota sus zapatos, sus gestos, sus dibujos de Heidi. Él en cambio no la observa a ella, ha terminado por abandonarla, claro, sin dejarla en libertad, él es feliz con ella aterrorizada, atrapada dentro de su casa, nunca le interesará conocerla de verdad porque para él no es una persona, es un masturbador.

El personaje femenino sabe que todo está mal, pero no se decide a irse porque es una niña y no ve más allá del pequeño universo que la rodea. Su escape es el microuniverso de la casa de muñecas que también la aprisiona y le recuerda todos los días que su vida no es un juego y que ella ya no puede jugar con muñecas, la casa de muñecas que compró a escondidas, es el único secreto que le permite seguir siendo una individua, la que la deja tener un pasado, y tal vez una esperanza.

El final feliz sin embargo, es un final que refleja a la sociedad que culpa a la víctima Los papás perdonan a la hija como si no tuviera que ser al revés. Todo el mundo exige madurez de la niñas. Los hombres en cambio, pueden ser niños toda la vida.

Los dos últimos cuentos que muestran mujeres mucho más seguras de sí mismas, mucho más conscientes: “Historia en un acto Palabras del masturbador anónimo” y “Bombay”. Pero estos casos, las mujeres viven atrapadas en la necesidad de un hombre.

Esta necesidad no se concreta en nada, pero se condensa como tristeza en el cuerpo de la mujer. Le ofusca todo lo que está a su alrededor. Pedrita tiene más orgasmos que la mayoría de las mujeres y aún así sigue anhelando un pene. Aunque estadísticamente, es más probable que pase un camello por el ojo de una aguja que una verga provoque un orgasmo,

La solución de encontrar a un hombre se muestra como el único camino a la felicidad. Una de ellas lo encuentra.

Creo que estos cuentos son relevantes porque en ellos se presenta el cuerpo como un personaje que es mucho más expresivo que la voz, el cuerpo manifiesta placer, sufrimiento, cansancio, energía y dolor. Y esto le da una dimensión distinta a los textos, los cuentos no narran solamente la historia que sucede, en estos cuentos las sensaciones corporales cuentan la historia secreta, todo eso que las personajes saben, pero no nos dicen, ni se lo dicen a sí mismas.

Escrito por Anaclara Muro

Anaclara Muro Chávez (Zamora, Michoacán 1989). Estudió letras hispánicas en la UNAM. Publicó No ser la Power Ranger Rosa (2017) en la editorial Montea y Princesas para armar (2017) en Editorial el Humo. Forma parte de Horizontal Taller de Escrituras y Lucha de Escritores Anónimos. Impulsa el Slam Poético Queretano. Es editora de El Periódico de las Señoras.